El feminismo pretende colonizar la escuela
“Hacia una escuela feminista”, proclaman unas escuelas catalanas
Con motivo de la última celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora se publicaron encuestas y opiniones sobre el presente y el futuro del feminismo. Por decirlo resumidamente: el feminismo va perdiendo simpatizantes -es un asunto minoritario habida cuenta de que la mayoría de las mujeres han conseguido buena parte de sus aspiraciones: la tercera mujer de Gilles Lipovetsky ya está aquí- de forma acelerada al tiempo que se ha transformado en una ideología. Tan es así que, en España, existe ya el feminismo burocrático de Estado que se fundamenta en la milonga de que el capitalismo es antifeminista.
Pero, ¿de qué feminismo hablamos?
Cuando se habla de feminismo, no se sabe de qué se está hablando exactamente si tenemos en cuenta las diversas olas y variantes del mismo: el liberal, el radical, el socialista, el ecofeminismo, el interseccional, el comunitario, el de la igualdad, el de la diferencia, el abolicionista, el disidente, el ciberfeminismo, el científico, el negro, el cultural, el de clase y ahí no acaba la lista.
Un feminismo -el de nuestros días- de aires callejeros, carnavalesco, musical, peleón, que se apunta al woke para así cancelar/condenar todo lo que no comulga con sus ideas, que ha legalizado el agravante del sexo masculino siempre culpable por definición, que ha devenido un Tribunal Internacional que condena el capitalismo y tilda de fascista cualquier disidencia.
Hay algo más si tenemos en cuenta que el feminismo –especialmente, el de Estado– no resiste la tentación de los los proyectos de ingeniería social deliberada que pretenden reeducar al ciudadano en los valores de la corrección política feminista-progresista. Como dirían los situacionistas de los 60 del siglo pasado, se trata de “comunicar órdenes” y “educar una generación”. Del activismo y el feminismo de agitación al feminismo despótico de Estado. En España, por ejemplo.
Hacia una escuela feminista, exigen
El pensamiento viral feminista ha colonizado ya, entre otros aspectos de la vida privada del individuo, la estética y el lenguaje. Por un lado, señala cómo hay que vestir, cómo se debe cortar el pelo o cómo hay que maquillarse para superar la violencia o presión estéticas: por otro lado, señala cómo adaptar la lengua al género femenino suprimiendo, por ejemplo, el masculino genérico. Por supuesto, no hay que publicitar la cultura de la moda ni de la dieta.
Como no podía ser de otra manera, el feminismo está ya colonizando la escuela. “Hacia una escuela feminista”, proclaman unas escuelas catalanas -educación infantil y educación primaria- cuyos valores son la justicia social, la participación comunitaria, la acción solidaria, la educación transformadora, la horizontalidad y el asamblearismo en la toma de decisiones y el feminismo. Lo primero que hay que decir es que dichas escuelas son muy ambiciosas. Ahí es poco lo que reivindican el profesorado y los padres y madres de la escuela.
El feminismo contra el feminismo
No se conforman con una sociedad más justa -tampoco, con la participación, la solidaridad, las asambleas, etc.- y exigen también la perspectiva de género, la diversidad afectiva-sexual, la ruptura de los estereotipos de género o la reivindicación del colectivo LGTBIQ. Hacen suyo todo aquello -pura ideología en donde destaca la creencia en un capitalismo antifemenista: ¡qué manía!- que ha deshecho el feminismo convirtiéndolo en una caricatura de sí mismo.
Si el feminismo –desde la primera ola feminista impulsada por Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft y su Vindicación de los derechos de la mujer de 1792– ha tratado, grosso modo, el asunto del sexo como una cuestión de origen y poder, el transfeminismo da un paso –no hacia adelante sino hacia atrás- que pone en cuestión la propia condición femenina.
Así las cosas, ¿por qué el profesorado y los padres y madres de los alumnos no colaboran -como ya hace el feminismo clásico- en la restitución de la realidad de lo femenino/feminista y sus patrones/valores particulares de conducta. ¿Acaso la condición de mujer es una decisión o una concesión administrativa? ¿Acaso la condición de mujer es un sentimiento? ¿Acaso la condición de mujer –o de hombre- se puede construir o deconstruir a voluntad o a la carta por la vía de la genitalidad disidente o la sexualidad neutra?
Por lo demás, sería conveniente que el profesorado y los padres/madres de los alumnos se preocuparan de poner en entredicho un transfeminismo –obsesionado en firmar la defunción de la mujer como realidad biológica: según parece, la biología es una ideología conservadora o reaccionaria por culpa de los cromosomas, las hormonas, las gónadas, las glándulas o la anatomía- cargado de riesgos, especialmente en los menores de edad. Así se ahorrarían de explicar las -dicen- distintas identidades de género que existen, según los trans: agénero, bigénero, cisgénero, género fluido, intergénero, intersexual, no binario, pangénero, transgénero, transexual, trigénero y persona de sexo no ajustado o non conformig o genderqueer.
Ni tambores, ni guirnaldas, ni bailes, ni disfraces
El feminismo no puede colonizar la escuela. Aunque, los profesores y las profesoras digan que “la escuela pública será feminista, o no será”. En medio del ruido de tambores, los adornos de guirnaldas, los bailes al compás, los disfraces vistosos, nos vienen a la mente demasiadas preguntas y sólo una respuesta: manipulación.