Rajoy se erige como el antídoto que ha evitado el rescate

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ESTADO DE LA NACIÓN

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy - EFE/A. Ballesteros

20 de febrero de 2013 (22:26 CET)

El primer año de gobierno de Mariano Rajoy. Pocos logros tangibles. La situación económica ha empeorado. Hay casi seis millones de parados, pero España no ha sido rescatada. O lo ha sido, pero no formalmente, con el estigma que ello supone.

El Presidente del Gobierno se presentó este miércoles en el Congreso como el antídoto que ha evitado ese supuesto desastre. Y nadie podrá decir que miente. Porque Rajoy ha aguantado durante este año toda la presión, por parte de patronales, exdirigentes del PP, empresarios de todo el territorio español y dirigentes políticos, que consideraban que el rescate era necesario.

El peligro se ha alejado, por el momento, y los próximos meses demostrarán si Rajoy estaba en lo cierto. Pero un ex miembro de los gobiernos de José María Aznar, que conoce bien a Rajoy, y al que le criticaba que no hubiera solicitado el rescate al Mecanismo Europeo de Estabilidad, le da ahora la razón. “Ha hecho bien, ha aguantado bien”, asegura.

Financiación de los partidos


Esa fue su gran baza en el debate sobre el estado de la nación, con el lamento de que no se puede comprobar todavía ninguna mejora. “Lo más ingrato para los españoles es que no palpan los resultados”, aseguró.

Llegó Rajoy al debate con el lastre de la corrupción y el caso Bárcenas a sus espaldas. Todo ese bloque, que ha resultado un volcán en erupción, poniendo en cuestión que España pueda ser viable institucionalmente, lo resolvió Rajoy con el anuncio de un paquete de medidas aparentemente contundentes. Una de ellas hace referencia a la necesidad de que los contables de los partidos políticos den cuenta de todos los números en el Congreso, y no únicamente ante el Tribunal de Cuentas.

Ganar credibilidad


Pero Rajoy, al que le cuesta conectar con las percepciones sociales que ven en la crisis un auténtico drama personal, quiso centrarse en la situación financiera de España. Lo hizo asegurando que “lo peor ya ha pasado”, y que, tras un año trabajando únicamente en evitar la quiebra del país, podía exhibir una reducción del déficit en 2012 que no superará el 7%.

Para el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, el dato oculta, precisamente, la situación social, y se concentró en el paro, en la situación de la educación y de la sanidad. Pero Rajoy siguió en sus trece, reclamando que lo único prioritario era estabilizar financieramente España.

Los expertos le dan la razón. Daniel Pingarrón, estratega de mercados en IG, deja claro que “no existen muchos precedentes de un ajuste fiscal similar en un sólo año, del 9,4% a un porcentaje en la frontera del 7%”. Distintos estudios, según Pingarrón, indican que sin las medidas de ajuste, “la inercia del desequilibrio entre ingresos y gastos de años anteriores, hubiera proyectado el déficit por encima del 11%”.

El esfuerzo es importante para “acelerar la recuperación de la confianza y credibilidad perdida, y supone un cierto anclaje para la cotización de la deuda”. Es decir, sin todo esto, cualquier otra decisión de política económica sería inútil. Es lo que remachó una y otra vez Rajoy.

Descenso en los salarios


Pero el precio es alto. En destacar esa circunstancia se encargó Rubalcaba, y el líder de IU, Cayo Lara. El drama social angustia, porque el paro no tiene visos, todavía, de descender. Y los salarios siguen una escalada descendente, que impedirán una reactivación de la demanda interna. Es la tan temida devaluación interna, porque la devaluación de la moneda, el recurso histórico, es imposible. Estamos en la zona euro.

Para situar en su contexto el mensaje que pretendía defender Rajoy en el Congreso, hay que destacar un estudio de Goldman Sachs, que cita estos días Hans-Werner Sinn, miembro del consejo asesor del ministro de economía alemán, Philipp Rösler. Según ese estudio, Francia, un país con un tejido empresarial superior al del España, tendría que depreciarse un 20% en relación con la media de la zona euro, y un 35% respecto a Alemania para poder equilibrar su deuda exterior. España está, justamente, en ese proceso, aunque el sector exportador, y la caída de las importaciones, le ha permitido reducir el déficit exterior.

Mensaje a Artur Mas

Hubo algo más. Cruce de acusaciones. Reproches. Rajoy se limitó, sin embargo, a señalar que España está en el buen camino. “Tenemos la cabeza fuera del agua”, aseguró. Cayo Lara le reclamó que presione para que el BCE tenga otro papel, y se deje de lado la obsesión por reducir el déficit. Pero nadie se movió de su sitio.

Otra cosa fue el debate entre Rajoy y el líder de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran Lleida. El presidente del Gobierno se movió con más entereza, dispuesto a dialogar, pero a dejar claro que no permitirá que se juegue con la Constitución. “No es bueno negar a los catalanes el derecho a ser españoles y europeos”, aseguró, en un claro mensaje al President Artur Mas y a su proyecto soberanista.

Mayor margen para pagar a los parados


Duran insistió en un tema fundamental para la Generalitat. La necesidad de que el Gobierno, si logra una mayor flexibilidad del déficit para 2013 por parte de la Comisión Europea –ahora está fijado en el 4,5%, pero podría dejarse en el 6%-- lo reparta con las comunidades autónomas.

Y Rajoy se mostró más contundente de lo que en él es habitual. Afirmó que la Administración General del Estado necesita un mayor margen, sin poder fijar un porcentaje preciso, para atender a imponderables: el seguro del desempleo; los intereses de la deuda; las partidas para atender a la financiación de las autonomías; las pensiones de la Seguridad Social, y los compromisos que se adquieran en el seno de la Unión Europea.

Es decir, Rajoy le espetó, sin brusquedades, eso sí, que el Gobierno necesita un buen colchón para pagar a los posibles nuevos parados. También a los parados catalanes.
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