Protegido: Ciudades doradas, huellas de Caravaggio, una isla prohibida y mar que se disfruta todo el año o por qué Malta es el destino ideal para 2026
Malta no entiende de estaciones ni temporadas, sino de paisajes, historia, playas y una riquísima gastronomía. Fácilmente accesible desde Barcelona gracias a los vuelos directos de Vueling, el archipiélago se perfila como destino top para 2026
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ieta mil años de historia y una ubicación estratégica en el corazón del Mediterráneo han moldeado el archipiélago maltés, formado por las islas de Malta, Comino y Gozo. A apenas dos horas en avión desde Barcelona, a medio camino entre Sicilia y Túnez, entre el Mediterráneo oriental y el occidental, encontramos un paraíso de aguas turquesas y arrecifes que rodean paisajes agrestes y ciudades doradas.
Fenicios, romanos, árabes, normandos o británicos han ido dejando su huella en sus islas, que combinan sitios arqueológicos declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, misteriosos pecios hundidos, ecos de los Caballeros de la Orden de San Juan o escenarios de películas como Gladiator, El Código da Vinci, Jurassic World o Troya.
Un clima templado, una red de senderos que permiten conocer sus rincones más salvajes, una gastronomía sorprendente, legado de las muchas civilizaciones que han pasado por su territorio, y actividades que permiten disfrutar del mar en cualquier momento, hacen de Malta el destino perfecto para todo el año. Los vuelos directos de Vueling, que conectan Barcelona y Malta a través de cuatro frecuencias semanales, son la última excusa que necesitas para planificar ya la próxima escapada.
Un legado histórico muy vivo
Pocas veces la historia resulta tan accesible como en Malta. Basta con caminar unos metros para pasar de un templo megalítico más antiguo que las pirámides de Egipto, el complejo de Ġgantija en la isla de Gozo, construido alrededor del 3600 a.C., a una ciudad amurallada levantada por los Caballeros de la Orden de San Juan, como es la capital, La Valeta. Mdina, la llamada ‘ciudad del silencio’, parece detenida en el tiempo, mientras que Rabat revela catacumbas y vestigios romanos, y Marsaxlokk sorprende con las coloridas barcas de sus pescadores.
Herencia de todos esos pueblos, siguen visibles hoy en la arquitectura, en el idioma, en la gastronomía o en detalles como sus llamativas cabinas telefónicas en color rojo, idénticas a las que se pueden encontrar en Londres, consecuencia de que el archipiélago fue colonia británica hasta el año 1964.
La Valeta: pequeña, intensa, inolvidable
Recorrer la coqueta capital maltesa depara más de una sorpresa. Compacta y luminosa, sus calles estrechas y empinadas desembocan en el profundo azul del Mediterráneo, en plazas y avenidas peatonalizadas y en monumentos de todo tipo, desde el nuevo Parlamento y la remodelada puerta de acceso a la ciudad, ambas obras del arquitecto italiano Renzo Piano, a los estimulantes jardines de Upper Barrakka, con vistas hacia el Gran Puerto.
Cualquier recorrido debe pasar, además, por la Concatedral de San Juan Bautista, un lugar fascinante que conecta la isla con el genio barroco Caravaggio, que llegó a la isla en 1607 huyendo de Roma, llegó a ser Caballero de la Orden de Malta y dejó en La Valeta una de sus obras maestras, La decapitación de San Juan Bautista, expuesta precisamente en la concatedral, para acabar encarcelado y protagonizando una espectacular fuga.
Naturaleza mediterránea en estado puro
Más allá de las ciudades, Malta ofrece una sorprendente variedad de paisajes naturales. Acantilados que caen en picado sobre el mar, calas de aguas transparentes, senderos rurales y campos salpicados de muros de piedra seca se cuentan entre los atractivos de un destino que cuenta incluso con su propio Camino de Santiago.
