Mas reta a Rajoy a que intervenga ya la Generalitat

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El soberanismo se repliega como víctima mientras el Tribunal Constitucional señala que "no hay más legitimidad que la legalidad constitucional"

Manel Manchón

Artur Mas conversa con una estudiante en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, tras dar una conferencia en el centro. EFE/Mariscal
Artur Mas conversa con una estudiante en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, tras dar una conferencia en el centro. EFE/Mariscal

Barcelona, 16 de febrero de 2017 (21:00 CET)

¿Cuál es el deseo íntimo de Artur Mas? El ex presidente de la Generalitat, que mantiene una actividad frenética, retó este jueves a Mariano Rajoy a que intervenga ya la Generalitat. Lo hizo de forma indirecta, al señalar que está convencido de que el Gobierno tiene un plan para acusar al soberanismo de violento, para, posteriormente, intervenir la autonomía. Pero, en realidad, es lo que está reclamando el independentismo para seguir un modelo de acción-reacción, al que se agarra para poder tener alguna posibilidad de éxito esperando que la Unión Europea tome cartas en el asunto.

Mas se expresó de forma contundente en Madrid, donde ofreció una conferencia en la facultad de derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. "Están creando el caldo de cultivo para que el independentismo aparezca como radical y violento ante la opinión pública". Todo se basa, según Mas, en la decisión de la fiscal jefe de Barcelona, Anna Magaldi, que convocó una conferencia de prensa para dar cuenta de los insultos recibidos por un grupo de independentistas.


Poner las urnas ¿es democrático?

El movimiento soberanista, muy activo en las redes sociales, sostiene que Magaldi actuó por órdenes de la Fiscalía, y, por tanto, del Gobierno. Y que ese clima, al culpabilizar al independentismo, es el idóneo para que el Gobierno pueda tomar medidas, en su momento, encaminadas a anular la autonomía. La alusión directa de Mas fue clara: "Yo y otros muchos políticos recibimos insultos y eso es reprochable, pero en este caso lo presentan como si hubiera violencia en Cataluña".

Las consideraciones de Mas, que insistió en que le quieren inhabilitar "por poner las urnas, que es lo que pedía la mayoría de los catalanes", llegaron el mismo día en el que el Tribunal Constitucional dio a conocer el auto en el que estima el incidente de ejecución sobre la resolución del Parlament para celebrar un referéndum de independencia. El Constitucional rompe con el mensaje central del soberanismo, y es que se defiende el referéndum como una cuestión de principios democráticos, porque lo ha decidido el Parlament de Cataluña por mayoría.

A eso se acoge Mas, y el presidente Carles Puigdemont, y la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, que podría ser inhabilitada. Lo que constata el Constitucional es que "en una concepción democrática del poder no hay más legitimidad que la legalidad constitucional", y que si se desea esa consulta, no queda otra que buscar una reforma de la Constitución que la avale.


Puigdemont sigue adelante

"Sin conformidad con la Constitución no puede predicarse legitimidad alguna", insisten los magistrados del tribunal. El gobierno catalán, en cualquier caso, sigue adelante con su plan y Puigdemont insiste en que convocará el referéndum, que será "vinculante" y que se planteará con una pregunta clara y binaria.

Pero las formaciones que lo integran, el PDECat y ERC, plantean seriamente la alternativa de las elecciones. De hecho, es Artur Mas quien más claro lo tiene con el objetivo de ganar de forma amplia esos comicios y buscar, de nuevo, una negociación con el Gobierno para lograr un referéndum pactado.

Las próximas semanas serán decisivas, a la espera del juicio a Francesc Homs, en el Tribunal Supremo, el 27 de febrero, y de la suerte que corra Carme Forcadell, también encausada por permitir una votación que ponía en marcha la cuenta atrás para el referéndum.

Mientras la CUP y el propio Puigdemont se inclinan por convocar la consulta para antes del verano, Esquerra Republicana lo ve complicado y prefiere esperar a septiembre. Las propias contradicciones internas en el seno del soberanismo también serán determinantes antes de que el Gobierno de Mariano Rajoy decida tomar alguna decisión
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