Pedro Sánchez, autoengaño y mentira
Un sujeto que manifiesta su excesiva confianza en sí mismo que le conduce a la necesidad de ser reconocido y admirado
Sobre la manera de actuar y comportarse de Pedro Sánchez -si se quiere, de su estrategia y de su táctica que, a veces, se confunden o superponen- se han escrito cientos de artículos. Una manera de actuar y comportarse -el autoengaño y la mentira- que es propia del ser humano y no es sino un resultado de la evolución de las especies. Cosa que muestra y demuestra el historiador y biólogo Robert Trivers, de la Universidad de Harvard, en su celebrado ensayo titulado La insensatez de los necios. La lógica del engaño y el autoengaño en la vida humana (2013).
La cuestión que nos invita a leer el trabajo del biólogo norteamericano -por cierto, fundador de la sociobiología- no es otra que la de distinguir el tipo de autoengaño y engaño que práctica Pedro Sánchez. Eso y sus consecuencias. Vayamos por partes.
La ciencia del autoengaño
Nuestro autor construye una teoría y una ciencia del autoengaño -lo dice un biólogo y no un sociólogo o psicólogo o politólogo o filósofo- partiendo de la siguiente idea: el ser humano se autoengaña -una cuestión evolutiva, decíamos antes- para engañar mejor a los demás. Más: para engatusar a los otros nos acostumbramos, por ejemplo, ha reorganizar o tergiversar la información de mil y una maneras. Una maniobra que puede llegar a ser, incluso, inconsciente. Una maniobra -dice el científico- que estaría excluida de la conciencia para almacenarse en diversos grados de inconsciencia.
Concluye el autor que, en nuestra especie, el engaño y el autoengaño son dos caras de una misma moneda. Es decir, de una misma persona o personaje. Matiza el autor un par de cuestiones. Primera cuestión: si solo entendemos por engaño el que se lleva a cabo conscientemente -la mentira lisa y llana-, perderemos de vista las categorías mucho más numerosas de los engaños inconscientes, entre los cuales el autoengaño. Segunda cuestión: si solo prestamos atención al autoengaño y no vemos que tiene sus raíces en el afán de engañar a otros, perderemos de vista su función principal de engatusar al prójimo. Una última consideración a tener en cuenta: la tentación -por la situación o los intereses que sean- de racionalizar el engaño como una herramienta únicamente defensiva cuando es un arma generalmente ofensiva.

Cómo detectar el sujeto que engaña
A quien engaña se le puede y suele descubrir por su nerviosismo. La cuestión: ¿cómo detectar a una persona nerviosa? Sucintamente: adopta una actitud de control que le lleva reprimir o acelerar ciertos gestos o actitudes como el parpadeo o el movimiento, eleva o rebaja la tensión y el tono, sobreactúa en circunstancias concretas, transmite el mensaje de que todo está perfectamente calculado y planificado.
Al nerviosismo y el control hay que añadir un elemento fundamental que Robert Trivers denomina la “carga cognitiva”: quien miente está obligado a borrar la verdad y construir una falsedad plausible -aunque únicamente sea en la superficie- que nunca contradiga las creencias o necesidades del receptor. Y algo más que se debe evitar para engañar al personal: no hay que mostrar esfuerzo para controlarse, no use un tono muy agudo, no se muestre excesivamente rígido, no eleve la tensión muscular, no tiemble ni se irrite.
No hay que mostrar esfuerzo para controlarse, no use un tono muy agudo, no se muestre excesivamente rígido, no eleve la tensión muscular, no tiemble ni se irrite
El problema: la carga cognitiva, así como el tono de voz, no hay manera de evitarlos. De ahí, el descubrimiento del que engaña y miente. Más: cuanto más grande es el carga cognitiva, más probable es que se manifiesten los procesos inconscientes que llevan al autoengaño y al engaño. A lo que debemos añadir pequeños detalles que delatan al mentiroso o al que engaña: quien miente reduce el uso de los pronombres en primera persona “yo”, “me” o “mi” como si renegara de sí mismo, disminuye el uso de construcciones concesivas que empiezan con “aunque”, no frecuenta los términos negativos. Una ejemplo que utiliza el autor para distinguir al que engaña o miente del que no lo hace: quien no miente podría decir “Aunque llovía, fui a caminado a la oficina” y el mentiroso diría “Fui caminando a la oficina”. La personalidad y decisión del Yo.
