La CUP empuja a Mas a convocar nuevas elecciones

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DESAFÍO SECESIONISTA

Artur Mas, en el Congreso fundacional de Demòcrates de Catalunya, este último fin de semana / EFE

en Barcelona, 08 de noviembre de 2015 (22:55 CET)

Se acerca la hora de la verdad. Este lunes por la tarde se celebrará el primer pleno de investidura. Hay un candidato, Artur Mas. Pero no tiene mayoría suficiente para ser reelegido. No ha conseguido los 10 votos de la CUP, imprescindibles para que esa investidura llegue a buen puerto.

Junts pel sí, la formación de Mas, se ha entregado a la causa de la negociación. Ha cedido en todo ante la CUP. Mas aceptó presentar junto al partido de Antonio Baños una propuesta de resolución para declarar la república catalana, desconectar de España y desobedecer las leyes españolas y las sentencias del Tribunal Constitucional.

Programa de la CUP

El viernes, Junts pel sí aceptó también incluir un anexo a esa propuesta de resolución para incorporar una serie de medidas de carácter social como garantizar una vivienda digna a los ciudadanos, impedir la pobreza energética o desoír la ley mordaza. En síntesis, ese anexo recoge buena parte del programa electoral de la CUP.

Pero todas estas concesiones parecen no haber servido de nada. Lo único que demandan los de Junts pel sí a cambio es que la CUP permita la investidura de Mas. Y la CUP se niega una y otra vez. El sábado, el partido antisistema se reunió en asamblea en Perpiñán y consensuó dar calabazas a Mas de forma definitiva.

Baños pide que se pongan otros nombres sobre la mesa

Los de Antonio Baños sugieren que Junts pel sí ponga otro nombre sobre la mesa. Les da igual que sea Oriol Junqueras o Raül Romeva o Neus Munté, lo único que tienen claro es que no quieren a Mas. ¿Puede sacar Mas un as de debajo de la manga en el último momento? Puede, porque no es descartable que exista una negociación oculta. Se ha hablado por ejemplo de que la CUP dé el visto bueno a Mas siempre y cuando se convierta en un presidente florero sin funciones ejecutivas.

Pero esa opción, la de la carta escondida, se desvanece a medida que pasan las horas. Este lunes por la mañana se votará la propuesta de declaración de la república catalana con su anexo. Se aprobará con los 62 votos de Junts pel sí y los 10 de la CUP. Por la tarde, Mas hará su discurso de investidura ante el Parlament.

Dos votaciones

El martes, se procederá a la votación. Mas necesita mayoría absoluta y se da por hecho que no la obtendrá. El jueves, se repetirá la votación. Lo más probable es que siga sin haber acuerdo. Mas no va a ceder el testigo ni a Junqueras ni a Romeva. No son de su partido. Y toda esta operación sólo tiene dos objetivos: salvar a CDC y a su presidente, Artur Mas.

Munté podría tener alguna posibilidad, pero muy desdibujada. Mas sabe que él es el único que puede salvar al partido que fundó Jordi Pujol. En esta tesitura, su plan pasa por aguardar. Por esperar a ver qué pasa en las elecciones españolas del 20 de diciembre a las que CDC concurrirá con un nuevo nombre, Democracia y Libertad.

Junts pel sí desaparecerá

El presidente en funciones tiene tiempo hasta el 9 de enero. En esa fecha vence el plazo para salir del atolladero. Si los Reyes Magos no traen un acuerdo y un nuevo presidente, se repetirán las elecciones. Si eso ocurre, se da por hecho que ya no habrá coalición independentista. Junts pel sí desaparecerá del mapa político.

Mas concurrirá con sus nuevas siglas y se verá, de nuevo, obligado a lanzar el mensaje de que es la única persona que puede llevar a Cataluña a la independencia y que para ello necesitará una mayoría aplastante. Si no la consigue, estará, esta vez sí, acabado para la política.  

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