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Es bueno no olvidar que los catalanes quieren votar para encontrar una solución, y no para saber si el proceso soberanista tiene éxito o no

Fèlix Riera

Carles Puigdemont, en la manifestación independentista de la Diada por el referéndum, un movimiento que ha generado fundamentalistas, oportunistas y replicantes. EFE
Carles Puigdemont, en la manifestación independentista de la Diada por el referéndum, un movimiento que ha generado fundamentalistas, oportunistas y replicantes. EFE

Barcelona, 23 de marzo de 2017 (05:00 CET)

Autentificar

Llegados al punto en que, si o si, habrá referéndum y nada ni nadie podrá evitarlo, salvo en el caso de que el Estado español resuelva la cuestión por la vía del artículo 155 de la Constitución que habilita poder suspender la autonomía catalana, hay que empezar a exigir a nuestro gobierno que exprese con claridad hacia dónde nos dirigimos.

Dicho de otro modo, dado que caminamos hacia la independencia, vía referéndum , es bueno saber cómo va a ocurrir. Dado que, como advirtió el poeta Horacio a un compañero de fatigas, las leyes sucumben impotentes a las pasiones del corazón humano, es probable que la resolución final del conflicto tenga el tono poético de la lucha de las pasiones humanas contra las propias leyes establecidas. Es bueno no olvidar que los catalanes quieren discutir y votar para encontrar una vía de solución al conflicto entre Cataluña y España y no tanto para determinar si el procesismo tiene éxito o no. Puede parecer absurdo separar una cosa de la otra, porque se consideran intrínsecamente unidas, pero tal determinismo implicaría aceptar que el conflicto entre Cataluña y España sólo tiene un camino posible de solución.

¿Qué estamos discutiendo?

Lo que estamos discutiendo no es tanto si el plan del procesismo cumplirá el propósito de celebrar un referéndum legal o ilegal, sino posibles vías de resolución al conflicto entre Cataluña y España, algo que implica a todos y no sólo a una de las partes. Esta es la cuestión que debería activar el esfuerzo político: autentificar que lo que estamos persiguiendo no es una victoria política partidista, que deje a los partidos comprometidos con el proceso en una buena posición electoral, sino la resolución del conflicto. Debemos autentificar en el propio procesismo cuánto tiene de solución y cuánto de problema.

Debemos autentificar en el propio procesismo cuánto tiene de solución y cuánto de problema

Imaginemos

Imaginemos o, mejor dicho, afirmemos, que el referéndum se realizará tal y como indica el Gobierno Catalán, incluso sin la aprobación del estado español. Establezcamos que se celebrará en los próximos ocho meses, respetando todas las exigencias de la comisión de Venecia en términos de plazos, neutralidad, observadores internacionales y recursos humanos y técnicos.

Imaginemos que, al celebrarse un referéndum ilegal, sólo votará el 57% del censo y sólo lo hará en contra un 15% de los votantes. Nuestra imaginación nos lleva a plantear un proceso constituyente, donde gran parte de los ciudadanos se mantendrán fuera de la discusión, bien por rechazo, bien por no sentirse convocados. Imaginemos que el referéndum se produce antes de las elecciones españolas, que pueden adelantarse dada la inestabilidad del gobierno de PP sin mayoría parlamentaria,

Muchos catalanes confunden el plan de la ANC con el que impulsará el Gobierno catalán

¿Votaremos los catalanes en las próximas elecciones españolas? ¿Se presentarán los partidos independentistas? Puestos a preguntar, ¿Votaríamos nuestro reingreso en la OTAN con un nuevo referéndum, cuando Cataluña ya lo rechazó en su momento, como también lo hizo el País Vasco, Navarra o Canarias?

La imaginación nos lleva a formular una última cuestión: si el PSOE se decanta por Pedro Sánchez, favorable a pactar con Podemos que, a su vez, es pro referéndum legal y Ciudadanos quiere reformar la Constitución, ¿Qué importancia tiene esperar autentificar una vez más si España avanza en un proyecto reformista o se pierde de nuevo en un proceso recentralizador? La importancia de autentificar lo que ocurre y dónde estamos es básica en una democracia de alta calidad como la catalana. Y lo es porque hoy muchos catalanes confunden el plan de la ANC (Asamblea Nacional Catalana) con el que impulsará el Gobierno de la Generalitat. 

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