El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont en Ginebra el pasado 20 de diciembre.

Puigdemont insiste en su regreso a Cataluña

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El líder huido, falto de protagonismo, asegura que volverá a Cataluña sin clandestinidad alguna si el Parlament le inviste como presidente de la Generalitat

Barcelona, 29 de diciembre de 2018 (04:55 CET)

Carles Puigdemont va perdiendo poco a poco el control de la escena política en Cataluña. Sus cartuchos se acaban y su figura resulta cada más lejana conforme el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha ido accediendo a dar relieve institucional, al presidente de la Generalitat, Quim Torra.

El líder huido conserva un liderazgo notable sobre el grupo de Junts per Catalunya, pero cada vez acapara menos focos. Consiguió arrastrar a medio gobierno de la Generalitat hace pocas semanas a Bruselas para la presentación de su consejo para la república, pero el desplazamiento no logró maquillar el fracaso de las adhesiones que pretende.

Lo que debía ser una suerte de "gobierno en el exilio" palidece por varios motivos: al consejo para la república le falta de lustre institucional y suscita escaso interés. Tampoco su otro gran proyecto, el lanzamiento de la Crida Nacional per la República, coge vuelo como partido. Sin embargo, el líder huido echará el resto con la Crida para tener su propio vehículo político.

Así las cosas, desenfocado y alejado la primera línea, Puigdemont ha optado por el recurso más sencillo, por amagar con su regreso a Cataluña por todo lo alto.

La promesa de Puigdemont

"Si el Parlament de Cataluña me inviste como presidente de la Generalitat, tomaré posesión del cargo y volveré a Cataluña. Entraré en Cataluña como presidente de la Generalitat. Abiertamente. No de manera clandestina", promete Puigdemont desde sus redes sociales sin que nadie le pregunte por tal.

El líder independentista ya ha intentado en otras ocasiones la teleinvestidura, pero ERC se niega a cometer nuevas ilegalidades. El encarcelamiento de dirigentes independentistas ha tenido un pesado efecto en la cúpula republicana, que no quiere más desafíos traducidos en castigo.

Consciente de que presionar con la teleinvestidura es gratis, Puigdemont insistió en ello, en ser investido y en obligar al Estado a detenerlo. "Esto sería un conflicto europeo y volvería bien acompañado y de demócratas europeos para que fueran testigos de si en la Europa del siglo XXI se impide o no a un presidente elegido por un parlamento democrático ejercer las funciones que le corresponden legalmente", argumentó el ex presidente de la Generalitat.

La realidad es que nadie de su entorno apuesta por su regreso, a diferencia de hace unos meses, cuando muchos pronosticaban un golpe de efecto en este sentido. 

Hoy, toda la parroquia soberanista asume que Puigdemont permanecerá una larga temporada fuera de España. Más inconcreto es su futuro político porque el líder huido todavía se conserva como el mejor cartel electoral del universo postconvergente.

 

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