Sacyr, contra las cuerdas en el AVE portugués de 2.038 millones: Mota-Engil solicita dejar fuera su oferta
El consorcio liderado por Sacyr defiende que su propuesta cumple íntegramente el pliego tras las alegaciones de su rival
El presidente de Sacyr, Manuel Manrique.
El consorcio encabezado por Sacyr, favorito hasta ahora para adjudicarse el segundo tramo de la futura línea de alta velocidad entre Lisboa y Oporto gracias a una oferta de 2.038 millones de euros, afronta un serio contratiempo después de que el grupo rival, liderado por Mota-Engil, haya solicitado formalmente la exclusión de su propuesta por supuestos incumplimientos del pliego de condiciones.
La disputa afecta al tramo Oiã-Soure, una infraestructura estratégica dentro del corredor ferroviario portugués que conectará las dos principales ciudades del país y que constituye uno de los mayores proyectos de obra pública de la última década.
Tras la presentación de las ofertas el pasado julio, el consorcio formado por Sacyr, la portuguesa DST y Alberto Couto Alves (ACA) se situó en cabeza al presentar una propuesta aproximadamente 260 millones de euros inferior a la del consorcio Lusolav, liderado por Mota-Engil. Dado que el precio representa el 80% de la valoración del concurso, la oferta hispano-portuguesa partía con una ventaja significativa.
Según la documentación analizada por Lusolav, la propuesta presentada por Sacyr incumpliría una de las condiciones económicas esenciales del concurso al superar en 186 millones de euros el límite máximo establecido para las actuaciones correspondientes a la zona de Coimbra que, una vez ejecutadas, pasan directamente a ser propiedad del Estado portugués.

El pliego establece que rebasar ese importe constituye un motivo de exclusión automática.
El argumento de Mota-Engil se basa en el análisis de los precios unitarios incluidos en la oferta del consorcio liderado por la constructora española.
Según sostiene, el coste real de esa parte de la obra ascendería hasta unos 381 millones de euros, una vez descontados los fondos europeos destinados específicamente a esas actuaciones, cuando el límite fijado en el concurso es de 195 millones.
Esa diferencia, según la interpretación del consorcio portugués, supone un incumplimiento directo de las condiciones económicas del contrato.
Lusolav también cuestiona el plan de mantenimiento presentado por su competidor, al considerar que la oferta no desarrolla adecuadamente esa parte del proyecto pese a presupuestar unos costes muy inferiores a los contemplados por su propia propuesta.
Asimismo, sostiene que el consorcio de Sacyr habría empleado criterios técnicos distintos de los exigidos por Infraestruturas de Portugal para el dimensionamiento de puentes y viaductos, además de prever menores movimientos de tierras y un número inferior de estructuras, lo que explicaría una parte importante de la diferencia económica entre ambas ofertas.
Desde el lado español, la respuesta no se ha hecho esperar. El consorcio formado por Sacyr, DST y ACA ha rechazado entrar en una guerra técnica con su competidor y ha respondido con un mensaje de tranquilidad.
«No queremos que nuestro competidor sea excluido. Simplemente queremos ganar el concurso», señalaron fuentes oficiales del grupo al diario portugués Jornal de Negócios.
En el mismo mensaje añadieron que «unas veces se gana y otras se pierde» y recomendaron a la competencia «saber perder», insistiendo en que será el jurado quien determine finalmente la conformidad de ambas propuestas.
El procedimiento entra ahora en una fase especialmente delicada. Corresponde al jurado del concurso revisar la documentación técnica y económica presentada por los dos licitadores y determinar si alguna de las ofertas incumple las condiciones establecidas.
Solo en caso de que ambas sean consideradas válidas se procederá a aplicar los criterios de adjudicación, donde el precio mantiene un peso claramente dominante frente a la calidad técnica, que representa el 20% restante de la puntuación.

El proyecto del tramo Oiã-Soure constituye la segunda asociación público-privada del ambicioso programa portugués para implantar la alta velocidad entre Lisboa y Oporto.
La actuación contempla alrededor de 60 kilómetros de nueva línea, conexiones con la red ferroviaria convencional, numerosos puentes y viaductos y una profunda remodelación de la estación de Coimbra, una de las intervenciones urbanas más complejas del proyecto.
Además de la construcción, el contrato incorpora la conservación y explotación de la infraestructura durante varias décadas, lo que eleva considerablemente su valor económico.
Para Sacyr, el desenlace trasciende este contrato concreto. Portugal se ha convertido en uno de los mercados prioritarios para las grandes constructoras españolas gracias al impulso inversor en ferrocarriles, carreteras y concesiones financiado parcialmente con fondos europeos.
La adjudicación de este tramo reforzaría la posición del grupo presidido por Manuel Manrique en un mercado donde mantiene una presencia creciente y donde aspira a convertirse en uno de los principales contratistas de las futuras fases de la red de alta velocidad.
Una exclusión de Sacyr haría repetir el concurso
El precedente más inmediato no favorece precisamente a Mota-Engil. El primer concurso para este mismo tramo acabó siendo anulado tras detectarse desviaciones respecto al pliego en la propuesta inicialmente ganadora, lo que obligó a repetir íntegramente la licitación.
Esa experiencia explica el elevado nivel de escrutinio que ahora están aplicando tanto los competidores como el propio jurado antes de emitir el informe preliminar, previsto para finales de agosto o principios de septiembre.
Hasta entonces, la ventaja económica que situó a Sacyr como favorita permanece en suspenso. La batalla por uno de los mayores contratos ferroviarios de la península ya no depende únicamente del precio, sino de la interpretación de un pliego que puede decidir si la oferta más barata continúa en carrera o queda definitivamente fuera de la competición.