Marruecos sabe que este es el momento de ocupar Ceuta y Melilla

Que cincuenta mil personas crucen en un día desde territorio marroquí hacia territorio español mientras los agentes de frontera se retiran no es un fallo de gestión

Se calcula que cincuenta mil marroquíes han entrado en Ceuta en menos de veinticuatro horas. Cincuenta mil. Para que la cifra sea comprensible: es la población entera de una ciudad mediana española vaciándose en un día sobre ocho kilómetros cuadrados de territorio español en el norte de África. Los agentes marroquíes, al parecer, se retiraron al paso de los jóvenes, aunque en algunos videos se les ve organizando a la marabunta bajando de camiones. No fallaron, no fueron desbordados. Se apartaron. Y quien quiera entenderlo, lo entiende.

Pedro Sánchez dice que lo ocurrido es una «violación de la integridad territorial de España» y echa la culpa a las mafias. Siempre las mafias. Una excusa como otra cualquiera para no señalar a quien corresponde señalar. Porque las mafias cobran por pasar personas, una a una, en patera, de noche, con riesgo y con precio. Las mafias no organizan el paso simultáneo y diurno de miles de personas por un espigón que nadie custodiaba. Eso no es una mafia. O en todo caso eso es una operación que organiza otro tipo de mafia. Y las operaciones tienen un responsable que no es una red criminal anónima, sino un Estado con nombre, bandera y rey.

Marruecos lleva décadas diciendo en voz alta lo que esta semana ha aplicado por la vía de los hechos. Ceuta y Melilla son marroquíes, reclama Rabat cuando le conviene. Son territorios ocupados, dice cuando quiere presionar. Son ciudades cuya españolidad es una anomalía histórica que el tiempo y la demografía acabarán corrigiendo, piensan. Nunca han ocultado el objetivo. Lo que cambia no es la ambición sino el momento. Y el momento, ahora mismo, no podría ser más propicio.

Decenas de personas siguen intentando cruzar la frontera, a 31 de julio de 2026, en Ceuta (España). Foto: Marcos Moreno / Europa Press
Decenas de personas siguen intentando cruzar la frontera, a 31 de julio de 2026, en Ceuta (España). Foto: Marcos Moreno / Europa Press

Porque hay que ver el tablero completo para entender lo que está ocurriendo: Sánchez lleva años sometido a Marruecos (algún día conoceremos las razones) sin dar ninguna explicación ni en el Parlamento ni fuera de él. Asumió el plan marroquí de autonomía como la solución «más seria, creíble y realista» sobre el Sáhara Occidental, lo que cambió la histórica postura de España sin que mediara ningún debate con el resto de fuerzas políticas, sin explicación pública y sin que ninguno de los socios que mantienen a Sánchez en la Moncloa pidiera cuentas. Sumar, Bildu, ERC, Junts, el PNV. Ninguno. Porque ninguno de ellos va a defender la españolidad de Ceuta y Melilla con especial entusiasmo. Para algunos, cuanto más complicado se lo pongan a España, mejor. En esto, como pasó en el Mundial de fútbol, también van con quien juega contra España.

Y luego está Washington. Durante la crisis de Perejil en 2002, Estados Unidos no respaldó a Marruecos y entendió la famosa operación militaR española en el islote. Hoy el paisaje es radicalmente distinto. Trump ha reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara, Marruecos tiene una relación privilegiada con Israel, e Israel tiene una relación privilegiada con la administración americana. El triángulo Rabat-Washington-Tel Aviv en 2026 no es el triángulo de 2002. Y España está fuera de él. Un exasesor del Pentágono ya ha pedido públicamente que Trump declare Ceuta y Melilla «territorios marroquíes ocupados». Aunque no se llegue a ese extremo, todo es muy preocupante.

La responsabilidad de Marruecos en lo ocurrido esta semana es flagrante en términos de derecho internacional. Un Estado tiene la obligación de controlar sus fronteras e impedir salidas masivas e ilegales hacia terceros países. Que cincuenta mil personas crucen en un día desde territorio marroquí hacia territorio español mientras los agentes de frontera se retiran no es un fallo de gestión. Es una decisión. Y las decisiones de Estado tienen consecuencias diplomáticas que este Gobierno español parece incapaz o nada dispuesto a exigir.

Sánchez ha agradecido a Marruecos su «cooperación». Su cooperación. El mismo país cuyos agentes facilitaron con su inacción que pasara todo ese gentío recibe el agradecimiento del presidente del Gobierno español. La gramática de la rendición tiene sus propias normas, y Sánchez las domina como nadie.

Varios migrantes en el agua tratan de traspasar la frontera entre Ceuta y Marruecos, a 31 de julio de 2026, en Madrid (España). Foto:
Marcos Moreno / Europa Press
Varios migrantes en el agua tratan de traspasar la frontera entre Ceuta y Marruecos, a 31 de julio de 2026, en Madrid (España). Foto: Marcos Moreno / Europa Press

Lo que está ocurriendo en Ceuta no es una crisis migratoria. Es una prueba. Marruecos está midiendo cuánto puede hacer sin consecuencias reales. Y la respuesta, hasta ahora, es que puede hacer mucho. Parece incluso que este es el momento de hacerse con las dos ciudades españolas que tanto anhela. Podrían ser incluso sedes marroquíes del próximo Mundial de fútbol de 2030 que el reino alauí organizará junto con Portugal y España. Porque para eso estamos nosotros, para ayudar a nuestro necesitado vecino del sur.

Marruecos siempre ha dicho que quiere Ceuta y Melilla. Y esta semana ha dado un paso de gigante para conseguirlo. Y España ha respondido con boyas, con agradecimientos y echando la culpa a una mafia que nadie sabe quién es. O sí.

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