Luis del Rivero, el ‘enfant terrible’ afortunado que no gana ninguna batalla

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BATALLA POR REPSOL

Luis del Rivero, presidente del grupo Sacyr

04 de septiembre de 2011 (22:46 CET)

No es desde luego un personaje al uso en el entramado empresarial español. Luis Del Rivero, conocido por sus enemigos como “ese señor de Murcia”, es el enfant terrible del Ibex 35. Le ha echado un pulso al todopoderoso Francisco González, ha tenido los bemoles de ir por las malas a por una empresa francesa –que como todo el mundo sabe son intocables– y ahora pretende cargarse la carrera en Repsol de un primer espada como Antoni Brufau. En las dos intentonas anteriores ha fracasado, pero sus aventuras no salieron mal de todo.

Se puede decir por lo tanto que Del Rivero es un hombre con suerte. Al menos con la fortuna suficiente como para haber salvado el bigote cuando la situación parecía más desesperada. Tiene suerte y también, claro, habilidad y talento para salir de las encerronas, mantener a raya a los enemigos y manejar con habilidad los hilos del poder.

El acuerdo con Pemex para sindicar la participación con la de Sacyr Vallehermoso y mover la silla de Brufau para influir en la gestión de Repsol obliga a echar la vista atrás y valorar la carrera de gestor de Del Rivero. Dio el salto a las portadas con el desembarco en el capital de BBVA allá por 2004. Fue un alarde con pocos precedentes en la historia empresarial española. Sacyr, con un valor en bolsa de apenas 3.000 millones de euros, aspiraba al control del segundo banco español con el apoyo de Miguel Sebastián, al que Francisco González había enseñado la puerta de salida no mucho antes.

Aprender a jugar con las plusvalías

Como no podía ser de otra manera, la aventura no llegó a buen puerto, pero Del Rivero mató dos pájaros de un tiro: puso a Sacyr Vallehermoso en el candelero y, de paso, metió en el bolsillo de la constructora 148,6 millones de euros en concepto de plusvalías por la venta del paquete de acciones amasado en BBVA. Fue por lo tanto una dulce derrota que animó al empresario murciano a lanzarse al más difícil todavía: tomar el control de la constructora francesa Eiffage por la vía hostil.

Todo el peso del proteccionismo francés cayó sobre Del Rivero, que llegó a controlar el 33% de Eiffage. La gran batalla legal que se libró estuvo a punto de llevarse por delante la compañía española, que quedó a un paso de ser obligada por la autoridad bursátil francesa a lanzar una OPA por el 100% de la francesa a un precio de 127 euros por acción –por 8.000 millones de euros–, lo que hubiera supuesto la quiebra de Sacyr.

La marcha atrás


Finalmente, Del Rivero se sacó un último conejo de la chistera y vendió su participación a 62 euros por títulos, prácticamente el mismo precio que le costó entrar en el capital de quien acabaría por convertirse en su gran pesadilla. Eran ya otros tiempos, la crisis había empezado, hacía dos años que Sacyr había comprado el 20% de Repsol y la deuda para entrar en la petrolera era ya un gran problema.

Tanto que en enero de 2008 Sacyr había pignorado el 21% de su filial inmobiliaria Testa como garantía del préstamo del 20% de Repsol, que pocos meses después sería ofrecido a los gigantes del sector como Total, Pemex, BP, Shell o Petrobras. En ese período se gesta otro de los grandes fracasos de Del Rivero: la salida a bolsa de su filial de infraestructuras Itinere, que fue suspendida en abril de 2008 porque los inversores se negaron a pagar los 3.400 millones que Del Rivero creía que como mínimo valía la compañía. Pocos meses antes la había valorado en 7.000 millones. Ocho meses más tarde Sacyr vendería su filial a Citi por 2.874 millones más 5.013 millones de deuda neta. Otro match ball salvado.

Aviso para navegantes


El historial de Del Rivero demuestra que, en lo que a las operaciones corporativas se refiere, nunca termina lo que empieza y que acaba salvando los muebles con mayor o menor fortuna. Tras un 2010 de profundo saneamiento en el que Sacyr refinanció la deuda de 1.430 millones de euros de ese agujero negro inmobiliario llamado Vallehermoso y consiguió colocar a inversores amigos una ampliación de capital de 400 millones de euros, los problemas vuelven tras la tormenta bursátil del verano.

Los precedentes dicen que en esta reedición de la batalla de Repsol, Del Rivero sólo conseguirá una parte de sus objetivos. Brufau, Gas Natural, el dividendo… Se admiten apuestas.
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