El PP arropa a Rajoy para que se enfrente con Bárcenas

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EXPLICACIONES DEL PRESIDENTE

Rajoy resta importancia a las acusaciones por el 'caso Bárcenas'

02 de febrero de 2013 (21:42 CET)

Tener la razón, en muchas ocasiones, no sirve de nada. Los dirigentes políticos son muy conscientes de ello. Saben que la razón se obtiene cuando se logra una mayoría, cuando se conecta con la sociedad y ésta responde y apoya al líder. El caso es que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, puede que tenga razón, y que, efectivamente, ni él personalmente, ni el PP manejara dinero negro. Y que todo sea producto de la maquinación del ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, a quien le han hallado una cuenta en Suiza con 22 millones de euros.

Al margen de otras circunstancias, de que, efectivamente, hubo una red, una trama que se ha dado a conocer con el caso Gürtel, y que se aprovechaba de los contratos con las administraciones públicas para amasar dinero y, de vez en cuando, otorgar regalos a dirigentes para poder mantener esas relaciones de privilegio con los contratistas públicos, Rajoy apuntó este sábado en su declaración en la sede del PP otros problemas: señaló veladamente que los medios de comunicación compiten entre sí, y que son capaces de llevar a un país al desfiladero, magnificando “infamias”.

Todos esos elementos son ciertos. Ha ocurrido en el pasado. El País y El Mundo llevan años rivalizando, y compitiendo por unos lectores que disminuyen. El Mundo hizo caer al último Gobierno de Felipe González, y el periodista Luis María Ansón admitió una conjura entre varios medios para ayudar en el intento, reconociendo que pusieron en vilo al Estado.

Todo en negro


Ahora España está en una peor situación. Es el foco de los mercados internacionales, y, en buena medida, de lo que le pase a España dependerá el futuro de la zona euro. Sin embargo, aunque Rajoy deslizó ese argumento, el de si España puede o no resistir ese acoso, el problema es saber si existió o no una forma de funcionar en la que los dirigentes de un partido convivían con las cúpulas empresariales y conseguían unos sobresueldos estraordinarios. Todo en negro.

Y el presidente del Gobierno aseguró que “todo es falso”. Su intervención, en la ejecutiva del PP, dejando claro que él no se había beneficiado, ni el partido, de ninguna trama de ese tipo, pese a los papeles de Bárcenas publicados por El País, donde surge su nombre con una asignación, llevó a muchos dirigentes del PP, --de forma significativa los presidentes autónomicos, los que tienen mayor poder--, a pedirle a Rajoy que se enfrente directamente con Bárcenas.

Querella contra Bárcenas


Tanto Esperanza Aguirre, un rival de calado, que siempre se enfrentó a Rajoy, como Alberto Nuñez Feijóo, reclamaron al presidente del Gobierno que presente una querella contra Bárcenas. También mantuvieron esa línea otros barones como Luisa Fernanda Rudi o José Antonio Monago. La tesis es simple, pero de enorme trascendencia. Si todo es falso, el único culpable sería un señor, que, utilizando su condición de tesorero durante muchos años, se enriqueció y ahora trata de salpicar a todo el partido. Pero ni Rajoy, ni María Dolores de Cospedal, la todopoderosa secretaria general del PP, aceptaron el envite.

Sin embargo, las palabras de Rajoy sólo le llevan a un enfrentamiento directo con Bárcenas. Cualquier otra posibilidad no encontraría la complicidad de la opinión pública, perpleja ante lo que está sucediendo, sea o no, en el fondo, el producto de una batalla entre medios de comunicación.

Las explicaciones de Rajoy, insuficientes


La sociedad española no es mejor ni peor que sus dirigentes, pero asiste a una concatenación de casos de corrupción que sólo pueden conducir al desastre de España como país, con una pérdida enorme de confianza de sus instituciones. En Catalunya, el paisaje no es mejor, con el caso Palau, que conecta el desfalco de dinero público y privado con una supuesta financiación irregular de Convergència Democràtica. Y, aunque sujeto a un proceso judicial, nada se sabe todavía con certeza. Y se suma una crisis económica nunca vista, las palabras de Rajoy no parece que sean suficientes, según apuntaron este sábado los principales dirigentes de la oposición.

"La sombra de un indicio manipulado no puede servir para que cualquier español pierda la presunción de inocencia. En caso contrario, acabaremos viviendo en un país inhabitable. No lo deseo para nosotros, para nuestros hijos ni para nadie”, aseguró Rajoy. ¿Pero cómo sale de ésta?

Declaración de la renta

El presidente del Gobierno publicará la próxima semana en la página web del partido su declaración de la renta y de patrimonio. Otros dirigentes del PP harán lo propio. Pero si se cobró en negro, como le recordó Alfredo Pérez Rubalcaba, ese dinero no habrá quedado reflejado en sus cuentas.

Previamente, intervino la tesorera actual del PP, Carmen Navarro. Ya tenía listo un informe provisional sobre las cuentas del partido, desde 1995. "Se ha comprobado la saneada situación financiera del PP, y que las retribuciones que se abonan a sus cargos han sido objeto de retención fiscal y debidamente consignadas en la contabilidad, sin que pueda deducirse la existencia de ingresos o gastos realizados por el PP durante el período examinado (1995-2012) que no hayan sido debidamente asentados en sus asientos y registros contables", aseguró.

Pero para bien o para mal, con una sociedad muy expuesta a los medios, y organizada también en las redes sociales, una poderosa arma de movilización, la ciudadanía sigue sin saber quién tiene razón.

Los barones insisten. O un duelo entre Rajoy y Bárcenas, o el Gobierno español seguirá en una posición muy débil. Rajoy deberá asumir la presión. Y en pocos días se comprobará, tras su cita con la canciller Angela Merkel y con la presencia, esta vez sí, de periodistas.
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