Los intereses que subyacen en el indulto de los presos independentistas catalanes

Todos los actores que han tenido que ver con los indultos -o se han mostrado a favor- esconden un interés propio por el que esperan beneficiarse de la medida de gracia

Sabido es que, pese a las pretensiones de algunos politólogos, el conocimiento político no puede asimilarse a un conocimiento científico que deriva rigurosamente –a veces las hipótesis son falsadas y las teorías quiebran, pero aparecen nuevas- de los hechos de la experiencia.

En cualquier caso, el conocimiento científico y el conocimiento político sí comparten un par de cosas: la observación de la realidad y el afán de objetividad. Parafraseando a Francis Bacon –padre de la epistemología moderna-, me permito recordar que si queremos entender la política –él hablaba de la naturaleza-, hay que consultar a la política. El método: observación/hipótesis y verificación (o, mejor, falsación).

A continuación, un resumen de los intereses que subyacen en el indulto de los presos independentistas catalanes. La conclusión, al final.

PSOE

Con el indulto, el PSOE busca: tildar al PP de inmovilista; provocar al PP para que plantee una moción de censura que le equipare a Vox; alcanzar una estabilidad política que le permita agotar la legislatura; ocupar el espacio de Podemos; congraciarse con el electorado catalán para lograr que Cataluña vuelva a ser el granero de votos socialistas; retrasar o detener la reforma del Código Penal –concesión a ERC que evita problemas al PSOE- para neutralizar el intento de Junts de traer a Carles Puigdemont a España; satisfacer al Consejo de Europa y brindar argumentos al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, aunque eso comporte el desprestigio de la Justicia española.

A ello, hay que añadir el afán de Pedro Sánchez de pasar a la Historia como el pacificador –concordia, reencuentro y convivencia, repite una y otra vez- de Cataluña, la necesidad de mostrar su magnanimidad, y la urgencia de dar una buena noticia a la ciudadanía.

ERC

Con el indulto, ERC –por la vía del pragmatismo y la moderación- intenta consolidar su hegemonía en el seno del nacionalismo catalán, se cuelga la medalla del independentismo útil que hace cosas y sienta en una mesa de negociación al Gobierno del Estado –lean España- sin renunciar a la amnistía ni a la autodeterminación, cosa que implica –ese es el mensaje- dotar a Cataluña de la condición de sujeto soberano o casi soberano.

Más: se deshace -de momento- de Carles Puigdemont y el integrismo que le caracteriza al tiempo que intenta atraer a una parte de electorado de Junts, PSC y los Comunes.

Todo ello, conservando la llama sagrada del nacionalismo catalán y diseñando un Govern cuyo sottogoverno –oigan, no es una broma- está formado por decenas de funcionarios o interinos que conservan su puesto de trabajo.

Junts

Con el indulto –aceptado a regañadientes-, descalifica a ERC por haberse rendido al PSOE sin obtener a cambio ninguna promesa sobre la amnistía y la autodeterminación. Pretende representar –hegemonizar- al nacionalismo más radical y alza la bandera –de momento- del legitimismo representado por Carles Puigdemont. Al igual que ERC, también mantiene –nunca mejor dicho, aunque los impuestos los paga la ciudadanía- un sottogoverno que puede catalogarse como el funcionariado del Régimen o del “proceso”.

Comunes

Con el indulto, los Comunes -Podemos a la catalana o algo así, porque nadie sabe a ciencia cierta qué son- se consagran como los braceros del “proceso” –antes circulaba la expresión “tonto útil”- que intentan frenar la caída política y electoral que padecen.

Empresariado

Con el apoyo al indulto, una parte del empresariado catalán o bien quiere lavar el pecado capital –convicción, interés, pusilanimidad- de haber apoyado el “proceso”, o bien quiere colaborar en la búsqueda de la concordia y la reconstrucción de Cataluña que predica Pedro Sánchez, o bien quiere tomar posiciones en la recuperación económica que ya se percibe o en los fondos europeos que se percibirán.

Prensa

Con la propaganda del indulto, la prensa afín –pública o privada- aumenta ventas, clics y subvenciones. Business is bussines. El cuarto poder. Dependiente, por supuesto.

Sindicato de clase

Con el apoyo al indulto, el corporativismo sindical recibe/recibirá el oxígeno necesario para sobrevivir gracias al presupuesto público. Como si de un anuncio clasificado se tratara, se precisa sindicato moderno con buena presencia.

Obispado

Con el indulto, el obispado juega la carta de la misericordia y el perdón. Aunque reclame el cumplimiento de la Ley –cosa que se agradece-, se olvida de la penitencia. ¿A qué parte de la feligresía representa? ¿El apoyo al indulto tiene que ver con la campaña –la crucecita del impreso- del IRPF? ¿Cuál es el papel de Francisco?

Indultados

El indulto posibilita la función de cada cual: Oriol Junqueras juega a ser el Arzallus –el de las nueces y el gen- del nacionalismo catalán; Jordi Sánchez se propone reestructurar y controlar –atención a los movimientos de Jordi Turull- a Junts; y Jordi Cuixart podría reclutar a la feligresía nacionalista con vocación mística y deriva visionaria.

Conclusión

El resultado de la observación es el siguiente: el indulto no obedecería –como señala la Ley- a la utilidad pública, sino a la utilidad política, partidista, empresarial, mediática, sindical y eclesiástica.

Una piedra en el camino

Volviendo a Francis Bacon y a la epistemología, se podría argüir que la conclusión no es sino el producto del inductivismo ingenuo (o del interés político). Discrepo. La conclusión supera, mientras no se demuestre lo contrario, la prueba de la falsabilidad. Por ello, es verdadera.

Ahí tienen ustedes el último experimentum crucis –por cierto, la idea es de Francis Bacon- superado: resulta que el ministro José Luis Ábalos afirma que las causas abiertas en el Tribunal de Cuentas contra algunos líderes independentistas “no dejan de ser piedras en este camino” y por ello hay que “ir desempedrando todo este camino”. Con estos mimbres, la hipótesis de la utilidad política y partidista de los indultos sigue su camino.

Miquel Porta Perales