El golpe en la mesa de Martin Schulz

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El presidente del Parlamento Europeo reclama reformas profundas en la construcción de la UE ''pase lo que pase'' en el referéndum del Brexit, en línea con otros dirigentes como Antonio Tajani

El presidente búlgaro, Rosen Plevneliev, junto a Martin Schulz, esta semana en Estrasburgo

Barcelona, 12 de junio de 2016 (01:00 CET)

El pesimismo europeo se combate con acción, pese a todas las dificultades. El referéndum del Brexit, en el Reino Unido, supone un auténtico reto para las instituciones europeas. Al margen del resultado, uno de los responsables políticos más respetados en Europa, Martin Schulz, sostiene que la Unión Europea deberá "afrontar cambios en profundidad".

Schulz no se anda por las ramas. A la espera de que su partido, el SPD alemán, pueda reclamarse sus servicios, de cara a las próximas elecciones en Alemania, el presidente del Paramento Europeo tiene claras varias cuestiones. La primera es que el referéndum en el Reino Unido deberá marcar un antes y un después para el propio país. "Si deciden irse, se irán, eso debería quedar muy claro", afirmó ante un grupo de periodistas de medios españoles, entre ellos Economía Digital, esta semana en Estrasburgo.


El caso de los 200 euros para pasar el mes

La otra cuestión es que se deben "atender" reformas institucionales, al margen del resultado. "Hay una idea que olvidamos, y es que en el parlamento europeo se habla de millones de euros, de partidas para un sector u otro, y no se habla de los 200 euros que son fundamentales para muchos ciudadanos europeos, que son cruciales para poder pasar el mes, y esa distancia se debe superar. Debemos hablar de esos 200 euros, de cómo mejorar la situación concreta de los ciudadanos", afirma.

Pero eso está en manos de los gobiernos nacionales. Lo que apunta Schulz es un paso adelante para que la Unión Europea pueda seguir avanzando, y ello podría incluir una Europa a varias velocidades, con los países que, de verdad, quieran reforzar su unidad política y fiscal.

Los estados, a través del Consejo Europeo, siguen teniendo la última palabra para ese supuesto avance. Quien reclama, por ahora, esos cambios, son responsables del Parlamento Europeo, que, tras el Tratado de Lisboa, ganó más poder, como cámara colegislativa, y de control sobre la Comisión Europea. Su poder se ha comprobado ahora con el "acuerdo" de la Unión Europea con Turquía sobre los refugiados. No es un tratado que se pueda equiparar en términos de derecho internacional. Si fuera sí, la Comisión Europea tenía la obligación de someterlo al parlamento, y, como los eurodiputados lo rechazan, se ha quedado en una "declaración o 'deal'", en palabras de varios eurodiputados españoles, como el socialista Juan Fernando López Aguilar.


La competencia del parlamento sobre los visados

El propio Schulz constata que no llevará el acuerdo al parlamento, y ello supone un problema para la Comisión Europea, que se comprometió con Turquía, a cambio de parar a los refugiados sirios, para que no lleguen a las islas griegas, a facilitar los visados a los ciudadanos turcos que viajen a la UE. Pero esa competencia es estrictamente del parlamento europeo.

Es decir, no todo lo pueden hacer ya los jefes de Estado y de gobierno, sin contar con las instituciones europeas. "No voy a llevar el acuerdo al pleno para una votación que no saldrá adelante", afirmó Schulz.

En la misma línea se pronuncia el vicepresidente primero del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, del PPE.

Tajani habla con claridad y va más allá que Schulz. "Europa debe cambiar, al margen del Brexit, debe poder modificar las reglas del BCE, (Banco Central Europeo) para que sea un verdadero banco, que se asemeje a la Reserva Federal de Estados Unidos". Para Tajani el problema en Europa no se deriva de una supuesta dictadura de Alemania, de la imposición de un plan económico de la canciller Angela Merkel, sino de la falta de un interlocutor. "Merkel no se impone, lo que pasa es que no tiene nadie delante, y Hollande no me parece Mitterrand", asegura. 


El eje franco-alemán

La cuestión es que los retos son tan grandes, con el auge de partidos populistas en todos los países, no sólo en el Reino Unido con el UKIP, con el temor a la inmigración "económica", que los pasos adelante exigirán la determinación de políticos que el próximo año deberán afrontar duras elecciones domésticas. Es el caso de Francia y Alemania, de Hollande y de Merkel, que, pese a todo, deben seguir siendo el eje central europeo, según Jaume Duch, portavoz del parlamento europeo. Por ello, se antoja casi imposible un cambio en los tratados europeos, que exigen referendos en varios países de la UE.

En el caso del Brexit, el golpe puede ser letal. El Consejo Europeo deberá abordar la salida del Reino Unido. Y si los británicos deciden quedarse, se deberá negociar la articulación del acuerdo del pasado 19 de febrero, del propio Consejo Europeo, con cambios en materia financiera –no discriminar a la City de Londres, en relación a las decisiones que tome la eurozona--; de competitividad; de soberanía; o de inmigración. Una negociación que puede provocar la petición de otros países, como Polonia, Hungría, o Austria.


Un parlamento para la eurozona

En los dos casos, por tanto, la Unión Europea deberá reaccionar, con Brexit o sin él. Algunos políticos lo han advertido, al margen de los postulados que siempre ha defendido Martin Schulz. Es el caso de Nicolas Sarkozy, que, como aspirante para ser candidato a la presidencia de la república francesa, ha pedido reformar "profundamente el proyecto europeo", a partir de un núcleo duro de los que quieran avanzar más, con un parlamento propio para la eurozona, un gobierno de Schengen, y limitaciones en las prestaciones sociales a los inmigrantes.

En cualquier caso, para el 24 de junio, un día después del referéndum, comenzará otra Europa. ¿Cuál?
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