Desarmando la guerra en la escuela
El “No a la guerra” -implementado por la intervención militar de Israel y Estados Unidos en Gaza, Líbano e Irán- ha dado lugar a la recuperación de una campaña pacifista en la escuela
El “No a la guerra” -implementado por la intervención militar de Israel y Estados Unidos en Gaza, Líbano e Irán– ha dado lugar a la recuperación de una campaña pacifista en la escuela.
El origen de la idea -ejecutada en 2018 y resucitada en 2026- se encuentra en un Policy Paper publicado por el Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP) en 2018. Título: Desmilitarizar la educación. Vía esencial para conseguir un mundo pacífico. Autora: Ainhoa Ruiz Benedicto, Doctora en Paz, Conflictos y Desarrollo por la JUI (Universitat Jaume I) y miembro del Centre Delàs d´Estudis per la Pau de Barcelona. Divisa del Centro: “25 años desarmando la guerra”. Objetivo: promover la cultura de la paz, facilitar la resolución pacífica y la transformación de los conflictos violentos. Consignas: “si no queremos la guerra, educamos por la paz” y “espacios educativos libres de ejércitos y armas”.
El trabajo de nuestra doctora de la paz ha desembocado en la campaña Desmilitarizamos la Educación que vincula a unas cien entidades en la tarea de fomentar la paz en la educación. El principal e inmediato objetivo: “denunciar la creciente presencia del ejército en espacios educativos, tanto formales como informales y no formales”.
De la teoría a la práctica, los desmilitarizadores educativos denuncian la presencia del ejército en espacios educativos con el objeto de reclutar a jóvenes para la guerra. Aducen que “este hecho se produce en un contexto global de rearme y fracaso de las políticas internacionales que sólo benefician al negocio de la muerte y destrucción”. Cierto. Pero, ¿qué hacer -pongamos por caso- cuando Rusia -ejército, tanques, cohetes, drones y destrucción generalizada- invade ilegalmente a Ucrania? ¿Quizá cruzarse de brazos para después celebrar que Rusia ha conquistado Ucrania y ha establecido la soñada paz? Veamos, ¿qué sería de Ucrania sin su ejército y sin la ayuda militar de Estados Unidos y la Unión Europea? ¿La cultura de la paz? Menuda broma.
Los desmilitarizadores educativos denuncian también la presencia del ejército en el Salón de la Enseñanza de Barcelona. Aducen acuerdos democráticos, resoluciones parlamentarias y consensos municipales. ¿Qué escándalo? A poco que se les escuche, desarmarían/suprimirían el ejército, la Guarda Civil y la policía nacional, autonómica y municipal. También, la información, las películas y las series televisivas de carácter militar. Si todo eso ocurriera, ¿qué harían nuestros jóvenes si tienen la mala suerte de verse en medio de algún tipo de conflicto militar?
Tranquilos, porque la Plataforma Desmilitarizamos la Educación, “defiende una educación basada en la cultura de la paz, el diálogo, la convivencia y el antimilitarismo”. Más: “aspiramos a un mundo más justo y seguro, sin armas, que cubra las necesidades básicas de todos y respete los derechos humanos”. Todavía más: “defendemos la resolución no violenta de los conflictos y los mecanismos de prevención, mediación, cooperación y diálogo”. Santa inocencia, decía mi abuela Antonia. Desarmar la guerra en la escuela -o en cualquier otro lugar y de cualquier otra forma o manera- equivale a llenar el cementerio de víctimas que no supieron ni pudieron defenderse. La paz del cementerio.
La Plataforma Desmilitarizamos la Educación replica: la guerra no es sino “un execrable, ignominioso y cruel atentado contra la vida de las personas, el medio ambiente y los derechos humanos… los desplazamientos forzados no paran de crecer por el aumento de los conflictos, la intensidad de la violencia, la inseguridad, la escasez de alimentos y la crisis climática… la violencia máxima se ceba en las mujeres que sufren agresiones, violaciones y vejaciones de todo tipo”. Lamentablemente cierto. Nadie las defendió como se debía.
La solución de la Plataforma, que no habla del terrorismo de los movimientos autodenominados liberadores: “la necesidad de educar para generar pensamiento crítico hacia el militarismo que nos aboca a la destrucción, al sufrimiento y a la muerte”. Sigue la santa inocencia y a ningún desmilitarizador no se le ocurre que muchas de las guerras podrían cesar con una respuesta militar ordenada.
Insisten, con letra mayúscula: “Las Armas no Educan, Las Armas matan”. No hay que perder la esperanza: algún día entenderán -realidad obliga y las fantasías e ilusiones son fantasías e ilusiones- que la Guerra -aunque no guste- conduce a la Paz. Eso habría que explicar en la escuela. Y en la calle.