La crisis política estalla y provoca la fractura de España y Catalunya

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CORRUPCIÓN

El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, en rueda de prensa. EFE

03 de febrero de 2013 (20:10 CET)

Hay lecciones que no se aprenden. Será una cuestión humana. En el terreno económico, los que se declaran partidarios del keynesianismo olvidan en muchas ocasiones que Keynes era, primero un liberal, y que, efectivamente, apostaba por la intervención del Estado, como motor para activar la demanda. Pero Keynes defendía que era en situaciones de bonanza cuando el Estado debía ser austero, para ahorrar recursos que fueran necesarios en los momentos de la recesión.
 
Si trasladamos esa tesis al terreno político, es en los ciclos de estabilidad cuando hay que afrontar las reformas políticas e institucionales. Pero en España y en Catalunya, la crisis en todos los ámbitos se puede llevar todo por delante. Porque, precisamente, en los últimos años se ha hecho todo lo contrario a lo que señalaba Keynes.

Sostienen dos autores norteamericanos, Daron Acemoglu y James A.Robinson, en su libro Por qué fracasan los países (Deusto, 2012), que lo que realmente permite a un país salir adelante no son sus habilidades en el terreno económico, sino que éstas son consecuencia del buen comportamiento de las instituciones políticas. Es decir, es más importante la política que la economía. Y sin instituciones políticas “inclusivas” el futuro se presenta negro.

Los pagos de Bárcenas como síntoma

Y, en una situación de grave crisis económica, España se enfrenta ahora a una crisis institucional de enorme calado. El jefe de la oposición, el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, pidió este domingo la dimisión del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, incapaz de ofrecer una explicación convincente a la opinión pública que aleje de forma definitiva el fantasma de la corrupción en el seno del Partido Popular. Si un ex tesorero de un partido, como Luis Bárcenas, que lo fue del PP durante años, anota pagos en negro a un presidente del Gobierno, y éste no puede –todavía—constatar que no es cierto, todo el sistema político de un país entra en barrena.

La crisis se acrecienta, porque no hay una alternativa. El propio Rubalcaba evitó concretar la actuación de su partido. Podría buscar una moción de censura, pero el PSOE no está en situación de presentar un candidato alternativo, que, como obliga la Constitución, siguiendo la Constitución alemana, forma parte de lo que se ha dado a conocer como una moción de censura constructiva. Si el Congreso no puede votar a un candidato socialista, y el PP no desea sustitutir a Rajoy, sólo queda la salida de unas elecciones anticipadas.

Uno de los dirigentes mejor valorados en el PP, el presidente autonómico de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, aseguraba este domingo en una entrevista en El Mundo que Rajoy “ha empeñado su palabra”, y que eso es de una gran importancia. Pero esa situación sólo le deja un camino: enfrentarse directamente contra Bárcenas, y presentar una querella. Según Rubalcaba, Rajoy “no puede, ni tan sólo presentar esa querella”.

Pedir sacrificios, sin asumir la situación personal


El líder del PSOE repitió en su comparecencia en más de 15 ocasiones ese latiguillo: “Rajoy no puede”. El argumento es comprensible. España se encuentra, y la paradoja es perversa, en construcción. El sistema financiero ha cogido algo de aire, a costa de reducir de forma brutal sus beneficios para realizar provisiones por los activos inmobiliarios que, tal vez, nunca venderá. Las reformas en el mercado laboral, en materia fiscal, en la administración pública, en las relaciones entre el Gobierno central y las autonomías, o en materia de pensiones son de una gran profundidad y exigen tiempo. Y Rajoy, a juicio de Rubalcaba, pero también a juicio de buena parte de la opinión pública, no puede seguir reclamando sacrificios al conjunto de la sociedad sin solventar su propia situación.

Las instituciones también quiebran, como la monarquía, que había desarrollado un papel determinante en la transición. Ahora se encuentra herida de muerte debido también a la corrupción, el caso Urdangarín, que podría implicar a la propia Infanta Cristina. Y el Banco de España, aunque hace ahora todos los esfuerzos, ha quedado también muy tocado, tras presentar errores de bulto en su obligada labor de control  durante los años del boom inmobiliario.

Rubalcaba ha querido ratificar su decisión tras conversar con los ex presidentes socialistas, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, y con todas las federaciones  del PSOE. La decisión del jefe de la oposición es dura, porque pedir la dimisión de Rajoy le obliga a un distanciamiento que será, también, difícil de entender en un momento donde se exigen grandes consensos.

Y en gran medida como consecuencia de esa parálisis del estado, de la sensación, basada en los hechos de que las instituciones no están realizando su labor, se ha intensificado otro de los grandes problemas de España: el choque territorial.

La independencia de Catalunya


El president Artur Mas se apoyó en la manifestación de la Diada para adelantar las elecciones del pasado 25N, basándose en un incremento notable del independentismo. Pero su decisión, de sumarse a la ola soberanista, se explicaba por el ahogo financiero de la Generalitat, por la propia incapacidad del Gobierno español de ofrecer una salida financiera a las autonomías a través de hispabonos que pudiera colocar en los mercados con el sello del Reino de España.

Este domingo, el primer secretario del PSC, Pere Navarro, que se ha resistido a seguir la corriente soberanista que ha marcado CiU y ERC, a costa de un desaguisado interno en su partido, dejaba claro, sin embargo, que “España tiene un futuro muy delicado” si los dos grandes partidos no aceptan el derecho a decidir de Catalunya.

Navarro no quiere que esa cuestión monopolice la política catalana o española, al anteponer la crisis económica a cualquier otra demanda, --la corrupción es ahora ya el nuevo motivo de preocupación y Artur Mas es consciente de ello-- pero tampoco quiere ignorar el problema. La relación entre España y Catalunya está en juego, en buena medida debido a la propia crisis económica, pero las peticiones soberanistas se han incrementado, y Esquerra Republicana va subiendo en todos los sondeos.

Periodo constituyente

España, por tanto, debe hacer frente a todos los poblemas a la vez, dejando claro, como apuntaba este domingo el líder de ICV-EUiA, Joan Herrera, que se podría entrar ya en un periodo “constituyente”. Ni la monarquía, ni el Banco de España, ni el Gobierno, por situar tres pilares del Estado, están en situación de mantener el pulso, aunque el Banco de España trate de enderezar el rumbo de las entidades financieras.

Prueba de que el sistema político se desmorona son las encuestas realizadas en los últimos días. El PP perdería hasta 50 escaños, si hubiera elecciones generales anticipadas. Según un sondeo de Metroscopia para El País, la estimación de voto al PP se situaría en el 23,9%. Otro sondeo, del GESOP para El Periódico, deja el listón en el 30,2%. Y los grandes beneficiarios serían UPyD, el partido de Rosa Díez, e IU. Es decir, como ocurrió el 25N en Catalunya, la sociedad española busca ya, desesperadamente, fuezas políticas que se alejen de los grandes partidos que han monopolizado el poder.

La situación, si no hay una reacción del Gobierno contundente que conecte de nuevo con la ciudadanía, camina sin remisión hacia el modelo italiano. Y la comparación sirve para todo el conjunto de España, Catalunya incluida. Las empresas que exporten, los ciudadanos que se espabilen, saldrán adelante, al margen de lo que hagan sus instituciones y los actores políticos. Es un gran riesgo, porque, a la larga, como señalan Acemoglu y Robinson, sólo los países con instituciones sólidas e “inclusivas”, las que ofrecen incentivos y un sistema equitativo, con oportunidades a los ciudadanos, tienen futuro.
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