Trampas de la OPV de Endesa

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La italiana Enel vende el 20% de la española tras descapitalizarla y sextuplicar su deuda hasta 7.663 millones

Borja Prado, presidente de Endesa

12 de noviembre de 2014 (18:14 CET)

El que avisa no es traidor. El minorista o inversor institucional que, después de leer con detenimiento, el folleto de oferta pública de venta (OPV) de Endesa, decida finalmente embarcarse en la compra de acciones de la empresa eléctrica, lo hará sabiendo los innumerables riesgos que corre.

Lo primero que debe saber es que, pase lo que pase con la colocación, el grupo público italiano Enel seguirá controlando, como poco, el 70,14% de la eléctrica española, de manera que podrá hacer y deshacer a su antojo. Enel y Endesa, distintos intereses

Opreaciones con riesgos

Y lo deja bien claro en el folleto. “Enel puede estar interesado en ciertas operaciones que, a su juicio, podrían mejorar la rentabilidad de la inversión en capital, aunque esas operaciones puedan suponer riesgos para los tenedores de valores de Endesa”, advierte.

Y por si existe alguna duda, avisan los italianos de que “no es posible asegurar que los intereses de Enel coincidirán con los intereses de los demás accionistas de Endesa o que el grupo Enel actuará a favor de los intereses de Endesa”. Como decía aquel: ‘blanco y en botella’.

Se veía venir desde el principio

En realidad, esta maniobra final es algo que se venía fraguando desde hace siete años, desde el mismo momento en que Enel y Acciona lanzaron la oferta pública de adquisición (opa) por la que se quedaron con el 92% de Endesa.

Desde entonces, un sinfín de ventas de activos de Endesa –los mejores, a la propia Enel–, la compra del 25% que tenía Acciona en la eléctrica y el último embeleque, la adquisición, por parte de la propia Enel, de los activos de Endesa en Latinoamérica el pasado 23 de octubre.

Jugada redonda

La traca final previa a la OPV por la que Enel Energy Europe (EEE) compraba a Endesa esos activos por 8.253 millones para, simultáneamente, hacer valer su 92% abonando a los accionistas de la eléctrica española casi 21.000 millones de euros en dos dividendos. Uno, por 6.352,5 millones, a cuenta del ejercicio 2014, y otro, extraordinario, por 14.605 millones (a razón de 13,795 euros brutos por acción), con cargo a reservas por lo ingresado tras la desinversión.

Resumiendo. Enel “pagó” 8.253 millones por esos activos y se embolsó, a través de esos dos dividendos, 19.294 millones de euros. Y deja a Endesa en una situación ciertamente preocupante.

Los números de la nueva Endesa

Con los de España y Portugal ya como únicos activos en el balance, quedan unos ingresos reducidos a menos de la mitad (de 31.200 a 15.500 millones), un patrimonio neto que disminuye, de golpe y porrazo, más de un 66% (de 20.521 a 8.992 millones) y, lo más sangrante, el brutal incremento de la deuda financiera, de 1.293 a 7.663 millones de euros, tras la asunción del cargo de dividendos.

La nueva situación de Endesa supone asumir, como queda puesto de manifiesto en el folleto de la OPV, una ristra interminable de riesgos para los que compren ahora acciones de la eléctrica.

Perderlo todo

Es cierto que en toda compra de acciones existe riesgo, pero cuando te advierten de que “invertir en acciones de Endesa supone asumir un nivel de riesgo y que, antes de adoptar la decisión de invertir, deben considerarse los riesgos e incertidumbres que podrían afectar negativamente al negocio, los resultados, la situación financiera y los flujos de caja” es como para pensárselo dos veces.

Como remate, Endesa deja bien claro que “el precio de mercado de las acciones podría verse afectado, lo que podría supone la pérdida de todo o de parte de la inversión realizada”.

Mismas obligaciones con menos ingresos

Con menos ingresos, menos patrimonio y mucha más deuda de la que tenía hace un mes –seis veces menos– Endesa debe hacer frente a buena parte de las obligaciones que tenia y a las sobrevenidas como consecuencia de la nueva situación.

Entre las anteriores, la parte que le toca de financiación del déficit de tarifa eléctrico. El 44,16% de los, en principio, 3.188 millones fijados. O sea, unos 1.370 millones. Hasta el pasado 30 de septiembre, había financiado 604 millones (427 si se excluyen las compensaciones no peninsulares incluidas en el proceso de liquidación).

España y Portugal, mercados críticos

Un proceso sujeto a nuevos vaivenes regulatorios que pudieran producirse y al que Endesa se enfrenta con tan solo lo que produzcan los únicos dos mercados, España y Portugal, a los que su actividad se ha visto reducida. Dos países en los que la crisis económica ha golpeado con especial dureza, y cuyas consecuencias ha elevado la morosidad de sus clientes por encima de los 350 millones de euros y ha reducido el consumo tanto de gas como de electricidad.

Riesgos propios de la actividad a los que se unen ahora los provocados por ese incremento del ratio de apalancamiento financiero, del 4,7% al 85,2%, tras el pago de dividendos efectuado.

Riesgos adicionales sobrevenidos

De tipos de interés, en relación con la deuda que no está cubierta o lo está de manera insuficientes; de tipos de cambio, por la alta dependencia del gas natural y carbón exterior, las commodities que se compran en los mercados internacionales en dólares, y que, tanto si baja como si sube un 10% el tipo de cambio dólar/euro, supone un impacto medio sobre el margen de contribución del 1,7%, y de crédito y de acceso a los mercados de capitales.

Otro riesgo añadido es que Enel siga vendiendo acciones de Endesa en el futuro, ya que el compromiso adquirido de no hacerlo en un tiempo puede ser anulado en cualquier momento.

Papel mojado de beneficios futuros

Tampoco pueden fiarse los interesados en comprar en acciones de la eléctrica en las estimaciones de beneficios previstas, porque, en este sentido, Endesa hace un ejercicio de yo me lo guiso yo le como poco fiable.

La propia empresa lo reconoce en el folleto, al señalar que la información financiera prospectiva “no conlleva ninguna opinión de terceros sobre la posibilidad de consecución de los beneficios, ni sobre la asunción, estimación o hipótesis sobre las que dicha previsión de beneficios está basada, que son, por su naturaleza, inciertos y susceptibles de verse o no cumplidos en el futuro, por lo que no deben tomarse como garantía de resultados futuros”. Lo dicho, un brindis al sol.
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