Deformaciones
La deformación distorsiona cualquier hecho político, convirtiendo los casos de corrupción, como el que se le imputa a Rodríguez Zapatero, en escenas grotescas, violentas y encubiertas
El artista Marcel Duchamp afirmó: “La deformación (…) es una característica de nuestro tiempo, no se sabe por qué”. Su observación, realizada a principios del siglo XX, alcanza hasta nuestro presente, donde cualquier acontecimiento político acaba siendo mostrado como una distorsión de la realidad, como un ruido que silencia a la razón.
La deformación distorsiona cualquier hecho político, convirtiendo los casos de corrupción, como el que se le imputa a Rodríguez Zapatero, en escenas grotescas, violentas y encubiertas. La caída de Zapatero se deforma hasta el extremo de llevar a asociarla a la de Sánchez y provocar un alargamiento de los cargos que se le imputan para que lleguen incluso a provocar la caída del Gobierno.
La deformación lleva al niño inocente que antes exclamaba “¡el rey está desnudo!” ante el asombro de la corte que, de tanto adularlo, se había autoengañado hasta llegar a pensar que su rey era infalible, a gritar ahora: “¡el rey no se puede mover!”.
No se puede mover, no porque esté desnudo y sienta vergüenza o pudor de ser visto sin ropa, sino porque va exageradamente ataviado, llevando demasiadas capas que le impiden moverse.

A su cuerpo se le han adherido los legajos de todos los casos de corrupción, impidiéndole avanzar. Hemos pasado de descubrir la desnudez del rey en la mirada del niño a comprobar estupefactos su incapacidad para moverse, anunciando su inminente caída.
La cuestión que debemos preguntarnos es cómo se ha llegado al extremo de necesitar deformar un caso de corrupción que, por sí solo, como muestran la instrucción y el informe del juez, revela ya la desnudez del corrupto hasta el extremo de exhibir todos los pliegues de la carne, la flacidez de sus músculos, incluso la mirada atrapada de quien se sabe observado por aquellos a quienes tanto criticaba.
Cuál es la razón por la se intenta convertir un caso de supuesta corrupción en un monstruoso caso de abuso de poder y tráfico de influencias que no es muy diferente de otros casos de parecidas características.
La respuesta la podemos encontrar en la necesidad de construir una realidad deformada, porque la realidad, en sí misma, es demasiado insoportable y desveladora, y necesita ser ocultada tras una estética aberrante, mutilada y desgarrada que la haga soportable a los ojos tanto de quienes apoyaron y se sirvieron de Rodríguez Zapatero como de aquellos que lo combatían; porque la realidad en si misma descubre ante todos la vulnerabilidad del poder al que algunos se acogen para actuar en su propio interés .