El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez /EFE

El culto a la personalidad de Sánchez convierte la política en propaganda

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Pedro Sánchez está en estado de gracia, pero su propio auge le lleva a cometer errores a la hora de mostrar su liderazgo

Barcelona, 29 de junio de 2018 (04:55 CET)

Hay ecos de estupor en el interior del PSOE y en círculos de La Moncloa por la publicidad de las sesiones fotográficas del presidente del Gobierno, más propias de la revista Hola y de un famoso que del recién llegado al poder. O, en todo caso, más propias de un sistema presidencialista que de una democracia parlamentaria.

Lo cierto es que Pedro Sánchez sigue en estado de gracia. Sin duda, por méritos propios, pero sobre todo por el alivio que ha reportado la salida del Gobierno de Mariano Rajoy, que había colmado la paciencia de la sociedad española.

Ahora no hay crítica hacia el escenario, porque la oposición está desaparecida y porque los subalternos de Podemos se han acomodado a las migajas que esperan todavía conseguir de Sánchez.

Pedro Sánchez sigue en estado de gracia: por méritos propios y por haber conseguido la salida de Mariano Rajoy

Con el Partido Popular sin liderazgo y sumergido en un complicado y experimental proceso de elecciones primarias y Ciudadanos que no consigue recomponer su discurso, el PSOE se encuentra sin un discurso alternativo. Todos los focos benévolos son para él.

Pablo Iglesias, feliz. Hace una gira por la Generalitat y visitando a los políticos presos, que él llama “presos políticos”, como si fuera el telonero de una estrella de Rock. Dice a cada uno lo que quiere oír y nadie le desautoriza en su papel extraoficial de ministro plenipotenciario del Gobierno. Su batalla se centra ahora exclusivamente en el control de RTVE.

No hay duda de que en su presentación exterior, Sánchez ha tenido éxito. Audacia en el tema migratorio, aparición como bastón de una Ángela Merkel con síndrome de salida y sincronía con la única estrella del firmamento europeo, Enmanuel Macron. En un universo sin el Reino Unido, con Italia perdida en el laberinto populista, el presidente hace gestos para ganar una posición privilegiada en Europa.

Pedro Sánchez y Angela Merkel comparecen tras su primera reunión bilateral en Berlín / EFE

Pedro Sánchez y Angela Merkel comparecen tras su primera reunión bilateral en Berlín / EFE

Con el aprobado inicial de Europa y sin oposición en España, el nuevo presidente no ha tenido ni un solo tropiezo en las poco más de dos semanas que lleva ocupando La Moncloa.

El anuncio encadenado de medidas es más propagandístico que político o quizá muestra de la condensación de propaganda en la política.

Después de más de cuarenta años de ignominia, en los que ningún presidente de gobierno se ha atrevido a mover una caja del Valle de los Caídos, el presidente Sánchez anuncia que este verano los restos del dictador reposaran donde decida su familia.

El presidente no ha tenido ni un solo tropiezo en las poco más de dos semanas que lleva ocupando La Moncloa

Naturalmente no ha habido reacciones en contra porque es difícil encontrar quien defienda que el dictador continúe un día más en el enterramiento que se levantó sobre la sangre de los presos que lo construyeron.

Solo falta el hecho mismo del traslado, con los problemas de discreción, transparencia y dignidad que exige el cuerpo de cualquier ser humano. Un equilibrio complicado que requiere habilidad.

Se anuncian acercamiento de presos etarras a cárceles de Euskadi y el traslado de los presos secesionistas a cárceles catalanas. El día 9 recibirá a Quim Torra en el Palacio de La Moncloa. Bueno, estas dos iniciativas, además de propaganda, tienen un alcance político innegable después de un montón de años de parálisis política hacia Cataluña y con el PNV que exigirá réditos de su apoyo en la moción de censura.

Los de Albert Rivera están al acecho de un resbalón del presidente

La única arista es la exhibición que hace Quim Torra de su voluntad de confrontación y el enigma de si tantos signos de buena voluntad y tantos rechazos a un comportamiento constitucional no serán un hándicap en una negociación en la que se han ofrecido cosas a cambio de nada.

Albert Rivera espera un error de Pedro Sánchez con Cataluña

Los de Albert Rivera están al acecho de un resbalón del presidente fundamentalmente en el tema catalán, consciente de que su línea tradicional de exigencia de rigor en la aplicación de la ley está pendiente de si los actos de distensión del Gobierno surten algún resultado.

El postureo político en alguna de estas iniciativas conecta directamente con las secuencias fotográficas de las sesiones del presidente en el Falcón oficial y en las escalinatas de La Moncloa, donde la pretendida determinación de sus manos en primer plano se aposentarían en gestos como la expulsión de lo que queda del cadáver de Franco del Valle de Los Caídos.

Pedro Sánchez propone una reforma de ley para exhumar a Francisco Franco y sacarlo del Valle de los Caídos. Foto: EFE/CM

Pedro Sánchez propone una reforma de ley para exhumar a Francisco Franco y sacarlo del Valle de los Caídos. Foto: EFE/CM

El culto a la personalidad del “amado líder” es una tentación que no hace distingos entre izquierda y derecha. El personalismo es una tentación que se acrecienta con el uso de las redes sociales en un camino para convertir la acción política en pura propaganda.

El contrapunto es que hay que medir muy bien para no caer en el ridículo y que el marketing se convierta en servidumbre.

El presidente tiene a su favor que solo falta un mes para agosto, cuando se paraliza el país y la política

Sánchez está inmerso en una dinámica autoimpuesta de anunciar medidas constantemente. Es la servidumbre de la adicción a Twiter y al resto de redes sociales. Si no hay novedades se produce un vacío y es peligroso acostumbrar a los ciudadanos a las noticias continuas.

El presidente tiene a su favor que solo falta un mes para agosto, cuando se paraliza el país y la política. Donde y como veranea Sánchez también se constituirá en un test. No podemos olvidar el error de Felipe González de navegar en el Azor.

A veces la propaganda y la sobreexposición las carga el diablo.

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