Torra,  en el Parlament, en una imagen de archivo. EFE

Puigdemont impide a Quim Torra un cambio de socios

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El líder huido marca una línea roja que imposibilita la aproximación a Catalunya en Comú y obvia la ingobernabilidad de Cataluña tras la pérdida de mayoría del independentismo

Barcelona, 10 de octubre de 2018 (20:55 CET)

Rota la mayoría independentista en el Parlament de Cataluña, a Quim Torra sólo le queda una opción para tratar de gobernar: aproximarse a Catalunya en Comú, la formación que orbita en torno a Ada Colau. La opción gusta a Pdecat y a ERC, pero no a Carles Puigdemont. Y ya se sabe lo que ocurre en estos casos: el líder huido siempre vence.

De poco ha servido que la propia Catalunya en Comú se ofreciera este miércoles como muleta a Junts per Catalunya y ERC. Los de Colau plantearon a Torra en el Parlament una serie de condiciones (fundamentalmente sociales) para aprobar los presupuestos de la Generalitat, y el president no dudó en lanzar balones fuera: "Se dejan un tema y es el el centro de nuestra acción política: el derecho de autodeterminación".

El titular de la Generalitat ha ido las suficientes veces a Waterloo (Bélgica) como para aprenderse la lección de Puigdemont. El verdadero líder del independentismo no tiene el menor interés en garantizar la estabilidad del gobierno de Torra. Su misión es dar cuerda al conflicto político y no propiciar mayorías en el Parlament.

Pdecat y ERC luchan, de momento en vano, por lograr una aproximación al mundo de Podemos. Pero lo hace con una diferencia: ERC se puede llevar el gato al agua después de las municipales.

El deseo de ERC

El regreso de los tripartitos a nivel municipal (ERC, Catalunya en Comú y PSC) es motivo de comentario continuo en los pasillos del Parlament y del Congreso. Esquerra, de hecho, es la principal responsable de dar pie a este pronóstico de alianzas porque sus líderes (Oriol Junqueras y también Joan Tardà) han especulado abiertamente con la idea.

Los republicanos, además, quieren evitar por todos los medios las listas unitarias del independentismo que promueve Puigdemont. En este contexto hay que interpretar, por ejemplo, el reciente anuncio de Junqueras de presentarse como cabeza de lista de las europeas. El líder de ERC se lanzó a esta carrera precisamente para evitar el abrazo del oso de Junts per Catalunya.

Todo ello sirve para comprender la actuación del vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès —principal hombre de confianza de Junqueras—, que mantiene el encargo de cuidar a Catalunya en Comú, aunque los contactos no se traduzcan en pactos. Torra, en cambio, intenta acariciar a la CUP y a los CDR para no perder por completo su complicidad.

En suma, los socios de la Generalitat trabajan con estrategias contradictorias y hoy en día con un solo objetivo compartido: no es el momento de convocar elecciones porque a nadie le interesan.

 

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