La recesión persiste, pero la zona euro receta más ajustes

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CUMBRE EN BRUSELAS

De izquierda a derecha: Olli Rehn, Mario Monti, Jean Claude Juncker y Mario Draghi

10 de marzo de 2013 (14:04 CET)

¿Es posible? Sí, lo es. La zona euro está en recesión, o con crecimientos tan mínimos que no podrán resolver el gran problema del desempleo en toda Europa, principalmente en los países del sur, como España. Pero, pese a esa realidad, los jefes de estado y de gobierno se proponen relanzar este jueves, cuando se reúne el Consejo de Estado, los planes de austeridad y de equilibrio financiero.
 
Los ciudadanos, en cambio, se manifiestan en las calles, como ha ocurrido este domingo en Barcelona, Madrid y las principales ciudades españolas. La jornada forma parte de las movilizaciones convocadas por la Confederación Europea de Sindicatos (CES) los días 13 y 14 de marzo en los países de la UE y que concluirán con la reunión del Consejo Europeo en Bruselas.

No hay tregua, principalmente porque Alemania sigue creyendo en esas recetas, pese a que su crecimiento se ha visto menguado. Tampoco hay una reacción ante los resultados en las elecciones italianas, que han mostrado un rechazo a esos planes, con la humillación que ha sufrido Mario Monti, el candidato de Bruselas y de la cancillera, Angela Merkel.

Unión bancaria

Los líderes europeos insistirán, en su reunión en Bruselas, en los ajustes presupuestarios y en la aplicación de las medidas que ya se aprobaron sobre el necesario refuerzo del gobierno comunitario y el avance hacia la unión bancaria. Habrá también una cumbre de los dirigentes de la eurozona, con la participación del presidente del BCE, Mario Draghi.

En el borrador de conclusiones de la cumbre se asegura, informa Europa Press, que se debe confiar en los ajustes, ante las dudas de los mercados: "Las persistentes incertidumbres en los mercados financieros junto con el estancamiento de la actividad económica previsto para 2013 y niveles inaceptablemente altos de paro ponen de relieve lo crucial que es continuar con estos esfuerzos de forma prioritaria y aplicar las decisiones adoptadas". 

Un plan, antes de abril

Una de las peticiones que se formulará, y que afectará a España de forma muy directa, es la “rápida presentación” de los planes de estabilidad y reforma para los próximos años. Deberán entregarse en Bruselas antes de abril, según las indicaciones de la Comisión Europea.

La política de la austeridad, por tanto, sigue vigente. Hasta el punto de que se considera posible combinar esos esfuerzos con el crecimiento, lo que choca, claramente, con la realidad. “El Consejo Europeo subraya en particular la necesidad de la consolidación fiscal diferenciada y compatible con el crecimiento", se afirma.

Pero los ajustes deben ir acompañados, señalan los líderes europeos, en lo que supone una cierta concesión, de "medidas selectivas a corto plazo para impulsar el crecimiento y el empleo, especialmente para los jóvenes". Con el añadido de que se debe dar prioridad a la inversión que impulse el crecimiento.

Empresas e impuestos

Otra de las indicaciones es que las empresas también deben aportar su grano de arena. "En el contexto de difícil consolidación fiscal, es importante garantizar que las empresas paguen su parte justa de impuestos", subraya el borrador, por lo que se pide que se refuercen los mecanismos de lucha contra el fraude fiscal.

El Consejo Europeo mantendrá su apuesta por la unión bancaria, pese a los recelos del gobierno alemán. Y los líderes europeos, por tanto, pedirán a la Comisión Europea que utilice cuanto antes sus nuevos poderes para controlar los presupuestos nacionales, de cara a 2014, una medida que implica avanzar en esa unión, como se acordó en la cumbre europea del mes de julio.

Así, el Consejo pide a la presidencia irlandesa y al Parlamento europeo que cierren un acuerdo “en las próximas semanas” sobre la norma que permitirá al Banco Central Europeo ejercer como supervisor de la unión bancaria de la eurozona.

Lo que se impone es que, no más tarde de junio de 2013, se alcance un acuerdo que permita la recapitalización directa de los bancos con problemas por parte del fondo de rescate (MEDE), algo esencial para España, pero que sigue teniendo la oposición de países como Holanda, Alemania, o Finlandia.
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