El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, este jueves, en Estrasburgo

Las calles, las instituciones y el PSOE acorralan a Pedro Sánchez

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El presidente del Gobierno apura su mandato tratando con cada vez más frentes abiertos: malestar social, debilidad en el Congreso y críticas en su partido

Barcelona, 08 de febrero de 2019 (04:55 CET)

Quienes han sufrido a Pedro Sánchez le reconocen dos habilidades: instinto de poder y de supervivencia. Son dos cualidades que el líder del PSOE va a tener que desarrollar como nunca porque el presidente del Gobierno atraviesa sus horas más bajas.

Sánchez ha experimentado esta semana un severo desgaste a cuenta del relator que propone para orquestar el diálogo con los soberanistas. La cesión a Quim Torra ha puesto de uñas a medio PSOE, con Felipe González a la cabeza, ha proporcionado artillería pesada a PP y a Ciudadanos —que preparan una gran manifestación este domingo, la cual podrá seguirse en streaming en Economía Digital— y, para colmo de males, ni siquiera ha bastado para que los independentistas permitan la tramitación de los presupuestos generales del estado en el Congreso.

En síntesis, la ocurrencia del relator sólo ha servido para que propios y extraños acorralen a Pedro Sánchez en pleno período preelectoral. Los barones territoriales del PSOE no están dispuesto a dar aire a la estrategia de cascos azules con el soberanismo porque suficiente tienen con conservar sus posiciones en las próximas municipales y autonómicas de mayo.

Y los partidos de la oposición han visto en la cesión del relator el argumento definitivo para acusar a Sánchez de vender España por un puñado de votos soberanistas en el Congreso. La acusación cobrará toda la contudencia en las calles de Madrid este domingo con el lema "Por una España unida. ¡Elecciones ya!"

El calendario diabólico de Sánchez

Sánchez tendrá que encajar el rugido de las calles y, muy poco después, una dura derrota en el Congreso. ERC y Pdecat sostienen su intención de tumbar los presupuestos generales del estado en la votación que tendrá lugar el próximo miércoles, día 13. Es decir, sólo un día después de que dé comienzo el juicio a los dirigentes independentistas en el Tribunal Supremo. Este calendario ha resultado diabólico para Sánchez, puesto que los soberanistas tienen claro que todas sus energías deben ser para el juicio y no para hacer política en el Congreso.

La derrota en el Congreso no saldrá gratis a Sánchez. Al contrario. De una fallida tramitación presupuestaria que plasmará su soledad en el Congreso sólo se puede esperar un clamor de la oposición para la convocatoria de elecciones. Y ahí es donde Sánchez deberá recurrir a sus presuntas habilidades, a su instinto de poder y de supervivencia.

Quienes hablan con Sánchez —cada vez menos— aseguran que el presidente del Gobierno va a mantener en marcha la legislatura y va a evitar que las elecciones generales coincidan con las municipales y autonómicas de mayo. Esos mismos aconsejan al presidente comunicar a la opinión pública que no se dan las condiciones para aprobar los presupuestos, pero sí para gobernar durante un tiempo más con las cuentas prorrogadas. 

Todo ello a la espera de un viento electoral que no sea cruzado y que permita a Sánchez aterrizar en las urnas sin que acudan los servicios de emergencia.

 

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