“Son las putas reglas del juego: lo normal es pagar a los políticos”

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David Merino, ex director general de Dico, centro de la operación Púnica, cuenta cómo se sobornaba a los responsables políticos con cacerías, prostitutas y dinero negro

Francisco Granados / EFE

05 de noviembre de 2014 (14:24 CET)

“Yo no conozco ninguna operación nuestra ni de otro grupo que no se haya hecho con esto”. La declaración pertenece a David Marino, ex director general de Dico, la empresa que se encuentra en el centro de la trama corrupta Púnica, que sobornaba a políticos del PP y PSOE para obtener adjudicaciones inmobiliarias.

Merino ha descrito al detalle la forma de operar que tienen las empresas inmobiliarias en los ayuntamientos españoles. “Son las putas reglas del juego. Claro que es absolutamente habitual pagar por cohecho”, explica David Merino, en un audio que será incluido en la denuncia de Manos Limpias ante la Audiencia Nacional contra la trama corrupta y al que ha tenido acceso Economía Digital.



“Se suele comprar una parcela en esos pueblos e iniciar una construcción pequeña como en Majadahonda o Las Rozas y se empieza a entablar relación con la concejalía de obra, con la de urbanismo y con el alcalde. En el momento en que han ido contigo de cacería y les has hecho un regalo, pues te escuchan. Y todos entran en el mismo sitio, que es cobrar”, explica Merino.

Las empresas que redactan concursos


Las declaraciones de Merino han dejado en evidencia a la trama dirigida por el empresario David Majariza y en la que participaba Dico y el ex número dos de Esperanza Aguirre, Francisco Granados. Según sus manifestaciones, lo normal en los procedimientos urbanísticos es el sobre, el pago en negro, el soborno a los políticos y a los funcionarios públicos. El proceso legal es la excepción.

“Lo más habitual, lo más requerido, es el dinero negro porque las transferencias y las facturas a través de terceras personas son localizables. Quedas en la oficina, vas al ayuntamiento, quedas en la rotonda, para comer o en un bar de putas, pero si das el dinero ahí, las putas se suelen llevar un cacho del sobre”, explica el ex director de Dico y ahora denunciante.

La clave: la recalificación

El gran negocio, el maná para las constructoras, los políticos y funcionarios y la causa de la burbuja inmobiliaria, se encuentra en las recalificaciones de terrenos. “El suelo rústico vale mil y después del acuerdo va a valer diez mil. Multiplicas por 10 o por 50”, explica el exconstructor que participaba en los sobornos y que hoy denuncia el modus operandi.



Con esos modos, Merino confiesa que su forma de trabajar llevó a Dico de ser la constructora número 219 a la sexta de España. Hace doce años la empresa fue constituida con 3.000 euros, pero llega alcanzar en una década un valor patrimonial de 250 millones de euros. “Este elevado y rápido enriquecimiento es digno de investigación por la policía judicial”, asegura la denuncia de Manos Limpias.
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