El jiu-jitsu político de masas
Saul Alinsky –arqueólogo, criminólogo, sindicalista y miembro de la mafia de Al Capone- recupera la idea del agitador populista del ¡Ayúdate!, de Samuel Smiles
La autoayuda todo lo impregna. Probablemente, porque genera –realmente o imaginariamente- beneficios y recompensas. Porque, es útil para quienes necesitan un apoyo, o un refuerzo, o una comprensión, o una guía que no encuentran en ningún otro lugar.
En definitiva, la ayuda/autoayuda como terapia. Un fenómeno que empieza a mediados del siglo XIX y todavía hoy sigue vigente. No solo la autoayuda de carácter personal, sino también la de carácter social, especialmente en el ámbito de organizaciones y movimientos sociales como el sindicalismo, el ecologismo o el feminismo. También, agrupaciones de jóvenes, etnias, migrantes, comerciantes o vecinos. Vayamos por partes.
¡Ayúdate!
El origen del tema se encuentra en el libro ¡Ayúdate! (1859) del médico, editor periodístico y politólogo escocés Samuel Smiles. Resulta interesante detenerse en las portadas y publicidad que en aquella época acompañaban la edición del Self-Help de nuestro autor.
Por ejemplo: esta obra pionera dice que “el agitador populista debe complacer a quienes se dirige y siempre es muy gratificante para nuestro amor propio que nos digan que hay alguien a quien culpar por nuestro sufrimiento”; “descubre cómo desarrollar el carácter, la conducta y la perseverancia con ejemplos prácticos y reales”; “utilizando cientos de ejemplos biográficos, Samuel Smiles defiende las virtudes del trabajo duro, la perseverancia y el carácter para lograr el éxito”.
En definitiva: “descubrirás historias reales… de humilde origen que supieron vencer las dificultades para alcanzar el éxito dejando una huella imborrable en la historia de la humanidad”; “historias reales de éxito y de fracaso” para obtener de ellas enseñanza de filosofía práctica de vida; “lecciones antiquísimas, pero saludables” que enseñan que no hay que “dejarse acobardar por las dificultades, vencerlas con paciencia y perseverancia, y que, sobre todo, hay que procurar la elevación del carácter, sin lo cual carece de valor la capacidad, y nada vale el éxito humano”.
Manifestaciones, piquetes, boicots y acciones creativas
En 1946, Saul Alinsky –arqueólogo, criminólogo, sindicalista y miembro de la mafia de Al Capone- recupera la idea del agitador populista del ¡Ayúdate!, de Samuel Smiles, para aplicarla a la correlación de fuerzas sociales en los Estados Unidos de la época. Una idea, como veremos, que reaparece de nuevo, por ejemplo, en la España de nuestros días. La teoría y práctica se encuentra en el trabajo de Saul Alinsky titulado Tratado para radicales. Manual para revolucionarios pragmáticos (edición española, 2012).
Para empezar, se busca la construcción de una community organizing -organización de comunidades- que reúne a personas y movimientos que comparten situaciones y problemas comunes. Objetivo: acelerar el conflicto –la “guerra permanente” sin reglas contra los “demonios” del Sistema- con la intención de alcanzar más poder con lo que ello –extensión de la influencia, capacidad de decisión o satisfacción de intereses- implica. De hecho, se busca un contrapoder. El marco: la democracia mal llamada real. El método, variado: manifestaciones, piquetes, boicots, huelgas y acciones creativas a la carta.
Lucifer y la vanguardia del cambio
Para continuar, el ejemplo de Lucifer –anoten: “el primer revolucionario conocido por el hombre, aquel que se rebeló contra el poder establecido y lo hizo de manera tan eficaz que pudo al menos ganarse su propio reino”-, en donde el autor precisa que el sujeto del cambio son los jóvenes que no quieren pasar el resto de su vida como lo hizo su familia, que no quieren ser un votante con tarjeta de crédito, que quieren finiquitar un mundo enfermo y al borde del precipicio.
Para ello –a la manera del trotskismo de manual-, hay que trabajar dentro del Sistema. Porque, dentro del Sistema están los que “deben sentirse tan frustrados, tan derrotados, tan perdidos, tan desesperanzados con el sistema vigente que estén dispuestos a olvidar el pasado y cambiar el futuro”. Ahí está, la semilla “para cualquier revolución”. Ahí está un Sistema que, “con todas sus represiones” –reconoce el autor-, permite “hablar alto y denunciar a la administración, atacar sus políticas, trabajar para construir una base de oposición política”.
Mejor morir de pie que vivir de rodillas
Y eso es lo que hay que hacer: el jiu-jitsu político de masas. Se necesitan organizaciones de masas que tomen el poder y se lo entreguen al pueblo para hacer realidad el sueño democrático de la igualdad y la cooperación. Todo ello, de la mano de un agitador que domine la comunicación, que se centre en la acción, que sea imaginativo e irreverente, de mente abierta y libre, flexible, que sepa que las ideas nuevas ideas provienen del conflicto, que provoque al poder establecido, que luche por conseguir el poder para que el pueblo pueda utilizarlo. Solo así llegará el día en que “la vida [del pueblo] dejará de ser la oscura monotonía donde lo único que cambia es el día de la semana”.
El jiu-jitsu de Saul Alinsky es el que utiliza la izquierda radical española des del 15-M
¿El fin justifica los medios? Responde Saul Alinsky que la pregunta es otra: “¿este fin en concreto justifica estos medios?” Remata: “para mí, la moral consiste en hacer lo que es mejor para la mayoría”. Es decir, todo vale si es en beneficio del pueblo. De la dictadura del proletariado a la dictadura del pueblo. Así lo justifica –un cierto sentido del humor, no lo negarán- el autor: “una sociedad desprovista de compromiso es totalitaria”. Concluye: “mejor morir de pie que vivir de rodillas. En esto consiste la revolución”. Frase de Dolores Ibárruri, “Pasionaria”.
Unos ilusos peligrosos
El jiu-jitsu de Saul Alinsky es el que utiliza –su Manual es una lectura corriente- la izquierda radical española –Podemos, Sumar, Más País, Bildu y en alguna medida y ocasión los sindicatos de clase y los nacionalismos identitarios- des del 15-M. La lucha callejera, el insulto, la kale borroka cuando conviene, el conflicto por el conflicto, la criminalización de la derecha liberal o la máquina del fango. Y siempre están indignados. Una filosofía del conflicto permanente que se complementa con la poética cursi del tenemos derecho a la felicidad para poner finalmente el mundo sobre sus pies.
Difícilmente se encontrará, en la cultura occidental, una manifestación más genuina –un singular híbrido del movimiento de los indignados y de nuestra progresía- de persiguederechas, salvapueblos, salvatrabajdores, salvaidentiaddes, salvaciudadanos, salvademocracias y salvamemorias a la carta.
Unos ilusosos que todavía comulgan con una máxima de su antepasado Saul Alinsky: “debemos creer que estamos tan solo en la oscuridd que precede al alba de un nuevo mundo maravilloso; lo veremos cuando creamos en él”. Peligro.