Promesas rotas

08 de agosto de 2009 (20:11 CET)

Las vacaciones es un tiempo que siempre permite descubrir cosas que guardamos en su momento por su supuesta importancia y que, pese a ello, nunca echamos de menos. No es el caso de un par de artículos que me han aparecido entre un montón de papeles que tenía cuidadosamente apartados en una carpeta, cuya existencia desconocía y que sólo el hecho de estar ocioso, buscando cosas con las que distraerme, me ha permitido redescubrir y ojear.

Uno de los escritos es de A. Bolaños, de El País, y reseña la larga historia de promesas incumplidas por las majestuosas organizaciones de que se dotan los grandes países. Así, por ejemplo, se refiere al fondo de ayuda aprobado en la última cumbre del G-8, a principios de julio, según el cual se decidía apoyar a los agricultores de los países más pobres con 20.000 millones de dólares, para paliar las consecuencias que la crisis que estamos padeciendo podría acarrearles.

El periodista apoyaba su escepticismo en varios botones de muestra. Uno de ellos: en la cumbre del G-8 de Gleneagles (Escocia), de 2005, ya se aprobó con gran entusiasmo elevar hasta los 21.500 millones de dólares la aportación anual al desarrollo de África antes del 2010; a finales de 2008, el dinero destinado apenas sumaba 7.000 millones de dólares. Parece difícil a estas alturas que puedan cumplir lo prometido, pero eso no les ha impedido aprobar nuevas ayudas. ¡Qué fácil puede resultar un acuerdo de ese tipo! La sospecha de algunas ONGs es que la nueva promesa, la de los 20.000 millones de dólares, en realidad sea simplemente un reciclado de la anterior. Varios fondos y un solo dinero verdadero, y por debajo de lo firmado.

El otro artículo lo publicó Andy Robinson en La Vanguardia el domingo 26 de julio y se titulaba “Lo que España puede aprender de la muerte súbita del “tigre celta” . En este escrito se ponen en cuestión algunas de las verdades absolutas que fueron defendidas hace apenas un par de años y que hoy se han demostrado, como poco, aventuradas.

Para ello, Robinson compara la situación de Irlanda con la de España y llega a la conclusión de que los bajos impuestos y la “regulación de toque ligero”, que tan alabados fueron en su momento atribuyéndoseles el por qué del “milagro” irlandés, han agravado hoy la crisis, haciendo que, por ejemplo, la deuda pública crezca bastante más que en España, pese a destinar actualmente menos dinero a estimular la economía.

Ustedes juzgarán.
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