India, el gigante que despierta: la lenta marcha hacia una nueva potencia mundial
India ya no puede ser analizada exclusivamente como un país emergente. Su dimensión económica, demográfica, tecnológica y militar obliga a contemplarla como uno de los pilares de la futura arquitectura internacional.
Una potencia que ya no puede ser ignorada
Hay países que ascienden de forma fulminante y otros que construyen su poder durante décadas, casi en silencio, hasta que llega un momento en que resulta imposible ignorarlos. India pertenece claramente a la segunda categoría. Su emergencia económica no tiene la espectacularidad de la transformación china de las últimas cuatro décadas, pero posee una característica que puede resultar todavía más decisiva: parece ser un proceso estructural, profundo y sostenido, apoyado en la demografía, el tamaño del mercado interno, la tecnología, los servicios, la industrialización progresiva y una creciente ambición geopolítica.
India no está simplemente creciendo. Está cambiando de escala.
Los números empiezan a reflejarlo. India es ya la cuarta economía mundial según la Comisión Europea y una de las grandes economías con mayor ritmo de crecimiento. Su población ronda los 1.450 millones de habitantes y el crecimiento económico se mantiene por encima del 6 %. La Unión Europea la considera una de las economías grandes de crecimiento más rápido del mundo.
La cuestión fundamental no es ya si India se convertirá en una de las grandes economías mundiales. Esa transformación está en marcha. La cuestión es hasta dónde puede llegar y qué consecuencias tendrá para el equilibrio económico y geopolítico del siglo XXI.
India ya no puede ser analizada exclusivamente como un país emergente. Su dimensión económica, demográfica, tecnológica y militar obliga a contemplarla como uno de los pilares de la futura arquitectura internacional.
El dividendo demográfico: una oportunidad extraordinaria
La gran singularidad india está en la combinación de escala y potencial. Con más de 1.400 millones de habitantes, India dispone de un mercado interno que ningún otro país, salvo China, puede igualar. Y, a diferencia de China, todavía tiene por delante una parte considerable de su proceso de urbanización, industrialización y aumento de productividad.
Ahí reside una de las grandes ventajas estructurales de India. Una economía de semejante tamaño puede sostener una expansión prolongada incluso en un contexto internacional adverso. El consumo interno, la inversión pública, las infraestructuras, la digitalización y el crecimiento de los servicios generan un círculo virtuoso que puede reforzarse durante décadas.
Sin embargo, sería un error interpretar la demografía india únicamente como una ventaja. Una población gigantesca sólo constituye un dividendo demográfico cuando existe capacidad para convertir millones de jóvenes en trabajadores productivos.
El gran desafío: crear empleo y productividad
Este es probablemente el gran desafío económico de India. No basta con crecer. India necesita crecer suficientemente rápido y, sobre todo, generar millones de empleos productivos.
Una economía de servicios avanzados, software, tecnología financiera, farmacéutica y centros de servicios globales puede crear enorme valor, pero no absorbe por sí sola la totalidad de la fuerza laboral de un país de esta dimensión. Para que el dividendo demográfico no se transforme en presión social, India necesita una industrialización mucho más profunda.
Aquí aparece uno de sus principales estrangulamientos. India ha conseguido construir empresas tecnológicas extraordinariamente competitivas y una formidable industria de servicios, pero todavía no ha alcanzado la densidad industrial de China.
La transformación de millones de trabajadores agrícolas hacia actividades industriales y de servicios de mayor productividad será una de las grandes pruebas del modelo indio. De su éxito dependerá buena parte de la capacidad del país para transformar su extraordinaria dimensión demográfica en poder económico real.
Make in India: la batalla por la industria
El Gobierno de Narendra Modi ha entendido que esta es una batalla estratégica. Programas como Make in India y Production Linked Incentives pretenden atraer inversión y transformar India en una plataforma manufacturera global.
La rivalidad entre Estados Unidos y China, las interrupciones de las cadenas de suministro y la búsqueda empresarial de estrategias China+1 están creando una oportunidad histórica para India.

La cuestión es si India será capaz de aprovecharla.
Tiene algunas cartas extraordinarias: una formidable industria farmacéutica, una creciente capacidad electrónica, una industria automovilística relevante, importantes sectores de ingeniería y una posición cada vez más significativa en tecnologías digitales.
Pero India tiene que resolver todavía problemas relacionados con infraestructuras, logística, cualificaciones profesionales, burocracia, regulación y diferencias entre estados. El desafío no consiste simplemente en atraer fábricas. Consiste en crear un ecosistema industrial capaz de competir globalmente.
