Rajoy 'quiere' que los socialistas ganen las europeas

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EUROPA EN JUEGO

Mariano Rajoy, con Angela Merkel, en un encuentro en marzo./EFE/Juanjo Martín

09 de mayo de 2014 (21:56 CET)

Pongamos que no lo dice a nadie. Lo guarda en secreto, pero, ¿y si Mariano Rajoy, en el último momento deposita en la urna la papeleta de Elena Valenciano? Sería un sacrilegio, pero, a veces, lo que más le interesa a un país no es lo que le interesa a un partido político, en este caso el PP.

La candidata del PSOE en las elecciones europeas, en efecto, se unirá a la familia socialista europea, que tiene como candidato para presidir la Comisión Europea al alemán Martin Schulz. El PP, que tiene como candidato a Miguel Arias Cañete, apuesta por el democristiano luxemburgués Jean Claude Juncker para presidir la Comisión Europea. Pero no era el candidato preferido por los eurodiputados del PP, que querían al gaullista Michel Barnier.

La  "laxitud" del sur

Fue la canciller alemana Angela Merkel quien negoció con Rajoy y el resto de dirigentes europeos de la gran familia de los populares, para elegir a Juncker, quien, en los primeros días de campaña, pese a no querer marcar muchas distancias con Schulz, sí ha dejado claro dos cosas: primero que la causa de la crisis económica se debió a la “laxitud” de algunos países, que abusaron del gasto público.

Y, segundo, que la solución pasa por mantener la disciplina fiscal, y no permitir una mayor flexibilidad para cumplir con el déficit público, que debe volver al 3% como máximo.

Schulz defiende lo opuesto. El origen de la crisis, asegura, hay que buscarlo en la especulación financiera. “La correa de transmisión entre la deuda soberana y la bancaria hizo saltar por los aires a países con cuentas sólidas”, aseguró en uno de los primeros debates, incidiendo en la “especulación financiera”. Y la salida pasa por una mayor flexibilidad, que, en los últimos días, se ha querido centrar en las cuentas de Francia, para que, con algo más de margen, inicie ya una hoja de ruta para el crecimiento y la creación de empleo.

División con los países acreedores

¿Con quién está España? Rajoy, quizá, no se haya atrevido todavía a leer el libro de los filósofos Srecko Horvat y Slavoj Zizek, El sur pide la palabra (los libros del lince, 2014). El tiempo de los políticos es muy reducido. Pero Rajoy, el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, o el ministro de Economía, Luis de Guindos, han reclamado en los últimos meses que Europa puede y debe hacer más por los países periféricos, que es la tesis principal del libro.

Los dos autores, de Croacia y Eslovenia respectivamente, señalan un problema que afecta, precisamente, a España. El sur de Europa se la juega en estas elecciones europeas. Lo que los ciudadanos europeos deben decidir es si aceptan o no un patrón de juego que lidera sin complejos Alemania, y que influye en el Banco Central Europeo, sobre el papel una institución independiente, pero que favorece los intereses de los países acreedores, los que prestaron años atrás con mucha alegría ingentes cantidades de dinero hacia el sur.

Unión fiscal

Eurodiputados del PP aseguran que Juncker, que fue primer ministro de Luxemburgo, un país muy grato para las empresas, porque la carga impositiva es muy reducida y es el domicilio fiscal de muchas compañías que actúan en toda Europa, podría protagonizar el giro que necesita Europa.

Y que la aparente gran distancia con Schulz, un alemán de familia modesta hecho a sí mismo, “se podría reducir, porque el cargo siempre acaba condicionando al hombre”. Y, en este caso, si Juncker acaba siendo presidente de la Comisión Europea podría caminar hacia esa unión fiscal que necesita como agua de mayo un país como España.

En juego está la unión bancaria, la transferencia de rentas, a través de eurobonos y la creación, en definitiva, de los Estados Unidos de Europa.

Los huevos y la tortilla


Dice Zizek en el libro que lo que está ocurriendo en Europa es que “puedes romper los huevos y te quedas sin la tortilla”. En un capítulo con ese título, el filósofo esloveno señala que la Comisión Europea, o el FMI, junto con Alemania, han exigido todo tipo de esfuerzos a los países del sur, como Grecia, aunque también hay que incluir a España. Y ve “conocimientos interesados” en pedir “la reducción del gasto público, la desmantelación de partes del Estado de Bienestar; privatizaciones; aperturas del mercado o desregulaciones de la banca”.

¿Y todo eso para qué? Emulando una historia sobre la Unión Soviética, que hace refencia a los huevos y la tortilla, Zizek plantea el interrogante en el caso de Grecia. “Los griegos tendrían pleno derecho a decir: “De acuerdo, estamos rompiendo nuestros huevos por toda Europa, pero ¿dónde está la tortilla que nos han prometido?”, en referencia a los planes de austeridad dictados por el FMI. ¿Y dónde está la tortilla para los parados españoles?, se podría preguntar en el caso de España.

Países enteros, en manos de la banca alemana

El croata Horvat ofrece también su versión sobre la situación de Croacia. Para un español, tanto Eslovenia como Croacia se han convertido en bellos destinos turísticos. Pero son países con problemas económicos similares, muy endeudados, y en manos de Alemania.

Y se pregunta si, "¿acaso los bancos alemanes o austriacos no están almacenando también el tiempo de los croatas?”. Y es que las cifras son elocuentes: “Según algunas estimaciones, el 75,3% de los bancos de Serbia; el 90% de los de Croacia; y hasta el 95% de los de Bosnia-Herzegovina pertenecen de hecho a la banca alemana, italiana y francesa”.

La Comisión sigue advirtiendo a España

Zizek aboga por una Thatcher “de la izquierda”, una nueva hegemonía capaz de darle la vuelta a la situación, con la misma convicción de la que hizo gala la líder conservadora. Y pide que ese discurso lo protagonice el sur. A través de diversos capítulos, los dos filósofos, junto con el líder de Syriza, Alexis Tsipras, --candidato a la presidencia de la Comisión Europea-- analizan esa Europa “alemana”, y buscan cómo superarla.

Para Rajoy, quizá, se trata de una agitación que no puede tener traducción práctica. Pero la Comisión Europea sí se mueve. Acaba de alertar al Gobierno español sobre la alta tasa de paro, asegurando que no bajará del 24% en 2015, y que no cumplirá los objetivos de déficit si no adopta nuevas medidas.

Porque ¿en qué tortilla piensa Rajoy? Ya lo saben, igual vota en secreto a Elena Valenciano. Sería un sacrilegio.
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