El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska (d) y la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera (i), a su salida este lunes de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona. /EFE/Qui

Sánchez busca la reconciliación con la Policía (pero faltan medios)

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Sánchez dedica atenciones a la Policía en Cataluña pero no logra la distensión con los agentes, molestos por la falta de amparo del gobierno en funciones

Marcos Pardeiro / Josep Maria Casas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska (d) y la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera (i), a su salida este lunes de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona. /EFE/Qui

Barcelona, 22 de octubre de 2019 (04:55 CET)

Pedro Sánchez lleva demasiados días perdiendo cosas. Perdiendo el control de la situación en Cataluña debido a grupos violentos que están protagonizando un otoño ardiente (más que caliente). Perdiendo votos en las encuestas. Y perdiendo el respeto de los cuerpos de seguridad del Estado, hartos de jugarse el tipo contra la guerrilla independentista sin recibir el debido amparo del gobierno en funciones. Demasiadas pérdidas en tan poco tiempo.

Consciente de que la situación del Cuerpo Nacional de Policía es una de las pérdidas más delicadas, el presidente en funciones precipitó este lunes un viaje a Barcelona en busca de una reconciliación con los agentes, pero lo que se llevó, sobre todo, fue una muestra de la tensión que se vive en Cataluña.

El presidente en funciones visitó a algunos de los uniformados heridos que tratan de recuperarse en el hospital de Sant Pau —sin olvidarse de difundir la imagen de sus ánimos a un agente encamado— y también acudió a la Jefatura Superior de Policía, en la vía Laietana de Barcelona, para arropar a los mandos del CNP. En ambos lugares se llevó abucheos, sobre todo en Sant Pau, donde hubo sanitarios que se organizaron para un escrache.

De hecho, a Sánchez le esperaba la misma receta en la Delegación del Gobierno de Cataluña, donde el autollamado Tsunami Democràtic se preparaba para que el candidato del PSOE se llevara un rugido de las calles. Pero Sánchez no llegó a pisar la Delegación y se marchó de Barcelona a toda prisa, a la vista de que su presencia sólo hacía que presagiar una nueva escalada de incidentes.

Lo sabía de sobras el presidente en funciones, que se paseó por Barcelona escoltado por un potente dispositivo de seguridad. Un fotógrafo incluso captó a uno de los escoltas en el coche presidencial con un subfusil en las manos. Hasta ahí llegaban las prevenciones en la Barcelona que, según Sánchez, sufre "una crisis de orden público" que se puede alargar. Sobre cómo acortarla no dijo ni media.

El malestar de la Policía con Sánchez

En realidad, el candidato del PSOE sólo logró achicar algo de agua porque las tensiones con la Policía no desparecieron. Jupol, el sindicato mayoritario de la Policía Nacional, denunciará a los altos cargos de Interior, incluido al ministro, Fernando Grande-Marlaska, y al propio presidente por la “nefasta” gestión de los efectivos policiales durante los disturbios de la última semana en Barcelona.

En declaraciones a Economía Digital, un portavoz de Jupol insistió este lunes en la “escasez” de medios materiales y humanos con los que trabajan los antidisturbios del Cuerpo Nacional de Policía desplazados a Barcelona.

Aunque Grande-Marlaska insista en que se han enviado “los medios suficientes, los necesarios”, estas fuentes lo desmienten. Y aportan datos: hay unidades de los antidisturbios que durante la semana pasada trabajaron “18 o 19 horas” seguidas. Además, la coordinación brilla por su ausencia porque mientras unas unidades han encadenado jornadas sin descansos otras se mantenían de retén sin entrar en acción.

Insisten en que faltan más agentes. El Ministerio del Interior anunció que enviaría más efectivos. No obstante, por la información de la que disponen, se utilizarán para relevar algunas de las unidades que están operado en Barcelona. Es decir que, en realidad, no aumentará el número de policías.

Los agentes no solo se quejan por las largas y duras jornadas en Barcelona. También ha fallado la logística más elemental: han realizado turnos enteros sin comida. En algunas ocasiones, han salido de urgencia de los hoteles en los que están alojados sin provisiones.

También se quejan de la falta de material. Se han quedado sin gases lacrimógenos y pelotas de goma para repeler los ataques en plenos disturbios callejeros, lo que ha obligado a los agentes a recoger los proyectiles que han encontrado en la calle para reutilizarlos.

Los Mossos d’Esquadra utilizan proyectiles de foam (espuma) desde que el Parlament de Cataluña prohibió en 2014 el uso de pelotas de goma. Agentes del CNP aseguran que sus colegas de la policía catalana nunca se han quedado sin material antidisturbios.

El “camión botijo”

Los antidisturbios de la Policía Nacional piden también que entre en acción “el camión botijo”, como llaman a la tanqueta con cañones de agua a presión para dispersar a los manifestantes. El vehículo llegó a Barcelona procedente de Madrid, pero no se ha utilizado.

Un agente insiste en que “nunca se ha estrenado”. Lamenta que solo lo utilicen para los desfiles, como en el Día de la Policía que se celebró el pasado mes en Logroño.

Los Mossos d’Esquadra disponen de un vehículo similar que adquirieron en 1994 y que tampoco ha entrado en acción. Este agente del CNP indica que solo lo han utilizado como “camión de bomberos” para apagar el fuego de las barricadas callejeras.

Hasta el domingo, el balance de policías heridos se eleva a 288: 153 mossos, 134 policías nacionales y un guardia urbano. El número de policías heridos es superior al de manifestantes detenidos (194).

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