Pedro Sánchez contra los valores de Occidente
La España del dominio señorial de Pedro Sánchez, a la antigua usanza predemocrática, ha recuperado algunas de las viejas ideas como la invasión de las instituciones o el ataque a la propiedad privada
Con el consentimiento pasivo de la invasión de Ceuta por Marruecos, Pedro Sánchez se ha doctorado cum laude en el Grado de Demolición de los Valores de Occidente.
Para entendernos, un valor no es sino una propiedad, o cualidad, o acción, o movimiento que satisface positivamente las necesidades del ser humano y de la sociedad. En el caso y la cuestión que nos ocupa, los valores occidentales son aquellos -entre otros- que nos definen y caracterizan como, por ejemplo, la democracia, el derecho, los derechos fundamentales, la ley, las normas, el pluralismo, la prensa, la convivencia, la prudencia, la justicia, la propiedad, el mercado, la igualdad de oportunidades o la educación. Poco de eso, nos brinda el sanchismo.
La España del dominio señorial de Pedro Sánchez, a la antigua usanza predemocrática, ha recuperado algunas de las viejas ideas como la invasión de las instituciones, el ataque a la propiedad privada, la nacionalización empresarial o la existencia de una prensa que recuerda el Pravda leninista o El Alcázar franquista.
El sanchismo promueve una suerte de democracia real -más leninismo- que dice representar a la clase trabajadora, que acomete contra la libertad de mercado, que sueña con nacionalizar la banca, que arremete contra un fascismo diseñado a la carta, que expende certificados de buena conducta, que sueña con una protesta/revuelta popular que se enfrente y venza a la denominada derecha del fango diseñada a la carta.
Pedro Sánchez levanta un Muro sin ningún Checkpoint Charlie, amnistía a golpistas, indulta a delincuentes, se desplaza a la República Popular China como alumno de José Luis Rodríguez Zapatero y compañero de viaje del gigante asiático. Por si hay alguna duda del comunismo y/o socialismo rancio/viejuno que le rodea, flirtea con el hispanófobo Grupo de Puebla. Más: les invita a un Congreso en Barcelona en donde gobierna el criptonacionalista Salvador Illa. Sputnik y Russia Today se hacen eco de semejantes eventos.
Por si fuera poco, Pedro Sánchez atiza a los Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y la ONU. Hamas, Hezbolá y los hutíes aplauden. Y, sobre todas las cosas, hay que decir “si bwana” a Marruecos, no sea que … España se está quedando, como dice el tango, “sola, fané y descangayada”. Mientras tanto, Pedro Sánchez publica el playlist del verano antes de instalarse en La Mareta.

El sanchismo marca perfil y se luce cuando transgrede el marco constitucional e institucional así como las reglas de procedimiento de la democracia y transita por un camino que no es el adecuado. Pongamos por caso el PSOE de Pedro Sánchez que se empeña en regenerar la democracia.
Es decir, en degenerar la democracia colonizando las instituciones, modificando el acceso de jueces y fiscales, reformando la Ley de Enjuiciamiento Criminal y otras lindezas como la amnistía de los sediciosos, los pactos de investidura y la financiación singular de Cataluña. El objetivo: por un lado, quebrantar la separación de poderes; por otro lado, alcanzar y conservar el poder. Un atentado a la democracia que ya ha situado a España en la lista de democracias iliberales y anuncia la llegada de la autocracia a España.
Quien observe la lógica socialista, concluirá -más perfil y lucimiento- que el PSOE –con alguna excepción- se define hoy por quebrar los fundamentos del Estado de derecho, fracturar la convivencia social, huir de la realidad, instalarse en un universo paralelo alejado de la legalidad democrática y escenificar –ahí aparece la cara oscura del socialismo- esa comedia progresista de quienes se publicitan como redentores de los necesitados ofreciendo un mundo mejor y más justo.
El Tribunal que valora a los alumnos del Grado de Demolición de los Valores de Occidente, ha tenido cumplida cuenta de todo lo dicho y ha convenido otorgar el cum laude a don Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
Según ha podido saber -de fuentes generalmente bien informadas-, quien escribe este artículo, que el Tribunal ha valorado especialmente y positivamente las siguiente virtudes del aspirante al doctorado: el fraude electoral que supone no convocar elecciones, el asalto a la independencia judicial, el arte de la ocultación, la falsedad deliberada, la victimización propia, la polarización de la sociedad, la falacia como método para desprestigiar al adversario, la estrategia del poder y la falta de escrúpulos. Un ejemplo. Un modelo.
Edmund Husserl diagnosticó, en 1936, en la Asociación de Cultura de Viena, que “el más grande problema que amenaza Europa es la lasitud” (La filosofía en la crisis de la humanidad europea en el volumen Invitación a la fenomenología). Unos años después, esa lasitud, ese cansancio, tuvo horribles consecuencias.