El precio de la dispersión: cómo España eligió no elegir en la carrera de la IA
Su apuesta por la IA arranca en 2018 con un plan específico de 1.500 millones de euros hasta 2022
Europa parió 15 nuevos unicornios tecnológicos a lo largo de 2025, con la inteligencia artificial dominando la lista como sector protagonista por primera vez en la historia. España aporta uno. Francia suma cuatro. Alemania tres.
Los datos de Dealroom confirman lo que ya hemos comentado aquí en alguna ocasión: mientras nuestros vecinos consolidan ecosistemas tecnológicos robustos, España sigue navegando en aguas menores. La paradoja es que tenemos universidades que forman talento de primera, pero ese talento se marcha. No por falta de ambición, sino por falta de
oportunidades estructurales que aquí no existen.
Francia no ha llegado hasta aquí por casualidad. Su apuesta por la IA arranca en 2018 con un plan específico de 1.500 millones de euros hasta 2022. Dinero que se traduce en incentivos fiscales concretos para startups tecnológicas, créditos de investigación del 30% y exenciones fiscales para inversores que apuesten por empresas de IA en sus primeros años. Una segunda fase del plan, de 2022 a 2025, moviliza otros 2.200 millones, de los cuales 1.500 son financiación pública directa.
España, mientras tanto, ha optado por la dispersión. Los fondos Next Generation se reparten entre mil sectores diferentes. La IA compite por recursos con la agricultura ecológica, el turismo sostenible y la digitalización de pymes. El resultado es que el impacto se diluye. El contraste con Alemania es igual de revelador. Berlín ha creado un ecosistema específico de IA con una inversión pública de 3.000 millones hasta 2025, pero sobre todo con coordinación entre universidades, centros de investigación y empresas. En España seguimos con la tradición del café para todos.
La IA compite por recursos con la agricultura ecológica, el turismo sostenible y la digitalización de pymes
Las cifras de inversión privada son demoledoras. Las startups de IA francesas captaron aproximadamente 1.900 millones de euros en 2024, un 82% más que el año anterior según el informe State of the French Tech Ecosystem de Dealroom. España no alcanza los 200 millones en ese mismo período si acotamos la inversión específicamente al sector de inteligencia artificial. La diferencia no es solo de tamaño de mercado. Es de atractivo regulatorio y fiscal.

La mejor prueba del modelo francés tiene nombre propio: Mistral AI. Fundada en abril de 2023 en París por tres investigadores franceses, Arthur Mensch, Guillaume Lample y Timothée Lacroix, los tres formados en la École Polytechnique y con experiencia en DeepMind y Meta respectivamente, la compañía vale hoy 12.000 millones de euros tras una Serie C liderada por ASML en septiembre de 2025. Es la startup de IA más valiosa de Europa y rival directa de OpenAI. Su sede parisina emplea a casi 300 personas, la mayoría ingenieros con salarios que duplican la media española.
Este resultado no fue accidental. Mistral nació del ecosistema público-privado que Francia lleva construyendo desde 2018: acceso a financiación especializada desde el día uno, investigadores formados en instituciones como el CNRS y el INRIA, y un programa gubernamental que facilita visas para talento internacional. Macron se implicó personalmente en convertir París en el polo europeo de referencia para la IA generativa. El efecto dominó es incuestionable, el talento atrae más talento, el capital sigue al capital.
Mistral nació del ecosistema público-privado que Francia lleva construyendo desde 2018
El modelo francés incluye detalles que marcan la diferencia. Las empresas de IA pueden diferir el pago del impuesto de sociedades durante los primeros tres años. Los investigadores que trabajan en IA están exentos del 50% del IRPF durante cinco años si regresan del extranjero. Los business angels que inviertan en IA pueden desgravar hasta el 75% de su inversión.
España ofrece deducciones generales por I+D que aplican igual para desarrollar una app de delivery que para crear modelos de lenguaje avanzado. La falta de especificidad mata la competitividad.
La dependencia tecnológica ya es realidad. La gran mayoría del software de IA que utilizan las empresas españolas proviene del extranjero. La brecha se amplía cada trimestre. Mientras Francia consolida champions nacionales como Mistral, España sigue importando soluciones desarrolladas fuera.
La solución no pasa por crear más fondos públicos generalistas. Requiere especificidad quirúrgica. Un programa de retención de talento IA con medidas concretas como exención fiscal del 60% para graduados que trabajen en startups de IA durante sus primeros cinco años, visas fast-track para ingenieros extranjeros, incentivos específicos para inversores que apuesten por deep tech.
Singapur lo hizo con el AI Singapore Programme. Israel con el Innovation Authority. Corea del Sur con el K-AI Manufacturing Platform. Todos países que han construido ventajas competitivas específicas en IA, no planes genéricos de digitalización.
El tiempo se agota. Cada trimestre que España sigue apostando por la dispersión es un trimestre que Francia y Alemania consolidan ventajas que después serán imposibles de recuperar.
La elección es binaria, o un programa específico de IA con incentivos quirúrgicos, o aceptar el rol de consumidor perpetuo de tecnología desarrollada por otros. La mediocridad también es una estrategia, aunque nadie la reconozca como tal.