España 2050 o la fiesta de la ineptocracia

España no puede avanzar si la Estrategia 2050 no contempla la mejora de la calidad de nues-tra política, y la eliminación de la ineptocracia pública. Ante este escenario político, el ciuda-dano debe desarrollar una mentalidad más liberal.

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en una sesión de control al Ejecutivo en el Congreso. EFE/ Emilio Naranjo

Hay que hablar de la estrategia poniendo las cartas sobre la mesa, yo digo desde donde hablo, que es una posición liberal y en contra de cualquier macroestrategia diseñada por cualquier gobierno, ya sea un plan quinquenal de la Unión Soviética o la España 2050. Esta será la primera estrategia con el membrete oficial del Gobierno y que marque las directrices de las futuras políticas públicas de aquí a treinta años, así que debemos reflexionar sobre algunas cuestiones de fondo.

Como diría un gran liberal, Milton Friedman, “¿Cómo podemos evitar que el gobierno que creamos se convierta en un Frankenstein que destruirá la misma libertad que establecemos para protegernos de él?”

Bajo los grandes objetivos y las bonitas palabras vemos que se trata de una iniciativa que debería perdurar con independencia de cuál sea el signo político de los próximos gobiernos, esto significa que de aquí a 2050, aunque no gobierne el partido socialista, la Estrategia de Redondo seguirá en pleno rendimiento. Implica que desde la política se asignan unos objetivos y unos medios (policies y recursos) para crear un ecosistema político y económico a medida del PSOE de forma permanente. En lenguaje de poder, implica que la España socialista son lentejas.

Un gobierno debe ser realista, no optimista

Los académicos devotos de gran gobierno nos dicen que “recuperemos la confianza en el progreso, en nuestro país y en nosotros mismos”. ¡Hay incluso un epílogo titulado “Redescubrir el optimismo”! Pero no hay que ser optimistas, hay que ser realistas.

Esa Dinamarca del sur de la que me hablan necesita una clase política a la altura de los tiempos. España no puede avanzar si la Estrategia 2050 no contempla la mejora de la calidad de nuestra política, es decir, no son sólo las policies, también hay que trabajar en las politics. Cualquier impulso regeneracionista en España siempre se ha dado de bruces contra el mismo muro. Dado que es un encargo del gobierno, la Estrategia no señala el elefante de la habitación.

Y el elefante es importante. La “España que hacemos” arrastra una serie de lacras que, de no eliminarse, harán de todo impulso modernizador una fiesta de la ineptocracia. La ineptocracia de la política es “la grasa del sistema clientelar”; porque existe un despilfarro de fondos para financiar las ineficiencias del sistema.

“Desde la política se asignan objetivos y medios para crear un ecosistema político y económico a medida del PSOE de forma permanente. En lenguaje de poder, implica que la España socialista son lentejas”

En un clima de clientelismo se pierde eficacia, sin coste político alguno, ya que la permanencia en el puesto está desligada del mayor o menor éxito de la gestión que se realice. Una política a la altura de los tiempos es la gran ausencia de la estrategia. Puede que haya algunos talentos en nuestra política, menos el talento de usarlos para reformar sus ineficiencias.

Los resultados de varios estudios de Hay Derecho y otros organismos demuestran una cultura de la administración pública que es un mercadeo y de un sistema profundamente clientelar, a repartir entre la clientela de los principales partidos, empresas e instituciones. Una curiosa forma de entender la responsabilidad que va unida a un cargo público, pagada, eso sí, con dinero público. El baile de directivos y altos cargos públicos es una fiesta de grandes asignaciones de recursos y relaciones de confianza que se saldan con el desprestigio de las instituciones.

La ironía feroz de esta cultura política de egos y apariencias, de los juegos de poder y las instituciones politizadas es que es una lacra para la España actual, y la de 2050. En nuestra cultura política, desde la base se reproducen y se repiten patrones de clientelismo. Es la cultura del aplauso, de los actos de propaganda norcoreana. Son los círculos de una política donde prima el clientelismo y donde se asciende y se escalan posiciones a base de charming.

La necesidad de una sociedad libre, organizada y liberal

Con este ambiente político, el ciudadano debe desarrollar una mentalidad más liberal. Entender que el poder del gobierno debe ser dispersado, minimizado y no debe mangonear la economía y las instituciones. La libertad es una planta rara y delicada. La democracia liberal proporciona las herramientas para preservar la libertad ciudadana.

Las policies en democracia no están por encima del voto ciudadano, sino que cada cuatro años se deciden en las urnas, y por ello no deben ser parte de un programa permanente diseñado por un gobierno. Cuando dicen que “España tiene problemas cuando se trata de pensar en términos de Estado y en términos de futuro y la Oficina cubre en parte ambos déficits” están hablando de crear unas estructuras de poder permanentes. El poder no cambia aunque cambie el gobierno.

La preservación de la democracia liberal es la razón protectora para limitar y descentralizar un poder gubernamental elefantístico, pero además hay razones más prácticas, de eficiencia y desarrollo económico. No deberíamos y al mismo tiempo no podemos evitar emplear el gobierno, pero también debemos aprender a poner límites, más cuando somos los trabajadores y clases medias quienes pagamos la ineptocracia del sistema.

Esta estrategia suena a una música conocida, es la del “baile” de directivos y altos cargos públicos en España, que han logrado la eliminación de los contrapoderes de la democracia. El día que hagan una Estrategia para cambiar la cultura política, España podrá salir del hoyo. Pero esa estrategia no vendrá de un gobierno, sino de una sociedad libre y organizada.

Este artículo corresponde al último número de mEDium que puede adquirirse en este enlace