Rato se queda sin cartas y se apunta al engendro de los SIP

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Caixa Laietana sería el socio catalán en esta alianza

31 de mayo de 2010 (12:04 CET)

Un gigante como la Caja Madrid de ese primer espada llamado Rodrigo Rato se va a convertir, muy a su pesar y si no hay una gran sorpresa de última hora, en el pastor de un rebaño de cajas pequeñitas. Un grupo de lo más heterogéneo, que además se agrupa en un Sistema Institucional de Protección (SIP), ese engendró que va a permitir que lo más díscolo y deficitario del sector de las cajas de ahorro españolas no se quede fuera de la foto de la reestructuración.

A el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) le pasa a estas horas como al gran fichaje del equipo de fútbol de campanillas que, al menos de momento, sólo juega los partidos amistosos. Porque integrar la segunda caja española con la Caja Insular de Canarias, Caja Ávila, Caja Segovia, Caja de la Rioja y Caixa Laietana es algo así como coger el último tren, ya en marcha y de mala gana, hacia las ayudas del FROB.

¿Las necesita Caja Madrid? A todas luces, sí. Primero por estética, porque como líder tiene que dar ejemplo. Y también porque tiene unos cuantos agujeros que tapar y las ayudas oficiales son un caramelo muy goloso. A estas horas, Rato y el viejo equipo de Caja Madrid –el de su antecesor Miguel Blesa, que todavía no ha sido relevado- deben estar rabiando.

Sus dos primeras opciones, Caixa Galicia y la CAM, se le han escapado. La primera por la insistencia en crear una gran caja gallega del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo. Y la segunda, también por imposición política, ha sido todavía más dolorosa. Resulta que la primera alternativa para la caja alicantina no era la caja madrileña, sino Caja Murcia. Una excusa estupenda, como demuestra que la CAM ha terminado formado otro SIP con Cajastur, Caja Extremadura y Caja Cantabria.

Toda una afrenta para Rato, que con la caja levantina o con la gallega –las dos tocadísimas por los préstamos promotores-, habría conseguido un triple objetivo: una fusión como Dios manda, unas ayudas multimillonarias oficiales y diversificación geográfica. Ni la presencia de su amigo Isidro Fainé al frente de la CECA ni las presiones del Gobernador del Banco de España han valido de nada.

Y es que las cajas pequeñas son un grano muy molesto. Ya veremos con gestiona Rato ese dolor de cabeza llamado SIP, que mantiene el estatus de cada caja en una integración que no pasa de la pantomima. Por mucho que se venda que el que encabeza Rato es el SIP más grande del país –suma activos financieros por valor de 227.000 millones, algo menos que los 272.000 del número uno La Caixa-, la realidad es que Rato tendrá que demostrar sus dotes de domador de leones.

“Son operaciones contra natura. No son matrimonios que llegan después de largos noviazgos, sino matrimonios que llegan después de la primera cita o ni eso. Son de pura conveniencia” apunta el ejecutivo de una gran caja en referencia a los SIP, es solución de última hora para Rato y sus huestes. Hay quien piensa que las alforjas del presidente son demasiado grandes para tan poco botín. De momento, es lo que hay.

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