Por qué ser conservador
El conservadurismo es el blanco preferido de una izquierda y un progresismo que necesita un adversario
En España, el conservadurismo tiene muy mala fama. El conservadurismo –que suele asimilarse sin más y equivocadamente a la derecha o a la derecha radical- es el chivo expiatorio que carga con todos los pecados habidos y por haber en este nuestro mundo. El conservadurismo es el blanco preferido de una izquierda y un progresismo que necesita un adversario –a veces, elevado a la categoría de enemigo- para así justificar sus ideas, proyectos o acciones. Ese Mal que es el conservadurismo frente a ese Bien que es la izquierda y el progresismo.
Vale decir que, para la izquierda y el progresismo, el Mal conservador se extiende, como si de un rizoma se tratara, aquí y allá contaminando la economía, la política, la sociedad, la cultura, las migraciones, el ecologismo, el feminismo, la política de la paz y lo que ustedes quieran añadir. Un mal endémico. Habitual. Incurable. Siempre presente y al acecho, dicen.
No es eso, no es eso
El caso es que no resulta fácil saber de qué hablamos cuando hablamos del conservadurismo.
En la mayoría de los casos, se afirma que el conservadurismo es una ideología o política que trata de conservar ciertos valores que considera como eternos e inalterables. También, se afirma que conservador es aquel que posee o aquel que teme que un cambio político pueda perjudicar su situación –la propiedad o la influencia, por ejemplo- o la de su clase social. El conservador –el conservadurismo- se opondría a toda reforma o sustitución que, por definición, empeoraría la existencia del ser humano. No es eso.
De qué hablamos cuando hablamos de conservadurismo
Si nos atenemos a la politología, el conservadurismo remite a las ideas y actitudes que apuntan al mantenimiento del sistema político y de sus modalidades de funcionamiento y se ubican como contrapartida de las fuerzas innovadoras. Una definición con sus pros y sus contras.
Por su parte, Valentí Puig -por citar a un intelectual que ha tratado el tema en su ensayo Moderantismo, 2008– entiende el conservadurismo como una alternativa reformista. Un juste milieu que afirma las libertades, la responsabilidad individual, el Estado de derecho, el capitalismo liberal, la globalización, la sensatez, la tecnociencia, el esfuerzo, la meritocracia, la igualdad de oportunidades, la reforma del Estado del bienestar, la seguridad, el control de la inmigración.
Un conservadurismo realista y pragmático que se traduce en una política del sentido común que persigue la prosperidad individual y general y el bien común. Por otra parte, el autor nos previene de los viejos demonios de la Historia, de las abstracciones ideológicas, del ideal inalcanzable de consecuencias imprevisibles. Y advierte que en política nunca hay soluciones últimas, que nada puede evitar la incertidumbre y el conflicto, que la Historia progresa y regresa.
Una caracterización que tiene en cuenta el sentido del límite, que no se empeña en contener el cambio sensato, que no excluye la transformación deseable. En definitiva, “la acción razonables” de Raymond Aron”. O, en palabras de Valentí Puig, “soy conservador, porque no quiero que se pierdan las lecciones de la historia (Annus horribilis, 1993).
¿Qué significa ser conservador?
Gregorio Luri, uno de los ensayistas y aforistas españoles más sólidos de nuestro tiempo, nos da cuenta y razón del ser y el estar del conservadurismo en su ensayo La imaginación conservadora. Una defensa apasionada de las ideas que han hecho del mundo un lugar mejor (2019). Un libro de actualidad permanente si tenemos en cuenta la fobia enfermiza de la izquierda española ante/contra el conservadurismo. A ello, añadan la ignorancia y la manipulación. También, las malas intenciones.
Nuestro ensayista muestra que conservadurismo –o ser conservador, si quieren- es amar la herencia recibida y mantener el ecosistema cultural en el que germina nuestra identidad. Amar, pero no blindar. Porque, de lo que se trata es de tener un referente –somos distintos de nuestros padres- que nos ayude a seguir caminando. Hay que saber de dónde venimos, para seguir andando en uno u otro sentido o dirección. El mensaje: cuidado con los revolucionarios que hacen borrón y cuenta nueva del pasado. Cuidado con los revolucionarios y sus utopías que siempre nos han llevado –el terror como método y la opresión y miseria como destino- al peor de los mundos posibles. Ejemplos, sobran.

No hay ninguna revolución que valga
Las revoluciones son la mejor prueba a favor de un conservadurismo que siente aversión al intento de rehacer en su totalidad la realidad, que desconfía de las grandes abstracciones y los paraísos prometidos y que constata la realidad de un progreso que, con frecuencia, no es sino un retroceso. Ni la revolución proletaria, ni el inexistente hombre nuevo, mejoran la condición humana. La empeoran. En el mejor de los casos –después de millones de víctimas, de hambre y de sumisión-, tenemos el ejemplo de un comunismo soviético que es el camino más largo para ir del capitalismo al capitalismo. Al peor capitalismo.
Lo cierto es que muchas conquistas políticas y sociales provienen del conservadurismo: Bismarck impulsó el Estado del bienestar; Benjamin Disraeli instauró el derecho a la huelga; Eduardo Dato creó el Ministerio de Trabajo e impulsó la legislación social; Richard Nixon incorporó una enmienda a la Ley de Normas Razonables de Trabajo que supuso un incremento salarial del 40 % para las rentas bajas al tiempo que ratificó una reforma constitucional que otorgaba iguales derechos a hombres y mujeres, implementó una renta básica universal para trabajadores o desocupados y aprobó la Ley Nacional de Política Ambiental, la Ley de Aire Limpio, la Ley de Agua Limpia y la Ley de Protección de Mamíferos Marinos.
El conservadurismo no es lo que se dice
La reflexión de Gregorio Luri pone al descubierto el error de quienes –sobre todo en España- creen que el conservadurismo es sinónimo de prejuicios trasnochados, de añoranza de pasado, de individuos educados en la resignación, de la voluntad de salvar privilegios adquiridos heredados por una minoría elitista. Y que nadie crea ya que los conservadores viven en casas con poca luz, atmósfera estancada, pátina, retratos familiares severos, sofás mullidos, negocios controlados por gestores. No es eso.
¿Qué es el conservadurismo? ¿Qué significa ser conservador?
Rotundo, Gregorio Luri: conservadurismo es compromiso con las dimensiones del tiempo. El conservador no se niega a ser moderno sino a ser únicamente moderno. El conservador busca unos caminos abiertos por la tradición que no se deben despreciar y quizá haya que renovar. El autor recuerda que los pueblos poderosos son los que actualizan sus tradiciones, tienen confianza en sí mismos y creen en su capacidad para afrontar el futuro.
Ser conservador –indica nuestro autor- conlleva una interpretación del mundo que preserve peculiaridades, una visión de la naturaleza respetuosa, una orientación moral, unos programas de gobierno que rechacen la idea del timonel con rumbo seguro, una retórica y criterios de coherencia modulados por la prudencia, un gobernar con prudencia que convive con la decepción.
Un lugar mejor para vivir
El objetivo del conservador -aires aristotélicos-, que hace del mundo un lugar mejor para vivir, siguiendo la reflexión de Gregorio Luri: una comunidad prudente de ciudadanos que se comportan educadamente en los diferentes ámbitos de copertenencia en que desarrollan sus vidas aprendiendo unos de otros con plena conciencia del valor de la unidad que engloba y hace posible sus diferencias.
Gregorio Luri, sacando a colación a Jaime Balmes, avisa: “ni desprecie lo pasado, ni desatienda lo presente, ni pierda de vista el futuro”.