La revolución digital india
La India digital es una de las dimensiones menos comprendidas de su emergencia. El país ha demostrado que puede saltar etapas tecnológicas.
Millones de ciudadanos han pasado directamente a utilizar teléfonos inteligentes, pagos digitales y servicios electrónicos sin atravesar necesariamente las mismas fases de desarrollo que siguieron las economías occidentales.
Esta capacidad de leapfrogging tecnológico puede convertirse en una de las grandes ventajas competitivas indias.
Pero la tecnología no elimina los problemas materiales. Una economía de 1.450 millones de personas necesita energía, agua, carreteras, ferrocarriles, puertos, vivienda, hospitales, escuelas y ciudades funcionales.
India tiene que construir, prácticamente de forma simultánea, la economía digital del siglo XXI y las infraestructuras físicas que otras economías construyeron durante muchas décadas.
La paradoja de una gran economía con una población todavía pobre
El PIB total puede convertir a India en una superpotencia económica sin que ello signifique que la mayoría de los indios tengan niveles de vida comparables a los europeos.
El PIB per cápita sigue siendo bajo para una economía de semejante dimensión. Esta diferencia entre potencia económica agregada y riqueza individual constituye una de las grandes paradojas indias.
India puede ser una de las mayores economías del mundo y, simultáneamente, continuar siendo un país relativamente pobre por habitante.
Esta dualidad será determinante. La India del futuro no será necesariamente homogénea. Ya hoy existe una enorme diferencia entre estados y regiones.
Energía, agua y cambio climático: los límites del crecimiento
También existen riesgos medioambientales considerables. El cambio climático, el estrés hídrico, la contaminación urbana, la vulnerabilidad a las olas de calor y la dependencia del monzón constituyen amenazas económicas, no sólo ambientales.
La dependencia energética constituye, precisamente, otra vulnerabilidad. India necesita enormes cantidades de petróleo y gas para alimentar su crecimiento y depende considerablemente de las importaciones.
En un mundo marcado por guerras, sanciones, interrupciones de rutas marítimas y volatilidad de los precios energéticos, esta dependencia constituye un riesgo estratégico.
India tendrá que encontrar un equilibrio complejo entre crecimiento económico, seguridad energética y transición climática. Las energías renovables ofrecen una oportunidad extraordinaria, pero el tamaño de la economía y de la población obliga a mantener durante mucho tiempo una combinación energética diversificada.
China: el gran rival asiático
Y después está China.
La relación entre las dos grandes civilizaciones asiáticas será probablemente una de las variables decisivas de la política internacional del siglo XXI. India y China son competidores económicos, vecinos con una frontera disputada y potencias nucleares.
Las tensiones fronterizas de los últimos años dejaron claro que la competencia no es meramente económica.
India observa con enorme atención la expansión china en el océano Índico, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la relación de Pekín con Pakistán y la creciente presencia china en los países vecinos.
India tampoco puede ignorar a Pakistán, con quien mantiene una relación históricamente conflictiva y cuya proximidad geográfica, capacidad nuclear y relación estratégica con China convierten el subcontinente en una de las regiones potencialmente más peligrosas del mundo.
Una potencia que no quiere elegir un bloque
Por eso la emergencia económica india tiene inevitablemente una dimensión geopolítica. Nueva Delhi no quiere convertirse simplemente en una gran economía. Quiere convertirse en una potencia autónoma.
La palabra clave de su política exterior es precisamente autonomía estratégica.
India mantiene relaciones con Estados Unidos y Europa, participa en el Quad, compra armamento occidental, mantiene relaciones con Rusia, pertenece a los BRICS y desarrolla simultáneamente vínculos con Oriente Medio, África y el sudeste asiático.
No pretende elegir un bloque. Pretende aumentar su margen de maniobra.
Esta autonomía estratégica será probablemente uno de los rasgos distintivos de la India del siglo XXI. Nueva Delhi sabe que su fuerza futura dependerá precisamente de no convertirse en dependiente de ninguna de las grandes potencias.
Europa descubre a India
Y es aquí donde Europa aparece como un socio potencialmente extraordinario.
La Unión Europea e India representan conjuntamente un mercado de unos dos mil millones de personas y cerca de una cuarta parte del PIB mundial. La UE es uno de los principales socios comerciales de India, con un comercio de bienes de aproximadamente 120.000 millones de euros en 2024.
Pero durante demasiado tiempo la relación económica entre ambos espacios ha estado por debajo de sus posibilidades.
Europa necesita un gran mercado de crecimiento y una potencia capaz de contribuir a diversificar las cadenas globales de suministro. India necesita capital, tecnología, acceso a mercados y socios que no pretendan convertir la relación en una subordinación estratégica.
