Los proveedores instan el concurso de la histórica Aninoto

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El Juzgado Social 5 de Barcelona decreta finalmente la insolvencia del grupo tras la negativa de los Llop Llagostera a aportar información de la firma a los tribunales de lo mercantil

Mercè Llagostera, útima presidenta de Aninoto | ED

19 de noviembre de 2014 (13:57 CET)

La firma Aninoto, conocida por sus pantalones femeninos, está finalmente en concurso de acreedores. La firma cesó su actividad a mediados de 2013 tras una caída de la facturación superior al 70% en tan sólo tres años, pero ha tardado un ejercicio en aceptar su insolvencia. Y no por voluntad propia. Los proveedores y ex trabajadores del grupo han instado el proceso, que se tramita en el Juzgado de lo Mercantil número 8 de Barcelona, encabezado por Marta Cervera.

Los Llop Llagostera se han resistido a tirar la toalla hasta tal punto que la declaración de insolvencia de Aninoto se ha resuelto en el Juzgado Social 5 de la capital catalana, no en el mercantil. En esta sala, los afectados por el cierre de la compañía habían iniciado un proceso para intentar cobrar lo que la dirección les debía.

Informe concursal

La resolución del juzgado social es firme, por lo que la familia deberá aportar toda la documentación económica de Aninoto tanto a Cervera como a la administradora concursal, Irene Pedreño, del bufete Pedreño Abogados y Economistas.

No se conoce el pasivo que arrastraba Aninoto en el momento de cesar su actividad. Los propietarios no han entregado las cuentas a los tribunales, indican a Economía Digital fuentes jurídicas.

Sin esta información no se puede redactar el primer informe de la administración concursal, el documento que audita el estado real de una compañía al concursar. Entre los acreedores, además de los ex trabajadores y proveedores, se encuentran varias entidades financieras.

Problemas en el relevo generacional

Aninoto ha terminado con los libros en los juzgados tras un proceso de reorganización iniciada en 2008 que no llegó a buen puerto.

La firma de moda fue fundada por dos familias catalanas en 1972, los Llop Llagostera y los Armengol. Los problemas llegaron con el relevo generacional, cuando las discrepancias entre ambas por el rumbo que debía tomar la compañía culminó con la compra del 50% de la propiedad en manos de los Armengol por los Llop Llagostera. Nunca se hizo público el montante total de la operación.

El objetivo de la nueva propiedad fue restar protagonismo al pantalón, la prenda que generaba casi una tercera parte de la facturación, para crear una marca mucho más global.
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