La isla de Gozo, más verde y tranquila que Malta, es ideal para quienes buscan contacto con la naturaleza y un ritmo más pausado, con rutas interesantes como la de Ta’ Ċenċ, que conduce desde el poblado de Sannat hacia los acantilados de Ta’ Ċenċ y la bahía de Mġarr ix-Xini, una pequeña cala escondida de aguas cristalinas.
Los acantilados de Dingli y las ‘Líneas Victoria’ -una fortificación militar centenaria- ambas en la costa norte de Malta, o la bahía de Għajn Tuffieħa, también conocida como Riviera Bay, son otras excursiones ideales para conectar con la naturaleza maltesa que, además, pueden realizarse en cualquier momento del año, gracias al clima suave que anima al senderismo, el ciclismo y la exploración al aire libre.
El mar, desde dentro y desde fuera
En medio del Mediterráneo, hablar de Malta es hablar del mar, que aquí se disfruta desde dentro, desde fuera, en su superficie y también en sus profundidades. El archipiélago es uno de los grandes destinos europeos para el buceo, famoso por la extraordinaria visibilidad de sus aguas y por sus numerosos pecios hundidos. Antiguos barcos fenicios y romanos, mercantes, submarinos y aviones de la Segunda Guerra Mundial reposan hoy en el fondo marino, convertidos en arrecifes artificiales y escenarios únicos para inmersiones cargadas de historia.
Sus aguas claras y tranquilas son también un paraíso para el snorkel, el kayak o el paddle surf, formas perfectas de descubrir la costa a baja altura. Por su parte, los paseos en barco permiten rodear acantilados, cuevas marinas y calas inaccesibles por tierra.
Desde 1988 solo es posible visitar la isla de Filfla si se cuenta con un permiso especial ya que es una reserva natural protegida en la que habitan únicamente diversas especies marinas y aves migratorias como el paíño europeo, la perdela atlántica y la gaviota de patas amarillas
Pero el mar también se disfruta desde tierra firme. Playas urbanas y calas escondidas, piscinas naturales excavadas en la roca y chiringuitos donde el tiempo se diluye entre chapuzones y conversaciones al atardecer hacen del Mediterráneo un disfrute constante.
Una gastronomía con acento propio
Al igual que el paisaje, el urbanismo y la arquitectura, la cocina maltesa es un reflejo de su historia: sencilla, sabrosa y llena de influencias, presume de platos como el stuffat tal-fenek (asado de conejo), las pastizzi, hojaldres rellenos de ricota, carne y guisantes, los guisos o el pescado fresco del día -perfectamente podría ser el lampuki, similar a la dorada-, que representan una tradición ligada al territorio y al mar.
Propio de la isla de Gozo, el gozitan ftira es otra de las estrellas a la mesa: un pan plano y rústico similar a una pizza o focaccia, que se completa con rodajas de patata, queso local ġbejna, tomates, aceitunas y alcaparras.
Platos que pueden degustarse en restaurantes clásicos o modernos, locales que reinterpretan la identidad culinaria y que conviven con tabernas de toda la vida y mercados donde probar productos artesanos, entre los que destacan la miel, el queso y el aceite de oliva.
Malta, más allá del verano
Malta guarda incluso pequeños misterios geográficos. Frente a su costa sur se encuentra Filfla, una diminuta isla deshabitada y estrictamente protegida, a la que está prohibido el acceso. Durante años fue utilizada como campo de tiro militar y hoy es un santuario natural para aves y especies endémicas. Su silueta, visible en días claros, añade un punto de intriga al paisaje maltés.
También durante todo el año, las islas se transforman y reinventan con festivales culturales, celebraciones religiosas, eventos deportivos y propuestas al aire libre que mantienen el archipiélago activo los doce meses.
Así, lejos de los tópicos del turismo, Malta es verdaderamente un destino versátil, accesible y sorprendente, ideal tanto para una escapada corta como para un viaje más pausado, en cualquier momento del año. Un lugar donde historia, naturaleza, mar y gastronomía conviven con naturalidad, y que, gracias a Vueling, está mucho más cerca que nunca. Descubre todo lo que Malta puede ofrecerte consultando la web de Turismo de Malta y reserva tu vuelo en vueling.com