Un nuevo escándalo sexual agita la política francesa

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ESCÁNDALOS

George Tron

30 de mayo de 2011 (10:22 CET)

No repuestos aún del caso de Dominique Strauss-Kahn, el director del Fondo Monetario Internacional (FMI) dimitido tras ser acusado en Nueva York de intento de violación, la vida política francesa se ha visto salpicada en los últimos días por un nuevo escándalo sexual. En esta ocasión, afecta a un miembro del gobierno de Nicolas Sarkozy, el secretario de Estado de la Función Pública, Georges Tron, que no le ha quedado otra alternativa que anunciar el domingo su dimisión .

El pasado 25 de mayo, el diario Le Parisien publicaba la denuncia por “acoso sexual” que habían presentado contra Tron dos ex empleadas municipales de la ciudad de Draveil, una localidad a unos 20 kilómetros al sureste de París de la que el dimitido es alcalde. En Francia es muy común el llamado “cumulo de mandatos”, por lo que es muy habitual que un ministro acumule otros cargos (y sueldos, por supuesto) como por ejemplo los de diputado y alcalde de una ciudad.

Las dos ex empleadas acusan a Tron de obligarles a dejarse masajear los pies, lo que derivó posteriormente en acoso y violencia sexual. Estos últimos días, la prensa ha destacado la afición de Tron por la reflexología (masaje de los pies con fines terapéuticos), pero, curiosamente, siempre proponía sus servicios a mujeres.

La prensa informaba este domingo que esta misma semana una tercera mujer podría presentar a su vez una denuncia contra Tron y contra una de sus consejeras municipales, a los que acusa de obligarle a practicar sexo a tres.

Frente Nacional

Desde el primer momento, Tron desmintió las acusaciones y las atribuyó a una operación orquestada del Frente Nacional y de la líder de este partido de extrema derecha, Marine Le Pen, por los conflictos que mantiene en su localidad con algunos miembros de la familia Le Pen que viven en Draveil. Y, por supuesto, negó que fuera a dimitir de su cargo en el gobierno por esas acusaciones.

Toda la prensa francesa coincide, sin embargo, en que el asunto de Strauss-Kahn ha influido decisivamente en el “affaire” Tron y en el hecho de que entre Sarkozy y su primer ministro, François Fillon, obligasen a su secretario de Estado a presentar la dimisión el domingo.

En plena efervescencia del caso Strauss-Kahn, y que tanto ha dañado a los socialistas franceses, que iban a presentar al ex director del FMI como candidato a las presidenciales de 2012, Sarkozy no puede permitirse un caso similar que afecte a uno de los miembros de su gobierno, especialmente ahora que va a empezar ya la precampaña de las presidenciales.

El domingo, el diario conservador Le Figaro destacaba la escasa relevancia de Tron en el gobierno, pero no hay tampoco que minimizar su papel en el ejecutivo: el ya dimitido secretario de Estado era el encargado de gestionar con los sindicatos asuntos muy sensibles como el aumento de salarios de los funcionarios y la reforma del funcionariado, encaminada a reducir el número de empleados públicos. De hecho, el próximo martes, los sindicatos franceses han convocado una jornada de movilización, una más, para protestar contra los planes gubernamentales.

Sarkozy fuerza la dimisión


Según la prensa, Sarkozy también ha querido con la rápida dimisión de su colaborador zanjar rápidamente un nuevo escándalo que afecta a uno de los miembros de su gobierno. Tron es el quinto ministro que dimite del gobierno en el último año por escándalos varios. Los dos primeros fueron, por así decirlo, menores: Christian Blanc y Alain Joyandet, ambos secretarios de Estado, tuvieron que dimitir, el primero por cargar a las arcas públicas la compra de puros por valor de 12.000 euros y, el segundo, por alquilar un avión privado, con un coste de 116.000 euros, para un viaje relámpago a las Antillas.

Pero los casos de Eric Woerth y de Michèle Alliot Marie se eternizaron y acabaron perjudicando gravemente al ejecutivo y al propio Sarkozy. El ex ministro de Trabajo fue acusado de mediar para que su mujer fuera contratada por el gabinete que gestiona el patrimonio de Liliane Bettencourt, heredera del imperio L’Oreal y primera fortuna de Francia (aunque con buena parte de su fortuna a buen recaudo en bancos suizos) y también por financiación oculta de la campaña de Sarkozy en tanto que tesorero del partido del presidente.

La ex ministra de Relaciones Exteriores tuvo que dimitir tras revelar la prensa francesa que, en plena revuelta tunecina, viajara con sus padres a Túnez para hacer negocios inmobiliarios y se desplazara en ese país en un avión privado de un miembro cercano al régimen del autócrata ex presidente Ben Alí.

“Ya estamos en campaña electoral y el bando mayoritario no puede permitirse el lujo de que un asunto semejante pueda perturbar su mensaje”, aseguró a la AFP Jérôme Fourquet, politólogo del instituto de estudios de opinión IFOP.
Un diagnóstico compartido por el resto de expertos y analistas consultados.

Pero el caso Tron volverá a llenar páginas de diarios y programas de televisión sobre cuestiones como los excesos de sus cargos electos o el comportamiento sexual de sus políticos. El escándalo de Strauss-Kahn sirvió para que muchos periodistas se autoflagelasen por haber ocultado durante años la “por todos conocida” ajetreada y nada modélica vida sexual de algunos de sus políticos.


Prácticamente entonaron un “mea culpa” y prometieron a los franceses empezar a contar todos los excesos que la clase política pueda cometer.

¿Será Georges Tron la primera víctima de esta nueva manera de hacer de la prensa francesa?
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