Cuando se apagan los fogones de la cocina...

30 de enero de 2010 (12:00 CET)

Cuando se apaga el fuego, cuando el puchero deja de hervir y el caldo se reposa, aparece en toda su verdad los ingredientes que teníamos. Una buena imagen para las entidades financieras y, si no, miren lo que les ha pasado a la caja de la Iglesia y como ha enseñado sus vergüenzas.

La entidad no tuvo más remedio que confesar a Unicaja, con la que se quiere fusionar, que sufrió el ejercicio económico de 2009 unas pérdidas de 600 millones de euros, según publica Cotizalia. Aunque la confesión no parece tener un tono de mea culpa, puesto que la entidad presidida por el sacerdote Santiago Gómez Sierra afirma que estos malos resultados se deben al “deterioro inmobiliario” y que los números rojos son consecuencia de las provisiones que se han tenido que hacer para cubrir todos los riesgos, tal como recomendó el Banco de España.

Para intentar disimular, los responsables de la entidad echan mano del beneficio recurrente, que según ellos, ha crecido un 30%. En todo caso, como se suele decir, en el pecado llevan la penitencia.

De momento, ya son dos las entidades españolas a las que se ha descubierto su pecado, que no es precisamente venial. La primera fue Caja Castilla la Mancha, a la que, después de ser intervenida, se le descubrieron unas pérdidas de 740 millones de euros en 2008, y ahora Cajasur.

Ahora habrá que ver si los procesos de fusión pueden ampliar la lista de entidades que todavía no se han atrevido a airear sus números rojos, gracias, en parte, a la actitud del Banco de España, que, de momento, parece que no tiene prisa en hacerlas pasar por el confesionario.
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