Así afecta el dinero al bienestar emocional
El pódcast de educación financiera “Finanzas con EFE”, elaborado por la Agencia EFE con el apoyo de CaixaBank, analiza la relación entre los problemas financieros y la salud mental
En un momento marcado por la incertidumbre económica y el aumento del coste de la vida, el estrés y la preocupación constante se dispara, con el consecuente impacto sobre el bienestar emocional de las personas.
El pódcast de educación financiera “Finanzas con EFE”, elaborado por la Agencia EFE con el apoyo de CaixaBank, analiza la relación entre los problemas financieros y la salud mental.

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A lo largo del episodio, la psicóloga Sonia Barber ofrece claves para recuperar el control financiero, reducir el estrés y mejorar la relación con el dinero.
Un cóctel de emociones
Los problemas económicos generan una mezcla de emociones. «La sensación más común es el estrés constante, no poder desconectar o dormir», explica la experta en psicología. Otra emoción habitual es la vergüenza, una emoción que aísla, así como el agotamiento emocional, dado que mantener una apariencia de normalidad suele consumir una gran cantidad de energía.
Precisamente, el dinero es uno de los principales desencadenantes de ansiedad. «Acaba convirtiéndose en algo recurrente, las personas afectadas por problemas económicos entran en una espiral de la que es difícil salir y que empieza a afectar a numerosos aspectos de la vida», lamenta y advierte que puede llegar incluso a «contaminar» las relaciones interpersonales.
Uno de los principales factores de alarma es la pérdida de capacidad de disfrute. «Todos deberíamos poder gastar una parte del dinero sin culpa, vivir en el presente sin necesidad de calcular constantemente, ni escuchar una voz que diga que no deberías estar gastando», señala.
Impacto de las redes sociales
Sonia Barber explica que no todos los colectivos sufren problemas con el dinero. Entre los perfiles más expuestos a la incertidumbre financiera se encuentran los jóvenes con dificultades económicas, las familias con elevados costes de vida y los autónomos con ingresos irregulares.
A todo ello, se suma el impacto de las redes sociales. «Ver a personas con estilos de vida inalcanzables, es una presión difícil de gestionar y puede generar una sensación de frustración económica«, hace hincapié y reconoce que pocas carteras pueden aguantar un nivel de consumismo similar al que se aprecia en las plataformas.
Control emocional
El estado emocional influye de forma considerable en la forma en la que se gasta y se gestiona el dinero. «La mayoría de cuestiones relacionadas con el dinero no son racionales, dependen de cómo nos sintamos en ese momento, aunque no seamos conscientes de ello», relata.
Un claro ejemplo son los gastos que se realizan cuando se está triste. «En este caso, el gasto puede convertirse en una forma de llenar un vacío, porque una pequeña compra puede dar una chispa de alegría inmediata, el problema es que el alivio dura poco y puede aparecer después la culpa», alerta.
De hecho, cuando la ansiedad se mantiene en el tiempo puede llegar a generar problemas de mayor impacto e, incluso, despertar conductas de alto riesgo entre las cuales se encuentra la pérdida de control financiero, el endeudamiento crónico o las apuestas.
La ocultación de la situación solo empeora el problema. «Cuando se oculta una deuda, la persona evita enfrentarse al problema aquí y ahora, pero si lo pospone probablemente la bola se vaya haciendo más grande y la deuda aumente», concreta.
Mejorar la relación con el dinero
La mejora de la relación con el dinero no pasa por grandes cambios económicos, sino que consiste en la implantación de pequeñas rutinas y hábitos para ayudar a reducir el estrés y recuperar la estabilidad.
Una clara muestra de ello es la organización de los gastos en función de los ingresos, de manera que se destine un 50%, a gastos necesarios; un 20%, a ocio; y un 30%, al ahorro.
También se recomienda construir un colchón de seguridad que permita vivir con tranquilidad y hablar con naturalidad de la gestión del dinero para evitar que se convierta en una fuente de aislamiento o culpa.