Culpable e inocente 

Zapatero solo podrá salir del juicio siendo culpable o inocente. Solo hay dos posibilidades y ninguna más

Durante el último mes, la política española ha tenido un protagonista: José Luis Rodríguez Zapatero, que ha destacado sobre los demás al ser investigado por presuntos delitos de tráfico de influencias, blanqueo de capitales, organización criminal y falsedad documental. Un caso que ha llevado a muchos ciudadanos a aventurarse a condenar a Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno español, y a otros a absolverlo antes de que el juez dicte sentencia. Dos visiones antagónicas que, sin embargo, coinciden en que Zapatero solo podrá salir del juicio siendo culpable o inocente. Solo hay dos posibilidades y ninguna más. 

También coinciden en que el deseo de verlo condenado o de verlo exonerado es lo que les mueve a defender o atacar a Zapatero. Un señalamiento de culpabilidad o una exoneración anticipada de cualquier delito que habla más de cómo se sienten los ciudadanos ante la política que de la causa procesal en la que se encuentra inmerso Rodríguez Zapatero. 

Tanto quienes creen y sostienen que es culpable como quienes le apoyan y creen que es inocente muestran que la política española ha llegado a un punto en el que poco importa ya si un político es culpable o no. Lo verdaderamente significativo es que una inmensa mayoría de los ciudadanos considera que ya no hay nadie inocente, o suficientemente inocente, en política como para no ser declarado culpable en algún momento. 

Lo que se impone, ante la sucesión de presuntas tramas de corrupción, es la obligación de adoptar una de dos posiciones: estar a favor o en contra de los políticos. Quienes intentan no dejarse arrastrar por los prejuicios y persiguen la equidad parecen vivir fuera de la realidad. 

De este modo, tanto los acusadores como los defensores de Zapatero consiguen que la justicia, cuando emita su fallo, quede en entredicho, cualquiera que sea su veredicto. Se produce así una apropiación política de la justicia que convierte la culpabilidad o la inocencia de Zapatero en una simple reyerta partidista, determinada por la coyuntura y no por el juicio a un expresidente que sostiene que se le acusa por las joyas porque «estaban allí», como expresó en una entrevista en TVE. 

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