El acuerdo de libre comercio: una nueva etapa
El cambio comenzó a materializarse con la conclusión de las negociaciones del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea e India el 27 de enero de 2026.
El acuerdo constituye una auténtica ruptura con el pasado. La Comisión Europea lo presenta como el mayor acuerdo comercial jamás concluido por la UE o por India. Prevé eliminar o reducir los aranceles sobre el 96,6 % de las exportaciones europeas a India y podría duplicar las exportaciones europeas de bienes hacia el mercado indio hasta 2032.
Conviene, no obstante, hacer una precisión importante: la conclusión de las negociaciones no equivale todavía a la entrada en vigor del acuerdo. Los textos están sometidos a revisión jurídica y sólo serán definitivos tras su firma; posteriormente deberán completarse los procedimientos internos necesarios en ambas partes.
Pero el significado político ya es enorme.
El acuerdo puede convertirse en mucho más que un tratado comercial. Puede ser el principio de una asociación económica y estratégica de nueva generación.
Europa necesita diversificar sus relaciones comerciales y reducir determinadas dependencias estratégicas. India necesita ampliar sus mercados, atraer inversión y acelerar su industrialización. La convergencia de ambas necesidades puede transformar profundamente la relación bilateral.
Portugal: ¿la historia como ventaja o como desventaja?
En este nuevo escenario aparece una cuestión particularmente interesante para Portugal: ¿puede la extraordinaria historia compartida con India convertirse en una ventaja económica o corre el riesgo de convertirse simplemente en una reliquia sentimental?
La respuesta depende de lo que Portugal sea capaz de hacer con ella.
Portugal posee algo que prácticamente ningún otro país europeo puede ofrecer a India: una relación histórica directa, profunda y todavía visible. La llegada de Vasco da Gama a la India inauguró una relación regular entre Europa y el subcontinente indio; la presencia portuguesa se prolongó durante siglos y Goa, Damão y Diu dejaron una huella cultural, religiosa, arquitectónica y lingüística que todavía forma parte del paisaje indio.
Pero esa historia tiene dos caras.
Para Portugal, constituye un extraordinario capital de proximidad cultural. Para India, forma parte también de la historia del colonialismo europeo. La relación no puede, por tanto, construirse sobre una visión romántica del pasado. Necesita una lectura madura, equilibrada y orientada hacia el futuro.
La cuestión de Goa fue durante décadas un elemento de tensión. En 1961, la India tomó militarmente Goa, Damão y Diu, poniendo fin a aproximadamente 450-500 años de presencia portuguesa. La posterior normalización de las relaciones y, especialmente, la consolidación democrática portuguesa permitieron superar progresivamente aquella herencia conflictiva.
Hoy, paradójicamente, aquello que en otro momento fue fuente de conflicto puede transformarse en un instrumento de proximidad.
La comunidad de origen goés, la arquitectura, la gastronomía, determinadas tradiciones culturales, la lengua portuguesa y las conexiones familiares constituyen puentes que otros países europeos simplemente no poseen.
Pero Portugal ha cometido históricamente un error: ha confundido relación histórica con relación económica.
Tener cinco siglos de historia no significa tener automáticamente una posición privilegiada en el mercado indio. La historia abre puertas; no firma contratos.
La propia experiencia de las relaciones bilaterales lo demuestra. En 2017, durante las visitas de António Costa a India y de Narendra Modi a Portugal, ambos países firmaron numerosos acuerdos destinados a impulsar el comercio, la ciencia, la tecnología y la inversión. El Gobierno portugués reconocía entonces que existía una relación política y cultural muy importante, pero que los intercambios económicos estaban muy por debajo de su potencial.
El problema continúa siendo, en buena medida, de escala.
En 2025 Portugal exportó a India unos 295 millones de euros en bienes y servicios y el stock bilateral de inversión extranjera directa era de aproximadamente 357 millones de euros. Sólo 777 empresas portuguesas exportaban a India.
Son cifras que revelan simultáneamente una oportunidad y una debilidad.
Portugal tiene historia, cultura, una comunidad de origen indio significativa, una relación privilegiada con Goa y una posición geográfica atlántica que puede conectarlo con Europa, África y América. Pero carece de la escala empresarial y financiera de las grandes economías europeas.
Por eso la ventaja portuguesa no debería consistir en intentar competir con Alemania, Francia o España en volumen. Debería consistir en competir en nichos, proximidad, flexibilidad, conocimiento cultural y capacidad de conectar India con otros mercados.
