La sonrisa amarga de Laura Borràs

Las cosas se enturbian en su futuro político y se esclarecen para quien quiera liderar un espacio electoral en Cataluña que se encuentra sorprendido, cabreado y desconcertado

No se lo van a creer, pero Cataluña vive el caso Laura Borràs con una tranquilidad pasmosa, desconocida y algo insultante desde el punto de vista independentista, naturalmente, que en este caso es el enfoque que nos interesa.

Laura Borràs está imputada por favorecer varios contratos irregulares como directora del Institució de les Lletres Catalanes (ILC) realizados a su amigo Isaías Herrero por cuantías pequeñas y que sumaron un total de 335.700 euros en cinco años, y un tercero, el empresario Andreu Pujol, que medió en alguno de ellos.

Es un caso de presunta corrupción que fue utilizado por la que llegó a ser presidenta del Parlament (bien, ella y los suyos la siguen considerando) y que fue presentado desde sus comienzos de la instrucción judicial como un ataque del dictatorial y sospechoso Estado, o sea España, en su habitual persecución política al independentismo.

No más de 400 personas junto al Arco del Triunfo. Pocos dirigentes de JxCat. Alguno más de la ANC. Del resto, ausencia.

Los que no están muy puestos en la cuestión igual desconocen que el caso se derivó de otra investigación por drogas donde se investigaba al amigo de Borràs. En una de las escuchas realizadas a este se comprobó que los actos irregulares del susodicho no eran solamente contra la salud pública, sino también contra la caja pública.

Hasta aquí el contexto. La actualidad del último viernes pasaba por las puertas del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. La historia del ‘procés’ ha dado en esa misma escalinata grandes momentos. En muchas ocasiones se han reunido miles de personas en un aquelarre político típico de acompañamiento a aquel que el colectivo, el grupo, el partido político, ¡vamos!, consideraba que tenía que estar apoyado de forma pública.

Todo se convertía en un excelente espectáculo mediático con vítores, abrazos, sonrisas, más abrazos y emoción épica que tan resultón queda en televisión. Lo ha hecho el PP, el PSOE, los nacionalismos vascos y catalán y, por supuesto, el independentismo casero. El nuestro, el de por aquí.

Solo queda por clarificar quien liderará la futura derecha independentista catalana

Pero no fue así. No más de 400 personas junto al Arco del Triunfo. Pocos dirigentes de JxCat. Alguno más de la ANC. Del resto, ausencia. No solo porque ya habían declarado que el caso de Laura Borràs era de corrupción y no de persecución política, sino porque el personaje ya no levanta tantos intereses concordados.

Extirpado de la vida política local Puigdemont y evidenciado el resquemor y desconfianza, por no escribir algo más subido de tono, que en estos momentos se procesan ERC y JxCat, solo queda por clarificar quien liderará la futura derecha independentista catalana. En este cálculo Laura Borràs sobra.

Ni a Jordi Turull, que es el único que le mantiene su apoyo, le interesa. No porque sienta nada negativo contra ella, sino porque en la estrategia de Junts para los próximos meses, tras las elecciones municipales, su figura es prescindible.

El sector más práctico de esta formación, liderado desde un coche por Jaume Giró en sus paseos por todas las comarcas de visita por las agrupaciones de Junts, también considera que Borràs ya no es un activo. Y más con las últimas noticias que llegan de Fiscalía asegurando que será el propio Isaías Herrero quien inculpará a su amiga para evitar ingresar en prisión.

Piden seis años de cárcel, 21 años de inhabilitación y una multa de 146.000 euros para la suspendida presidenta. Las cosas se enturbian en su futuro político y se esclarecen para quien quiera liderar un espacio electoral en Cataluña que se encuentra sorprendido, cabreado y desconcertado. Una “revolta dels sonriures” llena de amargura.

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