¿Es Duran Lleida el gran problema de CiU?

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Mas busca cómo parar una rebelión de dirigentes de CDC contra el líder de Unió

22 de junio de 2013 (23:30 CET)

Horas previas al consejo nacional de Convergència Democràtica de la pasada semana. Dirigentes convergentes plantean la reunión. Visualizan, como recomiendan ahora los psicólogos, cómo se desarrollará la reunión. Y concluyen que no habrá críticas internas. Muy pocos en los partidos son capaces ya de alzar la voz y plantear objeciones a la dirección. Pero sí coinciden en una cuestión: habrá una crítica seguro a Duran Lleida, “eso seguro que se produce”.

Y sí, la hubo. El secretario general adjunto, Lluís Maria Corominas, consideró que, a veces, habría que decirle a Duran que se equivoca.

El comentario, avalado por el consejo nacional, y que forma parte del discurso oficial de la dirección de Convergència desde las elecciones del 25N ha desatado una tormenta, que, como ha pasado en tantas ocasiones en las últimas décadas, podría acabar en nada.

Duran Lleida ha aprovechado la jugada para situar sobre la mesa el debate sobre su continuidad como secretario general de CiU. Será la dirección permanente de Unió la que analice la cuestión en su próxima reunión, después de que varios diputados y senadores de Unió apoyaran esa posibilidad en sus cuentas de twitter, y la considerara como un hecho posible el propio Duran en su carta semanal a los militantes democristianos.

¿Quién se ha movido?

La cuestión es que esta vez esas eternas disputas entre los dos socios de la federación nacionalista podrían provocar una ruptura, porque la situación es distinta: es la propia sociedad catalana la que podría dividirse, y los partidos políticos sufrirán, por tanto, ese intenso debate.

Pero, ¿quién se ha movido? Un dirigente que formó parte del círculo de poder más estrecho de Jordi Pujol, recuerda que Duran “siempre ha hecho lo mismo, siempre ha actuado igual”. Un comentario de Duran, una frase en su carta semanal a los militantes de Unió, un gesto, una entrevista en los medios de comunicación –es un auténtico maestro del matiz—ha conseguido siempre irritar a los dirigentes más soberanistas de Convergència.

Y, ciertamente, Josep Antoni Duran Lleida, un hombre difícil con sus colaboradores, irritable, a veces caprichoso, complicado si no tiene todos los elementos sobre una cuestión concreta, sigue casi en el mismo sitio desde hace muchos años.

¿Se equivoca él, o la sociedad catalana? ¿Está anclado en el pasado, o es la actual dirección de Convergència la que camina muy despistada?

Entre ERC y la abstención

Artur Mas se ha visto obligado a actuar para pedir a los dirigentes de los dos partidos, especialmente a los de CDC, que cesen en sus ataques a Duran. Está en juego el futuro de CiU y su propio proyecto político.

Los sondeos, como el del CEO de esta semana, dejan claro que CiU va perdiendo electores, y que los pierde en beneficio de Esquerra, pero también engordan las filas de la abstención. Duran avisa, y asegura que CiU nunca debería haber perdido su valor añadido: ser la fuerza política interlocutora entre las amplias clases medias y altas catalanistas y el poder de los gobiernos centrales del Estado.

Independencia ya

Un diputado de Convergència, que forma parte de la generación del conseller Francesc Homs, y del secretario general de CDC, Josep Rull, insiste en un hecho incuestionable: “el catalán más joven que votó la Constitución tiene 57 años”. Esa generación es la que podría coincidir más fácilmente con Duran. Pero, incluso los ciudadanos de esas generaciones, según el razonamiento de este diputado, “están realmente hartos del trato de los Gobiernos españoles, y de las dificultades de la economía catalana”. La conclusión es que ya no hay más espacio para componendas, y que CiU, “o CDC”, debe apostar ya por la independencia.

Pero la imagen de Duran vuelve a aparecer. Y la disyuntiva que se plantea es saber qué defiende Duran: ¿el establishment, un determinado poder económico o social o el sentido común, que comparte esas clases medias que lo que desean, de verdad, es una mejora económica, y no entrar en un proceso que sólo pueda acabar contra un muro?

¿Los independentistas de derechas?

No está nada claro. Las encuestas no muestran todo lo que está experimentando la sociedad catalana. Duran es un hombre de centro-derecha, que reivindica ese espacio, en eso nunca ha engañado a nadie. Y el problema es que en Catalunya se sigue identificando las posiciones catalanistas y/o soberanistas con el centro-izquierda. Algunas interpretaciones de expertos, sin embargo, comienzan a relacionar esas cuestiones de forma muy diferente.

La prueba, aseguran, son las generaciones más jóvenes. Cuanto más alto es el poder adquisitivo y la formación reglada de un joven mayor es su conexión con el independentismo. Y respecto a los profesionales liberales también.

El ‘factor’ Duran, por tanto, distorsiona el mensaje que quiere ofrecer de CiU la cúpula de Convergència. Pero podría ocurrir que, pese a haberse convertido Duran en un personaje irritante, conecte mejor con esas clases medias catalanistas o tibias, que siguen siendo mayoría en Catalunya –otra cosa es que voten o no en las elecciones autonómicas--.

Todo eso se podrá comprobar en breve. Tal vez el próximo año, si el President Artur Mas acaba haciendo lo posible para convocar la consulta soberanista.
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