Las diferencias entre José Sevilla y el Consejo fuerzan su dimisión como presidente de Unicaja
La entidad bancaria activa su plan de relevo institucional tras cerrar el semestre con 361 millones de beneficio y reestructurar varias áreas directivas
El presidente de Unicaja, José Sevilla, durante una presentación de resultados. A. Pérez Meca / Europa Press
José Sevilla ha comunicado al consejo de administración que abandona la presidencia de Unicaja, pero que agotará su mandato y no optará a la reelección, por lo que cesará oficialmente tras la próxima junta general ordinaria de accionistas.
La compañía no ha dado más detalles oficiales sobre los motivos de este paso atrás; simplemente, fuentes internas han ahondado en que el directivo se queda hasta abril y que este calendario supone lo que han denominado «una sucesión ordenada».
Sin embargo, la decisión cristaliza un profundo choque de cultura y de caracteres entre el banquero y el núcleo duro de la entidad, dominado por la Fundación Unicaja. Sevilla asumió en la entidad andaluza una presidencia con la etiqueta de ‘no ejecutiva’, un traje institucional que le restaba capacidad de maniobra a pesar de que su perfil directivo y su trayectoria invitaban a pensar que podía hacer mucho más en la gestión operativa.
En la práctica, ni el presidente madrileño se sentía cómodo con esta limitación operativa que lo apartaba del terreno, ni el Consejo de Administración terminaba de encajar con su forma de actuar y de entender el negocio financiero.
El recorrido profesional del actual presidente explica esta divergencia estratégica. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF), Sevilla forjó su carrera en la banca de inversión.
Sus inicios profesionales se desarrollaron en Merrill Lynch y en la firma FG Inversiones Bursátiles, desde donde dio el salto a las entidades comerciales internacionales.
En el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), el directivo ocupó diversos puestos de responsabilidad que consolidaron su visión global del negocio financiero. Ejerció como director general de riesgos y formó parte del comité de dirección del banco, además de sentarse en el consejo de administración de BBVA Bancomer en México.
No obstante, su etapa más definitoria en el sector español comenzó en el año 2012, cuando se incorporó al equipo gestor de Bankia en plena etapa del rescate público. Como número dos de la entidad, junto a José Ignacio Goirigolzarri (primero como director general de presidencia y consejero ejecutivo, y desde 2014 como consejero delegado), pilotó su reestructuración hasta culminar la fusión con CaixaBank en el ejercicio 2021.
Tras su paso como consejero en Renta 4 Banco, Sevilla asumió la presidencia de Unicaja en sustitución de Manuel Azuaga para cerrar la etapa de integración con Liberbank.
Plena negociación con WiZink
El gran asunto estratégico que queda en el aire es la negociación para la adquisición de WiZink, donde el banco andaluz busca la vía rápida para irrumpir en el crédito al consumo.
Aunque informantes cercanos a la operación aseguran que las negociaciones siguen su curso, otras fuentes del mercado desconfían abiertamente de que el acuerdo llegue a buen puerto.
El proceso se considera «problemático» debido a la dificultad de encajar el elevado riesgo de morosidad de la firma digital controlada por el fondo Värde Partners, que roza el 6,7%, y de digerir la alta litigiosidad vinculada a sus tarjetas revolving.
Todo este puzle corporativo, agitado además por la reciente salida del consejero delegado de WiZink, Iheb Nafaa, recaerá íntegramente sobre la nueva presidencia.
Unicaja avanza en su plan estratégico
A pesar de este desenlace institucional, el banquero dejará a su marcha en abril un balance contable saneado y una inercia operativa positiva. Durante estos años, el mandato de Sevilla y del consejero delegado, Isidro Rubiales, ha servido para encarrilar los objetivos del plan estratégico.
Sin ir más lejos, Unicaja ha cerrado el último semestre con un beneficio neto de 361 millones de euros, lo que representa un incremento interanual del 7,1%. Esta solvencia ha permitido a la entidad consolidar una política de remuneración al accionista que contempla destinar hasta el 95% de su resultado neto al pago de dividendos.
En paralelo, el plan estratégico de Unicaja 2025-2027 ha avanzado satisfactoriamente. La entidad financiera ha logrado acelerar la limpieza de su balance, reduciendo la tasa de morosidad hasta el 1,8% y consolidando una ratio de capital de máxima calidad CET 1 del 15,8%.
Además, el banco andaluz ha ejecutado ya prácticamente el 75% de las contrataciones previstas en su hoja de ruta, unas incorporaciones centradas fundamentalmente en perfiles tecnológicos y especializados en inteligencia artificial para modernizar su modelo de negocio.