Portugal puede ser particularmente atractivo para empresas indias que quieran utilizar el país como plataforma europea, lusófona o atlántica. Esa posibilidad ya fue identificada hace años por las autoridades portuguesas, que señalaron el potencial de Portugal como puerta de entrada de inversión india hacia Europa, América Latina y África.
La conclusión es clara: la historia portuguesa con India puede ser una ventaja extraordinaria, pero sólo si se transforma en relaciones económicas contemporáneas.
De lo contrario, será simplemente historia.
España: más escala, menos historia
España se encuentra en una posición diferente.
No posee la relación histórica específica de Portugal con India, pero dispone de algo que Portugal difícilmente puede igualar: una economía mayor, empresas internacionalizadas, capacidad financiera, grandes grupos multinacionales y una presencia empresarial mucho más significativa.
Las cifras son reveladoras. En 2025 España exportó a India aproximadamente 2.965 millones de euros en bienes y servicios, diez veces más que Portugal. El stock de inversión directa española en India alcanzaba unos 2.842 millones de euros en 2024, frente a los 357 millones portugueses. España cuenta además con unas 5.644 empresas exportadoras a India, frente a 777 portuguesas.

La diferencia no es menor. Significa que España parte de una posición empresarial mucho más sólida para aprovechar la apertura del mercado indio.
Sectores como maquinaria, aeronáutica, productos químicos, infraestructuras, energía, automoción, telecomunicaciones, servicios empresariales, turismo y tecnología ofrecen importantes posibilidades. Sólo en 2025 España exportó 842 millones de euros en servicios a India.
Además, España está intentando construir una relación política y cultural más profunda. 2026 ha sido declarado Año Dual España-India, coincidiendo con el 70.º aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países, con una agenda centrada especialmente en cultura, turismo e inteligencia artificial.
España tiene, por tanto, una ventaja que Portugal no posee: escala.
Pero también tiene una limitación. Carece de la profundidad histórica y cultural específica que Portugal puede movilizar en determinadas regiones de India, especialmente Goa.
Y existe otra cuestión: España tendrá que competir con las grandes potencias europeas por la atención de India. Alemania aporta industria; Francia, defensa y capacidad estratégica; Italia, manufactura y diseño; Países Bajos, logística y comercio; el Reino Unido, a pesar de estar fuera de la UE, posee una extraordinaria relación histórica, financiera y educativa con India.
España deberá, por tanto, definir una propuesta propia.
Portugal y España: dos modelos ibéricos para India
Desde una perspectiva ibérica, quizá la cuestión más interesante sea que Portugal y España no tienen necesariamente que competir por India.
Pueden complementarse.
Portugal dispone de la historia, Goa, la lengua portuguesa, conexiones con África y Brasil y una posición atlántica. España aporta escala industrial, grandes empresas, infraestructuras, capital y una capacidad de internacionalización mucho mayor.
Portugal puede ser puerta de entrada de India hacia los países lusófonos. España puede ser una plataforma industrial y empresarial hacia el mercado europeo e hispanoamericano.
La Península Ibérica podría, de esta manera, convertirse en una plataforma india hacia Europa, África y América Latina.
Pero para ello sería necesario superar una cierta fragmentación ibérica y pensar estratégicamente. No tendría sentido que Portugal y España se limitaran a disputar inversiones indias que, en realidad, podrían beneficiar a ambos.
La verdadera oportunidad estaría en construir un corredor económico ibérico-indio, aprovechando puertos, logística, energía, turismo, tecnología, servicios empresariales, industria y conexiones con América Latina y África.
La geografía vuelve a adquirir importancia.
El acuerdo europeo cambia las reglas del juego
El nuevo acuerdo UE-India aumenta todavía más esta posibilidad.
La liberalización será especialmente relevante para sectores europeos como maquinaria, productos químicos, farmacéuticos, dispositivos médicos, automoción, aeronáutica y agroalimentación. Para India, sectores como textiles, calzado, productos farmacéuticos y químicos obtendrán también mejores condiciones de acceso al mercado europeo.
Para los países ibéricos, el potencial es significativo.
España ya dispone de una base empresarial diez veces superior a la portuguesa en términos de exportadores y de una inversión mucho mayor. Portugal, sin embargo, puede tener una ventaja cualitativa derivada de su relación histórica, de Goa y de la comunidad indo-portuguesa.
La cuestión será quién sepa transformar mejor esas ventajas en presencia empresarial.
Una oportunidad particularmente importante para Portugal
Portugal debería evitar el error de pensar que su relación histórica con India le garantiza una ventaja automática.
No la garantiza.
Pero sí le ofrece algo extremadamente valioso: un punto de partida que otros países europeos no tienen.
