Mussolini cayó del trono
Conviene remarcar que el suicidio del fascismo en Italia fue organizado, planificado y ejecutado por la cúpula del mismo movimiento
Emilio Gentile -profesor en la Universidad de Roma La Sapienza– es, sin ningún género de dudas, uno de los grandes historiadores del fascismo italiano. Ahí están reconocidos ensayos como ¿Quién es fascista?, El fascismo y la marcha de Roma, Mussolini contra Lenin, Fascismo: historia e interpretación o La mentira del pueblo soberano en la democracia.
El 25 de julio de 2023, El Grand Continent -una revista del Group d´études géopolitiques editada en francés, italiano y español- nos sorprendió con el avance –el prólogo– de un ensayo de nuestro historiador cuyo título era El extraño final de Mussolini, hace 80 años. Gentile inédito.
El ensayo relata lo que ocurrió la tarde del 24 julio y madrugada del 25 de julio de 1943 en la reunión del Gran Consejo del Fascismo celebrada en la sala Pappagallo del Palazzo Venezia. Aquella noche en que sus camaradas derrocaron a Benito Mussolini. ¿Una empresa temeraria, una conspiración, un intento de renovación, el suicidio consciente de un régimen o quizá la eutanasia de un Duce que había perdido el carisma? El caso es que los camaradas -siguiendo la tradición clásica romana- se libraron del dictador. Lo intentaron y lo consiguieron.
¿Qué ocurrió? El fascismo cayó gracias a una crisis interna, ya no podía resistir más. Benito Mussolini fue derrotado por el propio Gran Consejo que votó mayoritariamente en su contra en una moción de censura. Era la primera vez que ocurría. “Firmaron su fin. ¡Por fin!”, afirma nuestro autor. El 25 de julio de 1943, por la tarde, cuando salía de la audiencia con el rey, Benito Mussolini fue detenido por los carabinieri. “Era el fin del régimen fascista”, concluye.
Conviene remarcar que el suicidio del fascismo en Italia fue organizado, planificado y ejecutado por la cúpula del mismo movimiento -de una parte, por mejor decir- y no por el ejército, ni por la monarquía, ni por la oposición política, ni por el sindicalismo de clase, ni por la revuelta popular. El Gran Consejo tenía por objeto “derrocar a Mussolini y a la dictadura”. Cosa que “significaba efectivamente la deposición del dictador, la condena de la dictadura y del sistema totalitario y, como consecuencia fatal, el hundimiento del régimen”.
El arresto de Mussolini fue una sorpresa para todos los participantes en el acto final del Gran Consejo
Conviene remarcar también -el revisionismo entra el juego- que, una parte del Gran Consejo, creía que, para salvar al Duce y conservar el régimen, el rey debía recuperar los poderes militares al tiempo que las instituciones tomaban de nuevo el mando constitucional. Así, de esta manera, se podría rescatar y reformar un fascismo en crisis bajo una nueva forma. Emilio Gentile: “era un intento extremo, no de salvar al fascismo tal como era, sino de salvarlo devolviéndolo, mediante drásticos remedios, a su esencia y constitución auténticas”.
Probablemente, la versión de los acontecimientos que se desarrollaron durante esas diez horas decisivas estuvo condicionada y guiada por dos hechos -la detención de Benito Mussolini y el rápido final del régimen fascista- que no habían sido previstos por los participantes en la última sesión del Gran Consejo Fascista. El arresto de Mussolini fue una sorpresa para todos los participantes en el acto final del Gran Consejo, que se enteraron de la noticia a través de confidencias primero y, después, por el anuncio radiofónico de las 22:45 horas del 25 de julio.
Benito Mussolini –durante las discusiones que propició la sesión del Gran Consejo- se limitó a decir lo que sigue: “¡Señores, cuidado! La agenda [el voto de la moción de censura] podría poner en peligro la existencia del régimen… [una vez votado] habéis provocado la crisis del régimen. Se levanta la sesión”. En pocas palabras, el Duce había comprendido el qué de la reunión al tiempo que aceptaba la realidad. La pregunta: ¿por qué Benito Mussolini no hizo nada para impedir la votación a sabiendas de que el Gran Consejo nunca había aceptado una votación no programada con anterioridad?
La respuesta podría estar en las palabras que Dino Grandi -impulsor de la moción de censura- dirige, de improviso, a un Benito Mussolini “sentado en su trono, sombrío y amenazador”. El texto del camarada Dino Grandi acusa al Duce de imponer un dictadura, de traicionar al pueblo italiano, de germanizar Italia, de ir contra los intereses, los sentimientos y el honor de los italianos.
Mussolini, después de escucharlo en silencio durante casi una hora, finalmente perdió los estribos y empezó a interrumpirlo y a contradecir lo que estaba diciendo. “Mussolini -remarca Dino Grandi– puso el grito en el cielo: No es verdad, no es verdad. Ese hombre os engaña, miente”. Finalmente, se volvió amenazador: “Esta tarde, te dejé decir lo que pensabas… podría haberte interrumpido y haberte hecho arrestar”. Y continuó con una expresión de dolor y reproche: “Parece que hay alguien aquí a quien le gustaría deshacerse de mí”.
Acabada a la votación, “Mussolini se enderezó en su trono y nos miró uno por uno. Luego se levantó con pesadez. Cuando llegó a la esquina de la mesa para marcharse… aparece sorprendido, pero su rostro sombrío permanece impasible. Miró fijamente a la asamblea. Luego, tras una pausa dijo `han provocado la crisis del régimen’. Dijo eso, pero seguía sin creérselo. Se levantó”.
Así -de esta manera tan extraña- acabó, como dice el historiador italiano Emilio Gentile, una dictadura en Italia hace justamente ochenta y tres años.