Del intelectual comprometido al charlatán en la Red
Pedro Sánchez recuperará los elogios vertidos no hace mucho si tenemos en cuenta las características de sus mandatos
La figura del intelectual comprometido, entendida como aquel individuo que se dedica a la elaboración y/o crítica de teorías y concepciones del mundo, mayoritariamente desde la perspectiva de la izquierda, está en vías de desaparición. De momento, guarda silencio. Cosa lógica si tenemos en cuenta que a la izquierda ya casi nadie le ríe las gracias por ser quien es. La ciudadanía -intelectual incluido- entiende que la izquierda no es buena por naturaleza, ni honesta ni moral por decreto, ni tiene el monopolio de la transformación y el cambio político, económico, social y cultural.
Así las cosas, nuestro intelectual engagé -generalmente engreído e intocable- prefiere no pronunciarse para no ponerse en evidencia. ¿Se imaginan ustedes hoy –después de lo ocurrido y de lo que vendrá– a unos intelectuales saliendo en defensa de Pedro Sánchez y de un PSOE que ha enmudecido? Nadie tiene el valor de hacerlo. Prefieren callar. Está en juego lo que todavía queda de su ya malgastado prestigio. Mejor callarse. Si hablara, sería señalado y marginado. A ver, ¿dónde están hoy los manifiestos o artículos de antaño en defensa de Pedro Sánchez?
Difícilmente, Pedro Sánchez recuperará los elogios vertidos no hace mucho si tenemos en cuenta las características de sus mandatos: una izquierda de deriva absolutista y autocrática, incapaz de aceptar la realidad y oír a la oposición, fabricante de una summa thelogica con la cual hay que comulgar bajo peligro de marginación o excomunión. El sanchismo o una suerte de iglesia en la cual se aloja un irredentismo que se caracteriza por un judo (a)moral que excluye -sea un constitucionalista sin tacha, un patriota español, un ciudadano liberal, un creyente religioso, un pro-israelí o la economía mercado entre otros vicios- a todo infiel según su intachable criterio.
El intelectual comprometido va languideciendo poco a poco como ocurre -dicho sea con todos los respetos del mundo- con muchas especies. Cosa que sucede porque el intelectual se ha quedado sin un espacio propio e intransferible. Hoy por hoy, todos nos atrevemos a opinar y juzgar sobre cualquier asunto por complejo que sea. Hoy por hoy, todos nos atrevemos también a descalificar a cualquier intelectual.
Vale de decir que una buena parte de los intelectuales ha contribuido, con ahínco y sectarismo, al desprestigio del gremio. Me refiero -sacando a colación a Antonio Gramsci: uno de los teóricos del modelo de intelectual marxista que ha sido hegemónico en España hasta hace unos pocos años- a los intelectuales empeñados en colonizar el pensamiento de la ciudadanía con las ideas y teorías marxistas-revolucionarias. Me refiero a aquellos intelectuales comprometidos que se empeñaron también en catequizar a una masa transformada en el intelectual orgánico del pueblo. Lo cierto fue que la unión estrecha entre la masa, el partido (comunista), los dirigentes proletarios y los intelectuales críticos; todo ello, solo fue un sueño. Afortunadamente, por cierto.
Si Antonio Gramsci se esforzó en impulsar la formación de un nuevo tipo de intelectuales que constituyeran el “personal político especializado” competente para desarrollar la revolución o el cambio político y social; si ese era su proyecto, la izquierda española -comunistas y socialistas- de nuestros días se ha encargado de dinamitar lo poco que quedaba del invento.
En cualquier caso, los intelectuales comprometidos de izquierda en España han sido substituidos -dejando a un lado a los sincronizados- por algunos charlatanes que pastorean por la Red.
Los intelectuales comprometidos de izquierda en España han sido substituidos
Un ejemplo: “Cuando se sepa todo, que se sabrá, nadie va a entender cómo Mazón ha sido capaz de seguir siendo President un año entero. Ni cómo Feijoo ni cómo Abascal fueron sus cómplices, manteniéndole en el cargo. Un año entero. Con 229 muertes. Es incomprensible”. Nuestro tuitero -más allá del tema en cuestión- no hace otra cosa que ocupar el lugar del desaparecido intelectual comprometido sanchista. ¿Qué objetivos? Los mismos del jubilado intelectual crítico: arremeter contra el adversario/enemigo del Presidente y valorizarse a sí mismo. En definitiva, hay que que hacer méritos.
Una versión degradada de aquellos intelectuales franceses que, en 1898, defendieron a Dreyfus, acusado y condenado injustamente por un supuesto delito de espionaje y traición. Allí empezó todo y aquí acaba todo.