¿Está Artur Mas ya amortizado?

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DERECHO A DECIDIR

Martínez Sistach, Mas y su esposa Helena Rakosnik./EFE/Susanna Sáez

23 de abril de 2013 (21:33 CET)

Los dirigentes políticos que planifican su retirada y la anuncian públicamente comienzan a perder, desde ese instante, su aura de poder. Lo hacen con la idea de beneficiar a su propio proyecto político, como hizo José Maria Aznar, designando a Mariano Rajoy como sucesor, o toman esa decisión para generar una gran adhesión a un proyecto superior. Ese es el caso del President Artur Mas, que aseguró que renunciaría a seguir liderando el proyecto de CiU, en la campaña electoral del 25N, una vez estuviera encaminado el “proceso” soberanista. ¿Pero qué quería decir exactamente?

Mas, tras el batacazo electoral del 25N, ha comenzado a reaccionar en las últimas semanas. Está más activo, y trata de liderar, de nuevo, ese proceso que debe conducir a la convocatoria de una consulta independentista en 2014.

Y los principales dirigentes de Convergència Democràtica, Josep Rull y Lluís Corominas, que quieren marcar el camino, tras suceder a Oriol Pujol en la secretaría general de CDC, tiran del President para que no haya ninguna duda. Mas, aseguran, será, de nuevo candidato de CiU en las próximas elecciones autonómicas –cuando toquen-- y deberá liderar las negociaciones posteriores tras los resultados de la consulta.

Compromiso con el Estado propio

El secretario de organización de CDC, Josep Rull, --secretario general también de CDC junto a Corominas-- se adelantó este martes en ese sentido, al asegurar que Mas debe abanderar el proceso soberanista “hasta la consecución del Estado propio”. Por tanto, no únicamente hasta que se produzca ese posible referéndum, sino durante la etapa posterior “en la que habrá que negociar con el Estado español y con las instancias europeas”.

¿Una afirmación que denota un deseo? ¿Una proclama -Rull, curiosamente no deja de hacerlas si tiene un micrófono cerca-- que esconde, de hecho, el temor a que ese proceso se desmorone en breve?

La cuestión es que si no hubiera dudas de lo que tiene entre manos el Gobierno de la Generalitat, nadie, en la dirección de Convergència, se vería en la necesidad de proclamar que Mas será, de nuevo, candidato, cuando la legislatura no ha hecho más que comenzar y las próximas elecciones se deberían convocar en noviembre de 2016.

El 'apoyo' de Duran

Pero, junto a Rull, se pronunció también este martes Josep Antoni Duran Lleida, defendiendo la misma tesis, aunque siempre con matices. Para Duran, no hay otro candidato de CiU que no sea Artur Mas. Otra cosa es como se llegará a las próximas elecciones, o cuándo se deberá convocar la consulta, si es que se decide realizarla. “No es el momento, en todo caso, de pensar en candidatos”, afirmó Duran.

En la Diada de Sant Jordi, en un día que para muchos catalanes es, realmente, el que marca el hecho diferencial de Catalunya, y que llena de orgullo a sus ciudadanos, el President Mas quiso pronunciar un discurso institucional. Mas reclamó que se mantenga la mayoría social y política a favor del derecho a decidir, y pidió la unidad de todos los catalanes para poder ejercer ese derecho.

Dudas internas

Pero, como aseguran dirigentes de Convergència, todo ello denota, que existen dudas, que hay movimientos internos que buscan alguna salida política a la actual situación. Y el debate no ha hecho más que comenzar sobre cómo podrá Mas liderar o no un posible cambio de rumbo, con el objeto de centrarse en la lenta salida de la crisis económica.

¿Puede Artur Mas seguir la línea trazada, marcada por Esquerra Republicana? ¿Puede ser él quien reoriente la política catalana, buscando otros apoyos políticos y dejando la consulta para el final de la legislatura? ¿Está amortizado Mas, o puede reinventarse? Esas preguntas se las hacen en el seno de CiU, pero también entre los dirigentes del PSC, que están atentos a posibles movimientos.

Cambio lento y en bloque

Convergència Democràtica, no obstante, es un partido muy disciplinado. Su funcionamiento interno no casa con su ideología política, entre liberal y social-cristiana, con gotas socialdemócratas. Se parece más a un partido de izquierda clásica, por lo que nadie se mueve antes de hora. El barco puede virar, poco a poco, y siempre de forma conjunta.

Las próximas semanas podrían ser decisivas, a la espera de la negociación de los presupuestos de 2013 con Esquerra Republicana. Si los republicanos no apoyan las cuentas, Mas deberá reaccionar con mayor cintura que la exhibida hasta ahora.
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