Portugal debería utilizarlo para promover una estrategia específica orientada a atraer inversión india, incrementar las exportaciones, desarrollar alianzas empresariales y posicionarse como plataforma para los mercados de lengua portuguesa.
El acuerdo europeo abre oportunidades en sectores como maquinaria, energía, infraestructuras, tecnología, servicios, agroalimentación y turismo. En 2025, las exportaciones portuguesas de bienes a India fueron todavía relativamente modestas y las exportaciones agroalimentarias apenas alcanzaron unos 3 millones de euros, en buena medida debido a los elevados aranceles indios. El nuevo acuerdo puede cambiar sustancialmente este escenario.
Para Portugal, además, existe una dimensión que no debería ser ignorada: la movilidad de personas.
Portugal y India firmaron un acuerdo para facilitar la migración laboral legal y segura de ciudadanos indios hacia Portugal.
La comunidad india en Portugal puede convertirse progresivamente en un activo económico, cultural y empresarial. Las diásporas no son únicamente fenómenos migratorios: pueden convertirse en infraestructuras humanas de internacionalización.
España tiene escala; Portugal tiene una historia que puede convertirse en capital
La comparación entre ambos países permite llegar a una conclusión interesante.
España tiene más empresas, más capital, más inversión y una capacidad mucho mayor para abordar proyectos de gran escala. Portugal tiene una relación histórica singular, una proximidad cultural específica y una capacidad potencial para conectar India con el mundo lusófono.
España tiene más músculo.
Portugal tiene más memoria.
Pero en la economía internacional contemporánea, ni el músculo ni la memoria son suficientes por separado.
España necesita convertir su escala en una estrategia india de largo plazo. Portugal necesita convertir su historia en negocios.
Una oportunidad para Europa y una prueba para India
El acuerdo comercial entre Europa e India no elimina las diferencias entre ambos mercados. India seguirá protegiendo sectores sensibles, mantendrá mecanismos de salvaguardia y continuará siendo un mercado complejo. Europa, por su parte, seguirá defendiendo sus estándares regulatorios, ambientales, laborales y de propiedad intelectual.
Pero precisamente por eso el acuerdo tiene importancia estratégica.
India necesita socios que aporten tecnología, capital y acceso a mercados sin cuestionar su autonomía. Europa necesita una gran economía dinámica que contribuya a diversificar sus relaciones exteriores y sus cadenas de suministro.
Existe una complementariedad evidente.
India, uno de los centros de gravedad del siglo XXI
India tiene ante sí una especie de paradoja histórica. Necesita acelerar su crecimiento precisamente cuando su tamaño empieza a convertirla en una potencia global.
Debe industrializarse sin destruir el medio ambiente, crear empleo sin perder productividad, atraer inversión extranjera sin perder autonomía estratégica, modernizar su agricultura,
educar a cientos de millones de jóvenes, construir infraestructuras a una escala continental y mantener simultáneamente la cohesión de una sociedad extraordinariamente diversa.
Debe hacerlo, además, en un mundo mucho menos estable que el de las décadas anteriores.
La fragmentación geopolítica, la guerra comercial, la rivalidad Estados Unidos-China, las tensiones en Oriente Medio, la inseguridad energética, la transformación tecnológica y la reorganización de las cadenas de suministro pueden perjudicar a India. Pero también pueden beneficiarla.
Las empresas occidentales buscan diversificación. Las grandes potencias buscan socios alternativos. Europa necesita reducir dependencias. Estados Unidos quiere reforzar el equilibrio en el Indo-Pacífico. Japón y Corea buscan nuevos espacios industriales.
India está situada en el centro de todas esas dinámicas.
Su emergencia será probablemente menos espectacular que la china, pero puede terminar siendo más profunda de lo que hoy imaginamos.
La gran incógnita es si conseguirá convertir su enorme potencial en productividad.
Si lo consigue, la India de 2040 o 2050 será difícilmente reconocible desde la India de comienzos de siglo. No será sólo una gran economía asiática. Será uno de los centros de gravedad del sistema internacional.
Y Europa haría bien en comprenderlo cuanto antes.
Para Portugal y España, la oportunidad es particularmente clara, aunque diferente para cada uno.
España llega a India con más escala. Portugal llega con más historia.
El primero debe convertir su capacidad empresarial en influencia económica. El segundo debe convertir su memoria histórica en una ventaja competitiva contemporánea.
Porque la historia puede abrir puertas, pero son las empresas las que las atraviesan.
Y quizá esa sea la cuestión verdaderamente importante: no si India llegará a ser una superpotencia, sino qué tipo de superpotencia decidirá ser y qué lugar ocuparán Europa, España y Portugal en ese nuevo equilibrio mundial.