Caixabank culmina la opa sobre BPI

Con la aceptación de la oferta, Caixabank pasa página a uno de sus grandes dolores de cabeza, pero le queda un trabajo duro por delante

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Este martes por la tarde terminó el plazo de adhesión a la oferta pública de adquisición (opa) de Caixabank sobre el portugués BPI. Todavía no se conoce el grado de adhesión a la opa, pero el precio, por encima de la cotización del BPI en las últimas semanas, y lo cerca que estaba el banco español del 51% –tenía ya el 45,5%–, hacen presagiar el éxito de la operación.  

Sin ir más lejos, uno de los accionistas de referencia, el grupo Violas, anunció que ha acudido a la opa y ha vendido la mayoría de su participación del 2,681%. Con que algún otro accionista importante haya hecho lo mismo, el éxito estaría asegurado. Y eso sin contar con los minoritarios.  

Si triunfa la opa, independientemente del porcentaje al que llegue Caixabank –entre el 51% y el 100%–, el banco presidido por Jordi Gual habrá podido pasar página a uno de sus grandes dolores de cabeza en los últimos años. Desde que en 2015 intentara por primera vez presentar una opa por el BPI, ha estado enfrascado en una batalla con algunos de sus accionistas, especialmente Isabel Dos Santos, para tomar el control y resolver sus problemas.  

Pasada esta página, ahora es cuando empieza el verdadero trabajo para Gonzalo Gortázar, consejero delegado de Caixabank, y su equipo: tomar el control de la gestión, acometer los recortes anunciados, terminar de resolver el problema de Angola y ganar posiciones en Portugal.

Los retos que plantea BPI

Caixabank compra un BPI más pequeño: el año pasado cerró 52 oficinas en Portugal, las mismas que en 2015, y este enero cerró siete sucursales en Francia, de donde prácticamente se ha ido. Ha dejado solo una oficina en París y otra en Lyon.  

Esta reducción es solo el principio. En el folleto de su oferta, el banco español cifraba en 84 millones de euros anuales el ahorro potencial en BPI. Este ahorro no vendría por cierre de oficinas, que considera que ya está hecho, sino por la reducción de costes de personal y otros costes generales.
 
En concreto, Caixabank prevé reducir en 45 millones de euros (un 15%) los gastos de personal de BPI, lo que equivaldría a la salida de 900 empleados del banco portugués. La entidad precisó que, de producirse, se primarán medidas voluntarias, como bajas incentivadas y prejubilaciones. Además, el banco mejorará procesos y operativa para ahorrar 39 millones más al año.  

Con el cierre en Francia y la reducción de costes, todavía quedará un desafío: Angola. BPI resolvió su problema de exposición en este país al vender un 2% de BFA, del que era máximo accionista. Con esta operación, bajó del 50% y perdió la mayoría, con lo que dejó de consolidar sus resultados.  

Así resolvió el problema que BFA generaba en sus cuentas. No obstante, el Banco Central Europeo (BCE) recomendó al BPI rebajar todavía más su participación en el banco angoleño. Caixabank ha evitado por ahora adelantar qué van a hacer –todavía no había terminado la opa–, pero en su presentación de resultados de 2016, Gortázar dio a entender que seguirían las recomendaciones del BCE.
 
El consejero delegado del banco tampoco aclaró qué pasará con el actual equipo directivo de BPI. Gortázar quiso dejar claro que tienen confianza en Fernando Ulrich, presidente del banco portugués, y su equipo, pero no se mojó respecto a su futuro: «Llevamos 20 años allí y hemos visto lo que han sido capaces de hacer en un entorno muy difícil».  

El trabajo que Caixabank tiene por delante es «ilusionante», según su primer ejecutivo. La compra les permitirá lograr unas sinergias de 120 millones en tres años y un volumen conjunto de activos de 380.000 millones de euros, siendo el primer banco de la Península Ibérica.

Xavier Alegret

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