Los candidatos de ERC por Barcelona Elisenda Alamany y Ernest Maragall, en el centro y flanqueados por los candidatos a las europeas Diana Riba y Jordi Solé, presentando los carteles de campaña, este martes en Montjuïc. EFE/ Alejandro García

El extraño caso del alcaldable de ERC captado por Puigdemont

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Esquerra da marcha atrás y asume que Pep Andreu, alcalde de Montblanc, vuelva a ser candidato pese a haberse integrado en la dirección de la Crida

Iván Vila

Economía Digital

Los candidatos de ERC por Barcelona Elisenda Alamany y Ernest Maragall, en el centro y flanqueados por los candidatos a las europeas Diana Riba y Jordi Solé, presentando los carteles de campaña, este martes en Montjuïc. EFE/ Alejandro García

Barcelona, 08 de mayo de 2019 (04:55 CET)

Cuando, a finales de enero, la Crida Nacional per la República, el nuevo artefacto político liderado por Carles Puigdemont, completó su proceso fundacional, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) lanzó un aviso a Pep Andreu, alcalde de Montblanc y un histórico del partido de Oriol Junqueras, que se había integrado en la cúpula de la formación puigdemontista: antes de las municipales, tendría que escoger: o repetir como candidato de Esquerra o seguir en la dirección de la Crida, pero las dos cosas no eran compatibles. Tres meses y medio después, Andreu vuelve a ser el alcaldable de su partido en su pueblo. Y sí, sigue en la Crida.

El plan de Esquerra, explicitado en su momento por su portavoz, Marta Vilalta, era reconducir la situación por las buenas con Andreu, un ferviente defensor de esa unidad de partidos indepedentistas por la que aboga Junts per Catalunya (JpC) y de la que ERC no quiere saber nada tras su experiencia en la coalición Junts pel Sí.

Desde entonces, el partido ha gestionado la crisis en voz baja y hacer ninguna otra declaración pública sobre el asunto. Pero, llegado el momento, el alcalde de Montblanc, cargo que Andreu ostenta desde 2007, no ha dado su brazo a torcer, así que en Esquerra han tenido que colocar en la balanza pros y contras de mantener al hombre que les ha conseguido dos mayorías absolutas seguidas en la capital de la comarca de la Conca de Barberà o de prescindir de él, y ha ganado la primera opción.

Varios motivos han pesado a la hora de aceptar esa capitulación. El primero, el propio Andreu, un tipo carismático, querido en el partido y nada sospechoso de pretender ejercer de submarino puigdemontista, sino más bien guiado por una genuina —y tal vez ingenua, advierten algunos correligionarios— voluntad de suma soberanista. La misma que en diciembre ya le llevó a sumarse a la huelga de hambre que llevaron a cabo en la cárcel de Lledoners el expresidente de la ANC Jordi Sànchez y los exconsellers Josep Rull, Jordi Turull y Joaquim Forn —todos ellos de JpC—, una iniciativa de la que ERC también se desmarcó.

El caso es que Andreu no solo es un valor seguro de cara al 26-M, cuando Esquerra vuelve a concurrir en la capital de la Conca bajo la marca Agrupament Catalanista de Montblanc (ACM), sino que el próximo será su último mandato, según él mismo anunció. Es más, su intención declarada es ejercer de alcalde solo dos años más, antes de ceder el testigo a su número dos, Francesc Benet. Teniendo en cuenta además que la asamblea local del partido avaló en enero su candidatura sin oposición, vetarlo supondría un incendio de dimensiones considerables.

La renuncia de la Crida a las elecciones, factor clave

Un incendio que en la dirección del partido consideran perfectamente evitable porque, desde su fundación, la Crida, tras las expectativas alimentadas por el propio Puigdemont y su entorno, se ha diluido y nunca ha conseguido el protagonismo al que inicialmente aspiraba. De hecho, la formación puigdemontista renunció a concurrir a ninguno de los comicios que se celebran esta primavera, aunque las listas de JpC, eso sí, incluyen a candidatos que son miembros de la Crida, empezando por el propio expresident, cabeza de lista a las europeas.

Esa renuncia a saltar a la primera línea proporciona además a ERC la coartada para no hacer casus belli con Andreu, pese a que sus estatutos prohíben la doble militancia. Tres meses y medio después de la advertencia, en el seno de la formación de Junqueras se sigue entendiendo que la Crida “es la articulación de un partido político”, en palabras de una fuente de la dirección, pero, finalmente, se ha optado por hacer una interpretación “amplia” y “generosa” de los estatutos, priorizando el hecho de que la Crida, ni que sea formalmente, no se presenta a las elecciones.

El de Andreu no es el primer sapo que Puigdemont hace tragarse a los de Junqueras en el actual ciclo electoral. El expresident ya incorporó como número dos de la lista de JpC a la Eurocámara a Toni Comín, que a día de hoy sigue siendo diputado de ERC en el Parlament, pero que desde que optó por huir a Bélgica con Puigdemont para eludir la acción de la justicia española marcó distancias con la dirección del partido y con la línea seguida por el resto de sus exconsellers procesados.

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