¿Qué España deberá liderar Felipe VI en su reinado?

stop

FUTURO DEL NUEVO REY

 El entonces Príncipe Felipe, en un acto en Navarra, el 2 de juny./EFE/Javier Etxezarreta

04 de junio de 2014 (20:02 CET)

Rey, con el nombre de Felipe VI, però qué Rey, ¿qué deberá atender el todavía Príncipe Felipe? ¿Qué España?

“Escuche el monarca a los economistas y no haga caso a ninguno”, es uno de los consejos del libro Cuando sea Rey, publicado por Planeta en 1998. Su autor, el escritor Valentí Puig –hoy comentarista de Economía Digital-, preveía, para ya iniciado el siglo que se avecinaba, un mundo con la hegemonía de China, la desaparición de ETA y el poder universal de Internet. Pero no consideró que pudiera aparecer una radicalidad independentista en Catalunya.

Al contrario, para ya entrado el siglo XXI, en Cuando sea Rey se auguraban nuevas formas de diálogo y un buen sistema de financiación autonómica. 

Concebido como consejos a un futuro monarca, el ensayo Cuando sea Rey destacaba las ventajas de ser un Rey sin corte. Como previsión para los inicios del siglo XXI, el libro se refería a nuevas formas de representación, entre sistemas mayoritarios, de representación proporcional y por referéndum electrónico. Se alertaba al futuro monarca del riesgo de nuevos populismos y la desintegración de las ideologías.

Dosificar los mensajes hacia Catalunya

Podía ser Rey de una España abierta a las ventiscas y bonanzas de la globalización y en plena sociedad del conocimiento. Un Rey para una España en la que, a pesar de sus altibajos, el sistema autonómico “redistribuye energías”, ya más allá del mito de fracaso español.

Al monarca le sería útil confiar en el “seny” que se nutre “del tejido de las cosas, de la realidad que no pretende transcenderse”. En definitiva, “los rifirrafes quedan para los políticos y al monarca le corresponde dosificar sus mensajes a Catalunya en la medida que el “seny” lo aconseje”.

Según Puig, uno de los riesgos para el nuevo monarca sería la presencia mediática. Entre la instantaneidad de la información, los “paparazzi” y el nuevo sentimentalismo, el secreto consistía en equilibrar cercanía y distancia.

Transparencia y protección de la vida privada, gran dilema. Es decir, “el talento del monarca centra sus energías en reducir distancias entre el deber de figuración del Estado y la necesidad de contentar a la gente”.

Un Rey anti-maquiavélico

Otra de las responsabilidades del futuro monarca, a semejanza de su padre, era ser el mejor representante comercial de España. Cuando sea Rey consideraba un futuro de potentes empresas multinacionales de matriz española. Las grandes redes informáticas iban a erosionan la fiscalidad del Estado. Las políticas redistributivas serían insostenibles. Puig aconsejaba un “europeísmo empirista”

Como corresponde a su rol histórico, el Rey “es el sello ancestral que lacra el sobre que contiene las reglas del juego”. Eso, según Cuando sea Rey, regía para el inminente siglo XXI: seguir dirimiendo simbólicamente en más de un conflicto.

Al mismo tiempo, la noble astucia no está de más, en “nunca dejar ver que hemos cedido en algo, salvo cuando queremos hacer ver que cedemos sin haber cedido o, aún más, habiendo ganado terreno”.

Pero fundamentalmente, Puig defendía la opción de un Rey anti-maquiavélico, del todo involucrado en la idea del bien común, nexo de unión, testigo de una nueva España ilustrada
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad