Rivera abre la puerta a un Gobierno de Rajoy al filo del 20D

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El PP cierra la campaña, con la máxima contención, mientras el PSOE lucha para seguir segundo, en votos y escaños

Albert Rivera, rodeado de los dirigentes de Ciudadanos, en Madrid

Barcelona, 18 de diciembre de 2015 (21:45 CET)

Todo ya pendiente del voto de los ciudadanos. Los partidos han cerrado este viernes la campaña electoral de unas elecciones que pueden cambiar por completo el sistema político tal y como se conocía desde la transición.

En las encuestas, en las últimas semanas, se ha producido una constante, y es la tendencia de Ciudadanos a la baja, la posible remontada de Podemos, el descenso del PSOE y el aguante del PP. Pero, a pesar de todo, Albert Rivera, el líder de la formación naranja, se presenta como la llave que puede permitir un nuevo gobierno de Mariano Rajoy.

Abstención en la investidura

Rivera cerró la campaña con un mensaje claro, consciente del origen de los posibles votos a Ciudadanos, desde todos los rincones de España, más orientados hacia el centro-derecha que a la izquierda. Y aseguró que no iba a facilitar un gobierno de "perdedores" entre los que puedan quedar segundos y terceros.

La idea es "abstenerse", sin pedir nada a cambio, a favor de quien quede primero, y esté en disposición de gobernar. Se refirió Rivera al PP, insistiendo en que esa actitud es la que él desea que tomen los otros partidos si es Ciudadanos quien gana las elecciones.

El partido de Rivera ha ido retrocediendo en las encuestas, y ocupa ahora la cuarta posición, con algo más del 16% o 17% de los sufragios. Sin embargo, existe un porcentaje más alto de indecisos, que lo puede cambiar todo en el último momento. A ello se agarra Ciudadanos.

La poca distancia, además, de los cuatro partidos, entre siete y ocho puntos entre el primero y el cuarto, podría permitir lo nunca visto en España, y es que se vean representados los cuatro en casi todas las circunscripciones, cosa que se suponía imposible, con la Ley D'Hondt.

La UCD gobernó con más holgura

Y, en todo caso, la cincuentena larga de diputados que pueda obtener Rivera, serán decisivos para el PP. El problema es saber cómo podrá gobernar Rajoy, una vez tenga la investidura, algo que tampoco puede dar por seguro.

En esta campaña electoral ha surgido el fantasma de la UCD, la amalgama de sectores ideológicos que se constituyeron alrededor de Adolfo Suárez. La memoria es traicionera, y hay que regresar a las fuentes. El dato es que la UCD gobernó con 1977 con 166 escaños, y en 1979 con 168.

Es decir, bastante más que lo que le auguran las encuestas a Rajoy, que no pasaría de los 120. Pese a ello, el PP ha mantenido una campaña contenida, muy conservadora, dando por hecho que el único objetivo es quedar primero, y luego, ya se verá.

Rivera, sin embargo, ha insistido que no entrará en un gobierno de coalición, y que, aunque pueda facilitar la investidura, ejercerá la oposición. Si esa posición se mantiene, la gobernabilidad de España será imposible.

Gobierno de izquierdas

La otra opción es un gobierno netamente de izquierdas. El PSOE no ha querido saber nada de Podemos en la campaña, y la fuerza que lidera Pablo Iglesias sólo pactaría con los socialistas si queda por delante de Pedro Sánchez. Sin embargo, no todo es tan homogéneo.

En Cataluña, la candidata del PSC, Carme Chacón, ha jugado con un posible acuerdo con Podemos, mientras Pedro Sánchez no ha querido descartar la posibilidad de hacerlo con Ciudadanos. Los socialistas han entrado, en la última semana, a pesar de salir reforzados del debate entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, en una situación muy extraña.

Saben que la ley electoral les favorece, y que, si no sufren un auténtico descalabro, tendrán más diputados que Podemos. Pero puede ocurrir que queden por debajo en número de votos. Eso derrumbaría el liderazgo de Sánchez. Se debe empeorar sus propios registros, los de ahora, con 110. En 1977, las primeras tras la dictadura, logró 166 diputados, y en 1979 consiguió 121, justo antes de que explotara en 1982 con 202 escaños.

Los mercados están a la expectativa. España se la juega el domingo. Y lo que más se penaliza es que el país no pueda tener en un tiempo prudencial un nuevo gobierno. Los indecisos, que alcanzan, según algunos sondeos más del 20%, tienen la solución.

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