Lo que define y caracteriza al engañador y su autoengaño
Un sujeto que manifiesta su excesiva confianza en sí mismo que le conduce a la necesidad de ser reconocido y admirado. Un narciso excepcional que cree tener más derechos y cualidades que los demás y por eso está a capacitado para realizar sus ideas. Se cree protagonista de hazañas y de ahí surge el enaltecimiento de uno mismo.
Un sujeto que siente menosprecio por los otros, que modifica su imagen para sentirse todavía mejor y que se compara con los peores para defenderse y enaltecerse.
Un sujeto que también considera que su grupo es el mejor y que los otros -Ellos, los peores- son inferiores.
Un sujeto que, al considerarse dueño del poder, corrompe sus procesos mentales fácilmente. El resultado: no contempla la opinión del otro y no entiende el mundo del otro. Puede definirse como arrogante e intolerante. Un personalidad con pasta de autócrata.
Un sujeto dotado de una superioridad moral que le lleva a tener facultades superiores y a ser más justo
Un sujeto siempre preparado para controlar la situación. Cosa que conlleva a la certeza y a la esperanza de la ilusión.
Un sujeto que construye teorías sesgadas y no admite discusión alguna. La controversia no existe.
Un sujeto que, ante determinadas ideas o hechos que le pueden salpicar, fabrica relatos personales falsos e indica que él nunca ha pensado -las ideas erróneas en discusión- así.
Un sujeto que, vía módulos inconscientes dedicados al engaño, utiliza estratagemas para manipular a los otros.

Cómo funciona la mente
Estas características que definen al personaje -“categorías de autoengaño”, en la terminología de Robert Trivers- son el “sello distintivo del autoengaño al servicio del engaño, idear inconscientemente estratagemas egoístas y capciosas, presentar una imagen de persona altruista, eficaz y benévola, formular teorías sociales interesadas y relatos internos sesgados sobre nuestro comportamiento, y también armar relatos históricos falsos sobre nuestra conducta pretérita que ocultan sus verdaderas causas e intenciones”.
El funcionamiento: la mente consciente se dedica (en parte) a construir una imagen falsa y, al mismo tiempo, pasa por alto las propias contravenciones y las pruebas de ellas.
Una variante: el autoengaño inducido que aparece cuando el organismo funciona inconscientemente a favor de los intereses del organismo que le impone el autoengaño,
El autoengaño y engaño en Moncloa
Pedro Sánchez -añadan los centenares de asesores que se pasean por los despachos de la Moncloa- es una variante alarmante de la teoría de Robert Trivers. En lugar de autoengañarse inconscientemente para engañar a los demás; en lugar de ello, Pedro Sánchez selecciona primero conscientemente el engaño para elaborar después a la carta el autoengaño que convenga. Un par de ejemplos, entre decenas: el no pacto con Bildu, o el nunca se amnistiará a los golpistas nacionalistas, devienen un pacto y una amnistía. El engaño se convierte en un proyecto que, por encargo, programa el inconsciente. Ahí aparece una de las “categorías” que enumera Robert Trivers: la figura del profesional del engaño que engatusa al ciudadano elaborando -cuando quiera, desee o le convenga- relatos a la medida que esconden sus verdaderas intenciones. A eso se llama mentir. Peligro.
Francis Bacon: “Nunca excusarse, nunca explicarse”. Narciso, devaluado y rencoroso, sigue enamorado. De sí mismo.