60 días en Ceuta: cuánto cuesta resistir y quién responde
Karim Bulaix y Alfredo Abadías analizan en La Plaza el daño a los negocios de Ceuta y qué protección pueden ofrecer los aliados de España
«¿Podré abrir mañana?». La pregunta con la que Karim Bulaix, presidente de la Cámara de Comercio de Ceuta, describe la situación de los pequeños empresarios resume una incertidumbre que va más allá del balance de pérdidas. Lo que necesitan saber es durante cuánto tiempo tendrán que seguir consumiendo sus ahorros para mantener el negocio.
La Plaza dedica el segundo episodio de su temporada 34 a los sesenta días de crisis en Ceuta. En conversación con Ismael García Villarejo, Bulaix explica el deterioro de la actividad y las dificultades para planificar una recuperación mientras persisten las causas del daño. En la segunda parte, Alfredo Abadías, profesor e investigador en Derecho Penal de la Universidad Internacional de La Rioja, analiza el alcance de la protección internacional y el peso de las decisiones políticas.
Las dos entrevistas conectan una preocupación inmediata —cómo sostener empresas y empleos— con otra que afecta al conjunto de España: qué respuesta puede esperar un país de sus socios cuando necesita ayuda.
Resistir sin horizonte
Bulaix establece una diferencia con otras catástrofes: en Ceuta, sostiene, todavía no se ha llegado al momento en el que se pueden dar por terminados los daños y empezar a reconstruir. Esa falta de horizonte condiciona decisiones tan básicas como comprar mercancía, preparar la siguiente campaña o comprometer nuevos recursos.
La Cámara estimó en 33 millones de euros las pérdidas durante agosto, según explica su presidente. Bulaix advierte de que esa cifra no se puede trasladar automáticamente a los meses siguientes. Agosto concentra una parte decisiva de la actividad estival y las fiestas patronales añaden ventas que muchos negocios necesitan para financiar el resto del año.
Para explicar qué hay detrás de ese cálculo, relata el caso de una pescadería que había aprovisionado más de 90.000 euros en productos para la feria. Según su testimonio, la cancelación dejó al empresario con mercancía perecedera que acabó perdiendo. A ese golpe se sumaron después las dificultades para vender y recibir suministros.
El límite del ahorro
El presidente de la Cámara asegura que, hasta el momento de la entrevista, no se habían producido pérdidas considerables de puestos de trabajo. Atribuye esa resistencia al esfuerzo de los empresarios, que siguen sosteniendo sus negocios pese al descenso de los ingresos.
Pero esa capacidad tiene un límite. Consumir ahorros permite ganar tiempo, aunque reduce los recursos disponibles para invertir, reponer existencias o superar el siguiente contratiempo. Cuanto más se prolonga la incertidumbre, más difícil resulta justificar un nuevo esfuerzo.
Bulaix teme que un 20 % de las empresas no sobreviva hasta diciembre. Es una previsión del representante empresarial, no un balance de cierres ya producidos. Su advertencia apunta al riesgo de que una crisis temporal deje una pérdida duradera de actividad.
Ayudas para seguir abiertos
La conversación examina también la distancia entre anunciar ayudas y conseguir que sirvan para mantener una empresa. Bulaix cuestiona que los importes y los tramos previstos reflejen adecuadamente las necesidades de los pequeños negocios.
Lo plantea con un ejemplo: qué puede resolver una ayuda de 5.000 euros para un autónomo con un bar y quince trabajadores si ha perdido una parte sustancial de su facturación. Su petición es que los recursos lleguen a quienes soportan el daño y que los remanentes puedan volver a destinarse a ese objetivo.
La Cámara propone estimular las compras y la restauración mediante bonos de consumo, además de apoyar mejoras en los negocios. Bulaix distingue entre sostener la actividad ahora y atraer inversión cuando se recupere la confianza. Un incentivo fiscal puede mejorar las condiciones futuras, pero el empresario necesita llegar hasta ese momento.
El futuro que se marcha
La pérdida de confianza afecta también a quienes todavía no han decidido dónde desarrollar su vida. Bulaix cuenta que, en una encuesta realizada a jóvenes, detectaron una voluntad extendida de regresar a sus lugares de estudio fuera de Ceuta y quedarse allí.
Ese desplazamiento del talento introduce una consecuencia que no cabe en el balance de un mes. Recuperar ventas puede ser más rápido que recuperar a quienes han construido su futuro en otro lugar.
El presidente de la Cámara reclama que el resto de España comprenda la dimensión de lo que ocurre en la ciudad. Su preocupación combina la supervivencia de los negocios con la capacidad de Ceuta para seguir ofreciendo oportunidades a sus habitantes.
Qué protección existe
La segunda entrevista traslada el debate a los compromisos internacionales. Abadías analiza las particularidades de Ceuta y Melilla ante el Tratado del Atlántico Norte y distingue entre el ámbito territorial de la defensa colectiva y las decisiones que corresponde adoptar a los aliados.
El artículo cinco obliga a asistir al aliado atacado en los supuestos cubiertos por el tratado, pero cada Estado determina las medidas que considera necesarias. La asistencia no equivale a una intervención militar automática. El artículo seis delimita el ámbito geográfico de esa protección, origen de la discusión sobre las dos ciudades españolas en África.
Abadías recuerda además la posibilidad de solicitar consultas a los aliados y examina la asistencia prevista por la Unión Europea. El artículo 42.7 de su tratado establece una obligación de ayuda ante una agresión armada en el territorio de un Estado miembro, con las particularidades que recoge la propia norma.
La conversación distingue esos supuestos de los instrumentos disponibles para gestionar una crisis migratoria. La existencia de un problema en la frontera no permite dar por activados todos los mecanismos de defensa.
Decisiones y responsabilidades
Las entrevistas muestran también la distancia entre la respuesta que reclama Bulaix, partidario de expulsar a quienes han entrado irregularmente, y las garantías que subraya Abadías. El jurista insiste en identificar a las personas, determinar su edad y procedencia y examinar las circunstancias de cada caso, incluidas las posibles necesidades de protección.
Al final, el análisis vuelve a la política. Abadías defiende acuerdos y protocolos claros con Marruecos, la Unión Europea y la OTAN. También reconoce la influencia que pueden tener las relaciones entre los dirigentes cuando llega el momento de concretar una respuesta.
Para quienes intentan mantener abierto un negocio en Ceuta, esos compromisos tienen una traducción cotidiana: poder planificar, conservar el empleo y decidir si merece la pena seguir invirtiendo. El tiempo que transcurre hasta que llega una solución también forma parte del coste de la crisis.
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