Mas se humilla pero ni así logra el apoyo de la CUP

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El Govern no se amedrenta por el Constitucional e insiste en que incumplirá la ley

Neus Munté, ex consellera de Benestar i Família.

en Barcelona, 11 de noviembre de 2015 (20:54 CET)

De poco ha servido que Artur Mas se humillase para conseguir in extremis el apoyo de la CUP. El presidente de la Generalitat se ha ofrecido a vaciar su cargo de competencias. Pero ni por esas. Los antisistema no dan su brazo a torcer e insisten en que no votarán a Mas en la segunda sesión de investidura prevista para este jueves.

La oferta de Mas consiste en crear un gobierno coral, tal y como propuso la CUP al iniciar las negociaciones tras las elecciones del 27 de septiembre. Así, Mas sería el presidente, pero repartiría sus competencias entre tres vicepresidencias fuertes: una económica a cargo del líder de ERC, Oriol Junqueras; otra de relaciones internacionales capitaneada por el ex ecosocialista Raül Romeva y una tercera de carácter social, que dirigiría la convergente Neus Munté.   

Reunión sin acuerdo

Mas oficializará esta nueva oferta en su segundo discurso de investidura de este jueves. Pero todo apunta a que no le servirá de nada. El miércoles por la tarde se celebró en el Palau de la Generalitat una reunión entre los miembros de la CUP Anna Gabriel, Benet Salellas y Antonio Baños y los de Junts pel sí encabezados por el propio Mas, el número dos de su partido, Josep Rull y los dirigentes de ERC Oriol Junqueras y Marta Rovira.   

En el encuentro, Mas expuso su nuevo y humillante plan, pero los cuperos los encontraron "insuficiente". Insisten en que volverán a dar calabazas al president en la sesión del jueves. Mas necesita los votos de al menos dos diputados de la CUP y la abstención de los otros ocho para ser reelegido presidente de la Generalitat. Pero tal y como están las cosas, lo más probable es que el jueves abandone otra vez el Parlament con el rabo entre las piernas.

Elecciones generales

Aún tiene tiempo para negociar, porque la ley le permite mantenerse en funciones hasta el 9 de enero. En ese periodo se celebrarán las elecciones españolas, previstas para el 20 de diciembre. Fuentes convergentes explican que Mas quiere agotar el plazo, pues así podrá ver cómo le va a su partido en las generales. No obstante, el entorno mediático del president empieza a pedir que corte toda relación con la intransigente CUP y convoque nuevas elecciones en Cataluña.

En paralelo, el Gobierno central se reunió el miércoles por la mañana y recurrió ante el Tribunal Constitucional la resolución del Parlament aprobada el pasado lunes para declarar la república catalana. Por la tarde, los jueces lo admitieron a trámite y declararon la suspensión de la resolución. Notificarán sus decisiones uno por uno a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, a los miembros de la Mesa; al secretario general de la Cámara, Pere Sol; al president Mas y a todos los consellers en funciones.

Mandato del Parlament soberano

Pero ni esa suspensión ni esas notificaciones han amedrentado a los afectados. La vicepresidenta del Govern, Neus Munté, negó que los independentistas pongan en peligro la democracia, como sostiene Rajoy. Para Munté, lo que está haciendo el Parlament "defender la democracia". La vicepresidenta insistió en que los diputados de Junts pel sí y el Govern en funciones harán caso omiso del mandato del Constitucional y desarrollarán la polémica resolución.

Ese desarrollo implica redactar e impulsar tres propuestas de ley en el plazo de un mes. Se trata del embrión de la nueva constitución catalana, de la regulación de la Seguridad Social de Cataluña y de la norma que regule su Hacienda pública. "Seguiremos adelante con esas leyes porque es un mandato del Parlament soberano", dijo Munté a quien no parecen asustar las amenazas de multas e inhabilitaciones que llegan desde el Estado.      

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